Javier Marías

Publicado por el Oct 25, 2012

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Reciente ganador del Premio Nacional de Narrativa con Los enamoramientos (2011), Javier Marías Franco nació en Madrid el 20 de septiembre de 1951. Es hijo del filósofo Julián Marías y la profesora Dolores Franco. Pasó parte de su infancia en Estados Unidos, donde su padre era profesor en el Wellesley College y en Yale. En Madrid estudia en el Colegio Estilo, fundado por Josefina Aldecoa. Además se nutre del ambiente intelectual de la casa familiar a la que acuden numerosos estudiantes y escritores. Según Luis Antonio de Villena, al comentar lo simpático que es en la intimidad frente a su imagen seria, señala cómo «ser hijo de Julián Marías y haber vivido siempre en un clima de pensamiento y altura intelectual –aunque a menudo seguro que quiso huir- le tiene que haber rodeado de modo natural de un halo de trascendencia que la mayoría no ha vivido así. Incluso pudo ser excesivo y hasta disgustar a ratos al muchachito interesado que era. No, Javier no es nada antipático, pero quizá guarda un viejo recuerdo vivo de la trascendencia. De la seriedad de la vida, en la que ciertamente no cree, pero su educación sí»

A los quince años escribe su primera novela, La víspera, que permanece inédita. En 1968 publica su primer cuento, La vida y la muerte de Marcelino Iturriaga, en el diario El Noticiero Universal. Mientras estudia Filosofía y Letras y Filología Inglesa en la Universidad Complutense, traduce guiones sobre Drácula para su tío, el director Jesús Franco, quien le hace debutar como actor haciendo de esbirro chino en una película sobre Fu Manchú. También escribe el guión del corto Gospel (1969) de su primo Ricardo Franco, y le ayuda en el de su largometraje El desastre de Annual (1970).

Con la ayuda de Juan Benet, en 1971 publica la novela Los dominios del lobo, pronto seguida por Travesía del horizonte (1972). Además se dedica a la traducción con títulos como El brazo marchito y otros relatos de Thomas Hardy, De vuelta del mar de Robert Louis Stevenson, El espejo del mar de Joseph Conrad –un trabajo especialmente difícil por la gran cantidad de términos marinos- o La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy de Laurence Sterne, que le reporta en 1979 el Premio Nacional de Traducción. Poco antes aparece su tercera novela, El monarca del tiempo (1978). Dice el autor a propósito de la misma: «Puede decirse que ese libro constituye un nuevo punto de partida en varios aspectos; quizá -visto ahora- es un libro de transición. Para empezar, su estructura, a diferencia de lo que más o menos sucedía en los dos primeros, no era en rigor la de una novela. De hecho yo lo llamo novela porque ese género ha acabado por convertirse en una especie de cajón de sastre que lo acepta y asimila todo y porque, si bien a primera vista no parece una obra unitaria, El monarca del tiempo tiene un núcleo que vincula sus diferentes partes y pretende dotarlas de sentido, aunque no todos sus lectores hayan visto esa ligazón ni tampoco sea demasiado perjudicial para el libro no vérsela. Constaba de cinco capítulos, de los cuales, desde un punto de vista formal, tres eran relatos; uno era un ensayo; el último una pieza dramática en la que las indicaciones de escena acababan por convertirse en descripciones y observaciones sobre los personajes y por ocupar más texto que el mismo diálogo. El núcleo al que he hecho referencia era el ensayo, titulado Fragmento y enigma y espantoso azar. Este capítulo trataba de algunos aspectos de Julio César; pero en realidad la obra de Shakespeare no era sino un excelente pretexto para hablar de la influencia del presente sobre la verdad o sobre lo verdadero, y hacer, asimismo, una serie de consideraciones acerca del extraño carácter y uso del presente de indicativo. La verdad y el presente eran también el tema de los demás capítulos, de los que prefiero decir, aunque incurra en pedantería o en algo aún peor, que, más que ilustraciones o ejemplificaciones, constituían encarnaciones de lo que en el ensayo era sólo verbo. Lo que voy a añadir de inmediato puede, a su vez, sonar a trampa o a conclusión sacada por arte de birlibirloque, pero lo cierto es que al escribir ese libro comprendí o creí comprender que si mis dos primeras novelas habían tratado de algo, más allá de las parodias, los homenajes, las peripecias y la ejercitación, había sido igualmente sobre el tema de la verdad. No se alarmen, por favor: no dela Verdad con mayúscula, sino de la verdad cotidiana, de la verdad que incluso podríamos llamar política, o social, de lo verdadero, de la posibilidad de averiguar hechos y la imposibilidad de saber cosas a ciencia cierta. Sé que todo esto puede resultar terriblemente pretencioso, pero me temo que a mis veintisiete años había cruzado por fin la línea de sombra y alcanzado la madurez y la osadía necesarias para ser intérprete de mí mismo. Pero aún había otro elemento digno de destacarse: este libro era el primero de los míos que no transcurría en un país extranjero, aunque tampoco transcurría en España. En realidad no transcurría en ningún sitio en particular, pero esto, en mi caso, era ya una notable aproximación a mi país. Los personajes, por su parte, más que tales, eran voces. Carecían de auténtica corporeidad, aunque hablaban o contaban o disertaban sin cesar».

