Alejandría en Auschwitz

Publicado por el Oct 23, 2012

Compartir

El libro en cuestión se llama “La bibliotecaria de Auschwitz” (Planeta, 2012) y es de Antonio G. Iturbe, autor de libros, periodista de libros, devorador de letra impresa como otros tragan sables. “No es que a mí los libros me hayan cambiado la vida, es que directamente me la han dado”, nos cuenta tal cual. Para añadir: “Sin los libros mi vida habría sido muy sosita y muy poquita cosa, conocer a cuatro vecinos y tal. Y encima he tenido el privilegio de poder trabajar escribiendo de esto”.

Partiendo de esta declaración de principios se comprende que le atrapara la asombrosa historia de Dita Kraus, que a los 13 años fue deportada del guetto judío de Terezin, en Praga, al campo de exterminio de Auschwitz. Allí acabaría en el asombroso campo familiar, un barracón para niños, temporalmente preservados de lo más crudo del horror nazi con fines propagandísticos. Aún así estaba prohibido darles lecciones de nada y mucho menos darles a leer libros. Pero el jefe del barracón, Fredy Hirsch, montó una escuela clandestina y una biblioteca secreta de la que Dita Kraus fue bibliotecaria. Su misión: custodiar con su vida (pues cualquier error lo habría pagado con la muerte) ocho volúmenes desvencijados que incluían desde la Breve historia del mundo de H.G. Wells hasta El conde de Montecristo de Alejandro Dumas (padre), pasando por una gramática rusa, un tratado de geometría, etc.

Aquella bibliotecaria adolescente sigue viva a día de hoy. Tiene más de 80 años y reside en Israel. Allí la encontró Antonio Iturbe cuando empezó a recabar datos de su historia con ánimo de escribir, en principio, un reportaje. Pronto comprobó que el periodismo le sabía a poco para dar salida a las aventuras de Dita Kraus, que en la novela se llama Dita Adlerova. Literaturizar la realidad, más cuando es tan sensible y delicada, no es moco de pavo, como sabrá todo aquel que lo haya intentado. Es difícil que el caos inherente a todo lo humano no enturbie el rumbo narrativo. Es arduo lidiar con todo aquello que uno no se espera: algún verdugo con corazón, alguna víctima abyecta, algún príncipe azul que se acaba revelando homosexual y ocultando su condición porque entonces los demás dejarían de considerarle un héroe, personajes entrañables que en una novela pura se salvarían y en cambio la vida real deja cruelmente y absurdamente morir…etc.

Con todo esto, más un puñado nada desdeñable de entrega (cinco años de trabajo, cinco) y valentía, Antonio Iturbe ha urdido un novelón que toca la fibra tanto como la inteligencia. Un relato honesto y a calzón quitado que obliga a sentir y a pensar, a llorar y a hacerse preguntas. Es infinitamente nuevo el asombro con que vuelve a sumergirnos en un horror de toda la vida y aún así lleno de humanas sorpresas.

Los libros por los que los personajes de esta novela se juegan orgullosamente la vida, conscientes como son de la importancia de no permitir jamás que los nazis dobleguen el desafío de su imaginación, su capacidad de volar muy alto y muy lejos del inmediato infierno, acabaron enterrados en un hueco secreto del barracón 31 de Auschwitz. Abandonados a su misteriosa suerte tras la desbandada del campo familiar y el traslado de sus supervivientes a otros campos de concentración.

¿Qué habrá sido de esos libros? ¿Lo sabe Antonio Iturbe? ¿Lo sabe Dita Kraus? La ahora octogenaria israelí cargada de recuerdos no ha querido regresar jamás a Auschwitz y ni siquiera a Alemania. Con lo cual no tiene ni idea de qué fue de aquella pequeña y a la vez inagotable biblioteca de Alejandría salvada una y otra vez de disolverse en el horror.

¿Cabe una secuela para seguir el rastro de aquellos libros? Iturbe se lo plantea y no se lo plantea, asustado por el esfuerzo que acaso ya esté tomando forma dentro de él. Y que esta vez tendría el vértigo añadido de adentrarse en la ficción pura y sin paliativos, en la construcción de un destino a partir de la casi nada. Algo así como la vida entera que Adolfo García Ortega inventó hace diez años para Hurbinek, un niño judío que murió en Auschwitz a los tres años de edad, y que Primo Levi menciona en La tregua. A partir de esta mera mención García Ortega teje una existencia y una novela -“El comprador de aniversarios” (Seix Barral)- que no se olvida.

Como tampoco se olvida “La bibliotecaria de Auschwitz”. Ni la hermosa cita de William Faulkner con que la novela invita casi que tímidamente a ser leída: “Lo que hace la literatura es lo mismo que una cerilla en medio de un campo en mitad de la noche. Una cerilla no ilumina apenas nada, pero nos permite ver cuánta oscuridad hay a su alrededor”.

Nada menos.

Compartir

Anterior

Siguiente

ABC.es

Capítulo aparte © DIARIO ABC, S.L. 2012

Adsense

Capítulo aparte Blog de libros
Etiquetas
Calendario
octubre 2012
M T W T F S S
« Sep   Nov »
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031