Encerrados en nuestro propio planeta

Publicado por el sep 16, 2012

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Después de ver la nueva versión de Desafío total, aquella gloriosa cinta de Verhoeven protagonizada por Schwarzenegger, uno no puede evitar sentir cierta desazón. No ya porque esta nueva versión dirigida por Len Wiseman es mucho más floja que la anterior, sino por las señales que parece lanzar de que las perspectivas futuristas ya no son lo que eran…

Si en la anterior adaptación de un cuento corto de Philip K. Dick el protagonista dudaba sobre qué era real, si su vida como un obrero enganchado a un trabajo rutinario o como un agente secreto pasado a la resistencia de la colonia marciana de la Tierra, la de este año reduce su profundidad profética para quedarse en nuestro planeta. Un planeta que, todo hay que decirlo, se ha quedado como los zorros, con dos únicas zonas habitables, una situada alrededor de las Islas Británicas, y la otra justo en las antípodas, en Australia. Dos zonas unidas por un único transporte capaz de atravesar el globo en solo 17 minutos, la Catarata.

Uno no puede dejar de pensar, ante ejemplos como éste, lo decaído que tenemos el músculo de la ensoñación. Tras la euforia de los sesenta y los setenta, incluso de los ochenta con el transbordador espacial, los que no vivimos la llegada del hombre a la Luna parecemos casi resignados a la idea de que no veremos al hombre en Marte. Y es tal el frenazo que parece afectar al desarrollo tecnológico, que cada vez nos vemos más encerrados en nuestro propio planeta.

Uno no puede evitar pensar que se trata de algo que escapa de la mera anécdota para convertirse en símbolo de toda una época. Una época en la que hemos perdido la fe en lo que podríamos ser capaces de hacer. Algo que se refleja en una literatura en la que la fantasía científica prácticamente ha desaparecido, y cuando se trata de crear mundos fantásticos, las coordenadas son otras. Y los pocos que al parecer nos incluimos entre los que sienten que les falta el aire ante la perspectiva de un futuro que difícilmente parece que vaya a salir de nuestra atmósfera, no podemos evitar sentir cierto hastío y decaimiento. Parece que ya no tenemos Frontera, ni tampoco nada que nos impulse a alcanzarla. Y sin un reto a la altura, nos quedaremos encerrados en los estrechos márgenes de lo rutinario.

@rosenrod

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