Narrativa breve completa

Publicado por el nov 26, 2012

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Uno de ellos se apartó para que yo pudiera entrar. Bebían de una botella de Coca-Cola de dos litros. Yo llevaba un libro en la mano. Seguía lloviendo. ¿Qué lees?, me preguntó uno de ellos, el más alto. Del pelo le caían hilos de agua.

- Narrativa breve completa de Carlos Casares -le enseñé el libro-. Lo acaba de sacar Libros del silencio.

Me miró y se encogió de hombros. Al otro le daba más igual. Tenía cara de lagarto, los ojos hacia dentro.

- Qué puto frío.

- Y que lo digas

Llevaba todo el día haciendo frío, un frío poco habitual aquí, un frío que podía cortarte la respiración. Y luego se abrió el cielo y empezó a caer agua, a cubos, cuando yo acababa de salir de una cafetería, con un editor que me había regalado un libro, hacía un tiempo, y habíamos quedado para volver a hablar, del libro, y se había interesado por mí. Yo andaba algo deprimido, convencido de que no teníamos nada que hacer (en la escritura) porque nada de lo que hiciésemos serviría para nada. Entonces, ¿por qué sigues haciéndolo?, me había preguntado.

- Sólo hay una razón: porque puedo.

 

- ¿Me lo dejas?

El que parecía un lagarto estiró la mano. Me ofrecía la botella a cambio del libro. Cogí la botella y me la llevé a la boca. Hojearon el libro. Sin mucho interés, se pararon en las páginas que yo había marcado. Leyeron lo que había subrayado.

- ¿Tú escribes?

- Sí, ¿por? -contesté.

- A nosotros nos gusta leer.

Pensé que sería mejor volver a la lluvia. Esconder el libro bajo la chaqueta y arriesgarme a buscar otro refugio antes de empaparme por completo.

- ¿Novelas?

El que no tenía cara de lagarto sonrió afirmativamente. El otro dijo “de amor”. Debía haber un chiste interno que no entendí porque ambos rieron. Apreté el libro contra mi pecho y me asomé a la calle. Llovía con tanta intensidad que el agua formaba una cortina delante de mí. No podía ver al otro lado. Sólo, las luces de los coches que se acercaban despacio, con precaución, y los carteles de los autobuses que entraban en la calle desde el paseo marítimo. Habían vuelto a cortar la calle, los habían vuelto a desviar de su ruta. No va a terminar nunca, pensé en voz alta. Cara de lagarto volvió a beber un trago y se limpió con el extremo de la manga de su chaqueta. Esta vez, antes de ofrecerme, preguntó

- ¿Quieres?

Dije que no con la cabeza. Sonreí.

- ¿Te ha gustado?

Empezaba a tener calor. Tenía ganas de salir de aquella situación. Sin embargo, no era la lluvia lo que me detenía. Había algo en su actitud que me obligaba a seguir ahí, a reivindicar que yo también podía estar en ese agujero. A pesar del olor, de sus chaquetas sucias, de sus miradas desnudas, de sus ganas de echarme.

- ¿Te ha gustado?, volvió a preguntar.

Podría haberle escupido a la cara que eso no era lo importante. Pero no me atreví. Le mantuve la mirada y le dije que sí, sobre todo el primer libro y él me miró sin entender. Es toda su narrativa breve completa. Marqué mucho los adjetivos, no tenía ninguna garantía de que fuesen a entender lo que les estaba contando, quizá sólo estaban dándome conversación, quizá me estaban vacilando. Va sobre la violencia. Es la primera vez que lo publican en español. Casares siempre escribía en gallego. El sonido de mi voz me reconfortaba, cogí impulso para continuar. Los textos apócrifos me han gustado menos, muchos chistes de historia que no entiendo.

-¿Es una novela?, preguntó el más alto.

Desistí. Fuera la lluvia había amainado, eso quise creer. Me llevé los dedos corazón e índice a la frente e hice un amago de saludo militar.

- Nos vemos.

Ellos se encogieron de hombros. El del pelo empapado se había sentado en unos escalones que había al fondo y se estaba encendiendo un cigarro. El otro bebía de la botella de dos litros con la mirada perdida contra la cortina de agua, hipnotizado con las luces de los vehículos que se nos acercaban. Salí de allí. Focalicé toda mi atención en cada paso, en cada pisada, seguro de donde tenía que ir el siguiente apoyo, con especial atención al movimiento de los brazos. Pie derecho, brazo izquierdo, pie izquierdo, brazo derecho y otra vez. Llovía como si no fuésemos a tener mañana. Hasta que, súbitamente, igual que había empezado, dejó de hacerlo.

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