El amor nos destrozará otra vez

Publicado por el sep 7, 2012

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Hoy quiero hablar de Ian Curtis. Lo cierto es que desde el último post no he leído ningún libro, entre otras cosas porque todavía las editoriales no me han mandado sus (suculentas) novedades. Sigo esperando. De Alfaguara espero las cartas de Cortázar, un Marías y un Neuman; de Anagrama, la poesía de Houllebeq, un Nabokov y un Puertolas, entre otros. También un Cassany, deformación profesional. He vuelto un poquito mainstream, lo reconozco, pero si alguna editorial pequeña y exquisita quiere enviarme sus novedades; aquí estamos, a mandar (esto es una indirecta para Gaviero Ediciones, La Bella Varsovia, Pepitas de calabaza y algunos otros sellos que tantas alegrías me han dado). Decía que hoy quiero hablar de Joy Division porque no me he leído ningún libro desde el último post, pero también porque así voy cogiendo ritmo. No es bueno subirse a la bicicleta y, el primer día, hacerse el machito ibérico y querer seguir donde lo dejamos. Apliquen el ejemplo a sus circunstancias personales. Así que hoy les hablaré de Ian Curtis porque, de paso, quizá les anime a leerlo, escucharlo o desterrarlo. Total, está un poco muerto y él no va a protestar. No sé si tiene herederos.

Ian Curtis nació en Manchester en 1956 y murió en 1980, muy joven y de suicidio. El chico, además de epiléptico, escribía poesía y formó un grupo punk, Joy Division, del que ustedes habrán huido alguna vez. Este grupo compartía músicos con los Sex Pistols, otro grupo del que huir, of course, y según dice la Wikipedia tenía como influencias principales a Iggy Pop y David Bowie, vaya usted a saber. La realidad es que Curtis se suicidó con 23 años, pero dejó escritas algunas letras más que interesantes. Depresivas y oscuras, pero interesantes. Y, sobre todo, auténticas. Las canciones, los poemas de Curtis me transmiten libertad y sinceridad. Están escritos (esto es lo que a mí me transmiten, no tiene porqué ser verdad) en esos momentos de lucidez en los que sólo vivimos para lo que estamos haciendo en ese momento, no existe nada más. Alcanzar ese estado es difícil. Ser capaz de transmitirlo es un arte. Esa es también la impresión que me dan los vídeos de sus actuaciones: se entrega al público. Les dice aquí estoy y soy lo que ves. Y no le importa lo que puedas pensar. Por supuesto, todo esto, sin sus letras, no sería lo que es. Fondo y forma. Así de simple.

No son canciones bucólico pastoriles para clínicas dentales, ni siquiera sirven para escuchar en segundo plano, mientras siguen enchufados a internet perdiendo el tiempo, pero denle una oportunidad. Escuchen algún tema. Al menos, sabrán de lo que hablo. O no.

@pedroramos73

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