Días de lluvia

Publicado por el oct 21, 2012

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Es impune la noche que alimenta los temores. Despertar a tu lado y no encontrarte. Mecer la luna de caricias y pensar que aún no has llegado. Es cruel la noche que te espanta. Mañana al despertar todos dirán que soy otro, alimentarán falsas esperanzas de encontrarme con vida y tú no podrás leer mis poemas ni maldecir a esos ridículos cantantes de opereta. Quien te conoce te denuncia, quien te ignora te alaba. Y mientras tanto no existe verdad que no albergue alguna mentira.

 

Ya he dicho en alguna ocasión que adoro los días de lluvia. Me gusta sentir que llueve. Cuando corría ( espero volver a hacerlo pronto) me gustaba hacerlo en días de lluvia. Era como si al placer de correr se le sumara una pequeña incomodidad que actuara de potenciador del placer. En días como este me siento corredor, me solía repetir como un mantra. Si me recupero pronto de mi lesión afrontaré el reto de cumplir mi primer maratón. Aquí queda escrito.

Día de lluvia, día perfecto para leer. Desde mi rincón de lectura oigo caer la lluvia como un letanía.

Joan Didion cita en “Noches azules” a Karl Menninger. En  “El hombre contra sí mismo” el doctor Menninger reflexiona sobre “la aparente insuficiencia del acontecimiento desencadenante” para tratar de explicar la tendencia a reaccionar de manera exagerada ante algo nimio o simplemente ante circunstancias ordinarias. Esta tendencia concluye, es habitual entre los suicidas.

Y sigue lloviendo. Quizá algo más fuerte todavía.

En breve la editorial Salamandra publicará unos textos de Jonathan Franzen bajo el título de “Más afuera”. El título del libro se debe a una Isla que el autor suele visitar a menudo. La isla se llama oficialmente “Alejandro Selkrik”. Los funcionarios chilenos responsables de turismo le pusieron ese nombre por el marino escocés Alexander Selkrik, pero los lugareños aún utilizan su nombre original: Masafuera. Lejos muy lejos, Más afuera…  Leo el primero de los textos que corresponde a un discurso pronunciado por Franzen en la ceremonia de graduación del Kenyon College en Mayo de 2011 y no puedo más que sonreírme con la peculiar visión que el escritor norteamericano ofreció de Facebook a los jóvenes que le escuchaban.  Reflexiona en voz alta sobre los “me gusta y sobre el verbo gustar.

Imaginemos a un ser humano obsesionado por el desesperado deseo de gustar a los demás. Imaginemos que se le da una herramienta potenciadora de ese narcisismo innato. Imaginemos además una comunidad repleta de ese tipo de personas dispuestas a alimentar el narcisismo de los demás con tal de recibir su dosis diaria de “me gustas”. Imaginemos que hacerse amigo de una persona no significa más que dejarle entrar en nuestro salón para escuchar sus alabanzas. El resultado puede ser aterrador ,¿no creen? Bueno quizá exagere un poco y Franzen también.

Pero sigue lloviendo, aunque ya más débilmente.

 

@juanjogines

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