Inadvertida felicidad

Publicado por el Sep 14, 2012

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Otro de esos libros que no cuentan una historia es Momentos de inadvertida felicidad de Francesco Piccolo. Lo leí el curso pasado y todavía permanece en mi mesilla. Las noches en las que no puedo dormir, como esta, lo abro al azar y me encuentro situaciones de lo más distintas, algunas de una línea (como un arrebato, una inspiración), otras más extensas, capaces de mantenerme la sonrisa a medio gas, capaces de hacerme participe de ese momento de felicidad al que tantas veces no prestamos atención. Un ejemplo, página cuarenta y ocho, “Cuando mi mujer se pone una camiseta mía”. La mayoría de las veces son revelaciones del tipo “yo he pasado por ahí” que me han ayudado a reflexionar sobre la soledad, la importancia de estar rodeados de gente que nos quiera y nos apoye. Porque estos momentos de felicidad casi nunca suceden a solas, sería mejor decir, pocas veces encontramos uno de estos momentos cuando estamos solos y, sin embargo, es en esos momentos de soledad cuando podemos reflexionar sobre lo afortunados que somos. Hay muchas personas que están solas, que no tienen nadie a quién abrazar por la noche, después de un día de trabajo. Hay muchas personas que están solas, que no tienen un motivo para permanecer en la cama diez minutos más, abrazados en la mañana, en la respiración del otro sin otra necesidad. Hay personas que están tan solas, que ni siquiera tienen un gato en el que descubrir una mirada humana, un gesto de ternura.
Les dejo con otro momento de inadvertida felicidad que me ha descubierto Piccolo. Sutil, dulce, inteligente.

“Esos hombres que cogen la caja de herramientas, la escalera o el taladro eléctrico, y permanecen en silencio durante horas, canturreando cada tanto alguna canción con un clavo en la boca -y nunca se lo tragan- y no se rinden hasta que el trabajo se ha terminado. No les gusta dejar las cosas a medias. Es más, ¿que les falta un clavo o una llave inglesa de la clase que sea? Ellos saben adónde ir, qué tipo de preguntas hacer, y regresan a casa con esos adorables paquetitos cuyo envoltorio está hecho con papel de periódico, los abren y enseñan un montón de clavitos de todas las clases.
En esa caja de herramientas tal vez se encuentre lo indispensable para vivir una vida feliz.
Me gusta quedarme horas mirándolos, y me gusta no ser uno de ellos.”
@pedroramos73

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