En 1983 se traslada a Oxford como profesor de literatura española y teoría de la traducción, con algún viaje a Boston para enseñar en el Wellesley College donde ya habían dado clase tanto su padre como su predilecto Nabokov. Además publica El siglo (1983): «Durante algunos años creí que esta novela, la cuarta que publicaba, era la mejor de cuantas había escrito y que seguiría siéndolo durante bastante tiempo. Debí de ser casi el único en creerlo… Supongo que, en contra de lo que muchos escritores dicen, la vida externa de los libros acaba influyendo en la idea y la estima que sus propios autores tienen respecto a ellos. La de este Siglo fue tan corta y oscura que al cabo del tiempo acabé convenciéndome de que más valía que no fuera ésta mi mejor novela… El siglo es un libro bien raro, con sus capítulos alternados en primera y tercera persona. En la serie impar, el narrador, Casaldáliga, anciano y agonizante desde hace tiempo, inmóvil ante el lago junto al que vive ya retirado de su profesión de juez, rememora su pasado y relata su situación presente, en la que hay más de farsa que de ninguna otra cosa. En la serie par, se va contando la historia de ese mismo personaje hasta sus treinta y nueve años, y debe entenderse que es alguien que nació con el siglo, en 1900. A la búsqueda de un destino “nítido e inconfundible”, intenta primero ser mártir por amor, luego héroe de guerra, para finalmente convertirse en delator. Aunque más que intentar los dos primeros destinos, acaricia la idea de que se lo empuje a ellos, ya que esta es la historia de un abúlico, un cobarde, un pasivo y un indeciso, al menos hasta ese año de 1939 en que por fin empezó a ser activo. Creo que si me interesó este asunto fue en parte por una cuestión familiar… Con esta novela quise, en parte, intentar explicarme de qué modo personas valiosas o meritorias, de las que en principio era difícil esperar vilezas, podían llegar a cometer la mayor de todas sin verse aparentemente conminadas ni forzadas a ello… Hoy ya no escribo del mismo modo, pero creo que los libros quedan falseados si los corrige el autor cuando, como en este caso, lleva unas cuantas obras y bastantes años más sobre sus espaldas. Yo tenía treinta de edad cuando terminé El Siglo…»

Continúa traduciendo en los años ochenta: Ehrengard de Isak Dinesen, El crepúsculo celta de Yeats, Autorretrato en espejo convexo de Ashbery, Religio Medici. Hydriotaphia de Thomas Browne… En 1986 obtiene el Premio Herralde con El hombre sentimental, aunque renunciará al premio al romper con la editorial Anagrama en 1995.

Ente 1987 y 1992 enseña Teoría de la Traducciónen la Universidad Complutense. Publica Todas las almas (1989), que gana el Premio Ciudad de Barcelona. Además recopila sus cuentos esparcidos en revistas, junto a un par de inéditos, en Mientras ellas duermen (1990). También reúne varios de sus artículos en Pasiones pasadas (1991).

Con Corazón tan blanco (1992) alcanza uno de sus mayores éxitos, especialmente en Alemania, y obtendrá el Premio de la Crítica y el Prix L’Oeil et la Lettre al año siguiente. Además publica Vidas escritas (1992), con retratos de varios de sus escritores favoritos. Otras recopilaciones de artículos serán Literatura y fantasma (1993) y Vida del fantasma (1995).

Mañana en la batalla piensa en mí (1994), le proporciona el Premio Fastenrath 1995 de la Real Academia Española y además lo convierte en el primer español ganador del Premio Rómulo Gallegos en Venezuela. También ganará el Premio Femina en Francia a la mejor novela extranjera, convertida en todo un fenómeno editorial en ese país.

