Premio RBA de novela negra: la reyerta fue con arma blanca

Publicado por el Sep 12, 2012

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Cuando la plana mayor de RBA se disponía a partir la tarta de su millonario premio de novela negra, todos los invitados vieron en el filo que iba a trocear el pastel unos llamativos restos de sangre aún fresca. Convertida así, ante sus ojos, la daga repostera en arma blanca, la multitud pensó si habría hendido la carne mortal y rosa de alguna víctima, tiesa a esas horas como una roca. El puñal, sin embargo, reclamó nuestra atención libresca cuando una gota carmesí cayó espesa sobre la cobertura de nata como una premonición infausta…

¿Qué significaba la sangre? ¿Es que habían reventado la noticia de ese premio de manera criminal? ¿O apuntaba a la noticia de un secuestro del autor galardonado en un zulo de billetes grandes? 

Parece un asunto digno del detective Harry Bosch, creado por el ganador del concurso: Michael Connelly. Así que habrá que mirar en “La caja negra”, que así se llamaba la novela premiada con el RBA. El detective recomienda, mientras su autor devora sonriente un trozo del pastel,  que venzamos el  primer instinto, algo pueril, de mirar al mayordomo. “¡Ya está bien!”, añade: “Qué fácil, en pleno premio de novela negra, buscar un culpable de libro.”

Y no le falta razón. Preguntemos por ahí, a los testigos de la entrega del premio…

“Cherchez la femme!” dice el cocinero, mientras da la vuelta al solomillo en la parrilla (esto es otro clásico). “Eso ha sío obra de un marío despechado”, dice un periodista andaluz venido a la Ciudad Condal. “Pero el tío que gana se lleva la pasta”, le responde un parroquiano policiaco perdido en el fondo del vaso. 

(…)

La hipocresía de la denuncia habría sido aceptable si hubiera sido tenido más de estocada franca y menos de ataque de cuernos, y sobraba el tono de “impugnación-moral-pero-yo-me-salvo”. El marido de la editora (y accionista de la editorial) que había perdido los derechos del autor premiado con el fichaje de Connelly para RBA acusó más o menos taimadamente en su blog de fraude al premio, al jurado y a la literatura (“Qué mal esta el mundo editorial… y qué mal el periodismo”). Y a los premios que él mismo contribuía a enturbiar. Porque al mismo tiempo desvelaba, como por casualidad, el nombre del ganador del premio RBA… una semana antes de que se hiciese público el fallo, y además rebautizaba la editorial poco ingeniosamente: Robo Buenos Autores.

Sería como llamar a la otra parte RabietaEditorial…

Hombre, eso es dejar muchas huellas en la escena del premio, digo del crimen. Es dejarlo todo claro: arma Blanca, novela negra. Incluso entendiendo que no es la primera vez que les pasa. Pero, sencillamente, en el mundo editorial, nadie (ni las editoriales infantiles) está libre del pecado de quitar un autor con mejores o peores artes: ¿Así quién va a lanzar la primera piedra?

Es business, nada personal, lean o vean ustedes El Padrino. A Connelly debieron hacerle una oferta que no pudo -o no quiso- rechazar. ¿Rabia? En la edición del siglo XXI seguimos como antes, en el “veinte, cambalache, problemático y febril… El que no llora no mama y el que no afana es un gil”. Vamos, que la buena oferta cotiza.

¡Las cosas que hemos visto y lo que nos quedarán por ver de este mundillo! Es cierto que hay autores más sensibles que otros a la tentación. Y editores más o menos caballerosos, como este puñal demuestra… Pero la herida tiene dos trayectorias, como indica el forense, hiere a las dos partes, una ha recibido la cuchillada y otra se cortó al darla y se  dolía del corte que le había propinado… ¿su torpeza?, ¿su autor?,  ¿el agente?

-¿Y sobre el jurado qué opina?

-Pero, ¿es que me va a decir usted que alguien, en un premio de ese nivel, cuando lee el original de una novela cuyo detective es Harry Bosch duda de quién es su autor?

-¿Y el año pasado con Kay Scarpetta? A Patricia Cornwell también se la quitaron a B.

-¿Sí? Pues es que si pasamos estrictamente la lista de los editores que quitaron autores a B…

-Hablemos de los premios literarios en España. Es un escándalo.

El premio es lo que es, es decir, comercio, adelanto, impacto mediático, fiesta. No son el veredicto de los sacerdotes del canon o de la historia de la literatura, ni siquiera el ventanuco del retrete de la posteridad. Son los putos premios que animan el cotarro y lanzan novedades de amplio espectro. ¿Qué editorial premiaría con centenares de miles de euros a un libro que no sepa que se va a vender profusamente?

(En esto, entra Humphrey Bogart con un Gendarme apellidado Renault)

RICK (RBA): ¿Con qué derecho me cierra usted el local!

RENAULT (SANCLEMENTE): ¡Qué escándalo, qué escándalo! He descubierto que aquí se juega.
             (Acto seguido le entregan sus ganancias a la ruleta)

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