Flores en las grietas, R. Ford

Flores en las grietas, R. Ford

Publicado por el Oct 11, 2012

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Me cae bien Richard Ford. No le conozco personalmente; lo más cerca que he estado de él es ahora mismo, que acabo de reencontrarme su Flores en las grietas enterrado en el montón de libros por reseñar. Esta costumbre mía de subrayar y doblar las páginas, alguna vez, tenía que dar fruto. También funciona lo de guardar las tarjetas con las anotaciones. Te ayuda a recordar. Miro la fecha de edición: junio de 2012. Reviso las notas y enseguida encuentro una que me hace sonreír. Me cae bien este tío. Página 10: “En muchos lugares de Estados Unidos, los verdaderos dueños del poder preferirían que poseyerais y utilizarais un Mac-10 antes que El guardián entre el centeno.” El Mac-10 es un subfusil; yo también tuve que mirarlo en internet.

Flores en las grietas, que lleva el subtítulo de “Autobiografía y literatura”, reúne varios ensayos y textos biográficos de Richard Ford, escritor estadounidense, experto y deudor de Chéjov, que reflexiona sobre la vida, el sentido de la escritura y comparte con nosotros, sus lectores, sus opiniones sobre otros escritores como Carver o Yates.

Por supuesto, no hace falta que te caiga bien este tipo para que debas leer este libro. Lo puedes leer aunque sea sólo para ponerle verde. Puedes ir a una biblioteca y cogerlo prestado para pintarrajear sus páginas. Lo puedes dejar abandonado en un banco o puedes utilizarlo para calzar una mesa. Yo lo tenía abandonado en el fondo del montón de libros de una montaña de libros que, inestable, se levantaba en mi mesilla. De ahí fue a parar a la mesa de mi despacho y de ahí ha salido para que pudiera rescatar las notas que hice, si no recuerdo mal, en julio/agosto de 2012. Y eso que me cae bien Richard Ford.

Un amigo (o no, porque esta vida es muy larga y complicada y a veces la gente te falla) me dio un consejo: si te gusta un escritor, es mejor no conocerle. Ha pasado el tiempo y, sí claro, algunos me han decepcionado. ¿Y? Es muy ingenuo creer que todos los escritores somos buena gente. En general, somos vanidosos y egocéntricos. Como en cualquier profesión, todos nos miramos unos a otros, en la mayoría de los casos, para ver si somos más guapos, más altos y firmamos más libros. He conocido a un montón de juntaletras que me siguen pareciendo un montón de juntaletras, aunque me haya divertido  con ellos. Sus libros son mediocres y ellos son muy divertidos. Me he emborrachado con ellos, hemos comido de maravilla e incluso hablado de mujeres, incluso de hombres. Y no miro sus obras con más cariño. Creo que ellos ni siquiera habrán abierto el libro que les regalé para compensar que ellos me habían regalado uno suyo. Imagino que algunos, los más valientes, habrán hojeado unas páginas en el avión de vuelta a casa y se habrán sentido obligados al compromiso de unas líneas “Me gustó tu libro. Muy distinto.” Palmaditas en la espalda. Esa es la realidad: somos unos juntaletras que nos creemos inmortales, nos gustaría ser malditos y somos, como la mayoría de ustedes, unos aspirantes a burgueses que soñamos con que pasado mañana, cuando ya no estemos, nuestro libro será leído por alguien que sentirá algo gracias a unas palabras que dejamos escritas. Otros, sólo buscan dinero.

Pero, ¿saben una cosa? Richard Ford, no sé, me cae bien este tío.

@pedroramos73

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