Un segundo libro de cuentos, Cuando fui mortal (1996), es seguido por la antología El hombre que no parecía no querer nada (1996), preparada por Elide Pittarello, y los artículos de Mano de sombra (1997) y Miramientos (1997). Más libros de artículos serán  Seré amado cuando falte (1999), Salvajes y sentimentales. Letras de fútbol (2000), A veces un caballero (2001), Harán de mí un criminal (2003), El oficio de oír llover (2005), Donde todo ha sucedido. Al salir del cine (2005), Demasiada nieve alrededor (2007), Aquella mitad de mi tiempo. Al mirar atrás (2008), Lo que no vengo a decir (2009), Los villanos de la nación. Letras de política y sociedad (2010)…

En 1998 publica  Negra espalda del tiempo, de la que escribió Santos Sanz Villanueva que, aunque Marías la considerase una «falsa novela», es más exacto hablar de «falsas memorias o, mejor, de una peculiar construcción narrativa que mezcla experiencias personales y fábula. Hay un riesgo de tomar el libro sólo como un juego ingenioso, pero las apariencias no deben velar su inquietante fondo. Nos hallamos ante un relato autobiográfico (poco llamativo en cuanto al interés de las vivencias relatadas, por mucho que se carguen de un halo fabuloso) que va cobrando un espesor cada vez mayor hasta convertirse en una lúcida reflexión vital». En el libro comparte la noticia de que se ha convertido en Rey de la isla de Redonda tras la abdicación de Jon Wynne-Tyson (Juan II). Eso convierte a Marías en cuarto rey de Redonda, con el nombre de Xavier I. En el año 2000 crea su propia editorial, Reino de Redonda.

Su siguiente novela, Tu rostro mañana, se publica en tres partes. La primera es Fiebre y lanza (2002). Le seguirán Baile y sueño (2004) y Veneno y sombra y adiós (2007). Al aparecer Fiebre y lanza, Javier Marías la comentaba así: «¿Puede saberse cómo es la gente y cómo evolucionará en el futuro? ¿Hasta qué punto podemos fiarnos de nuestros amigos y conocidos y socios, de nuestros amores, de nuestros padres y de nuestros hijos? ¿Cuáles son sus tentaciones y debilidades, o su grado de lealtad y su fortaleza? ¿Cómo saber si fingen o si son sinceros, si interesados o desinteresados en la manifestación de su afecto, si su entusiasmo es verdadero o sólo adulación, calculada lisonja para ganarse nuestro aprecio y nuestra confianza, o para hacérsenos imprescindibles y así persuadirnos de cualquier empresa e influir en nuestras decisiones? Y aún es más: ¿podemos prever qué amigos van a darnos la espalda un día y convertirse en nuestros enemigos? Quiero decir: ¿Imaginar esa posibilidad cuando son todavía los mejores amigos y por ellos pondríamos la mano en el fuego y nos dejaríamos cortar el cuello? ¿Podemos fiarnos de nosotros mismos, de que no seremos nosotros quienes cambiaremos y nos torceremos y traicionaremos, quienes envidiaremos un día a quien hoy más queremos y no podremos soportar su contacto ni su presencia, y decidiremos regirnos sólo por el resentimiento?… “Los individuos llevan sus probabilidades en el interior de sus venas, y sólo es cuestión de tiempo, de tentaciones y de circunstancias que por fin las conduzcan a su cumplimiento”, dice sir Peter Wheeler, uno de los personajes principales del primer volumen Fiebre y lanza, de mi nueva novela Tu rostro mañana».

Para José María Pozuelo Yvancos, los tres volúmenes son un triunfo del “estilo Marías”: «Hay quienes piensan todavía que el estilo es floritura, adjetivación sonora o festín cascabelero. Pero hay otra forma de estilo: el de la arquitectura mental, el que sirve a ella, el que la llena de inflexiones y pausas, para ver cada cosa a contraluz, con sus insidiosos, felices o frustrados flecos conjeturados. Cada cosa que haces y piensas y a menudo haces y piensas al hacerla, la resuelve Marías en un modo peculiar de inteligencia. Podría decirse que el estilo de Javier Marías es la manera de comunicar al lector una arquitectura mental, de invitarle a ver por dentro, como si los rostros que una novela pudiera dar a conocer ofrecieran más cicatrices, más pliegues, más rincones que los comunes. Por fortuna es así en las buenas… El “estilo Marías” tiene algo de hipnótico, porque te lleva donde quiere, y ese sitio resultó tener más posibilidades de las que creías al principio. La raíz de su peculiar estilo es que sirve a la arquitectura de la inteligencia. Y se ha entregado con ella a ofrecer el testimonio necesario de horrores heredados que nos hacen prevenir los rostros del mañana. Obra maestra. Creo que es su obra, y que lo será por mucho tiempo».

Javier Marías tiene muchos otros premios además de los citados, como el Impac International Dublin Literary Award 1997 por Corazón tan blanco, el Mondello-Città di Palermo 1998 por Mañana en la batalla piensa en mí, el Premio de Cultura de la Comunidad de Madrid 1998, el Ennio Flaiano 2000 por El hombre sentimental, el Salambó 2000 por Tu rostro mañana 1. Fiebre y lanza, o el Nelly Sachs 1997, el Grinzane Cavour 2000, el Alberto Moravia 2000 y el José Donoso 2008 por toda su obra. Además fue elegido miembro de la Real Academia Española en 2006.

www.pedrovillora.com

 

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