Volver a casa

Publicado por el Jun 14, 2012

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No sé si a ustedes les pasa, pero yo hay películas que puedo ver varias veces el mismo año. Algunas, incluso el mismo mes o la misma semana. Son títulos que me sé de memoria y a los que recurro de vez en cuando en busca de un placer similar al que siento cuando me reúno con la familia o con los amigos de toda la vida.

Y es que las películas son siempre tan iguales y tan distintas como una comida con los padres y los hermanos. Mi familia, por ejemplo, tiene por costumbre reunirse a comer los viernes. Yo acudo siempre que puedo,  seguro de que lo que voy a encontrar allí es exactamente lo mismo que la semana anterior, con sutiles variantes. Por ejemplo, sé que mi padre hará las mismas bromas a mi cuñado, quien exhibirá la misma sonrisa de compromiso mientras mi hermana reacciona del modo acostumbrado a las monerías de su hijito (mi sobrino), que son las mismas de la semana pasada. Mi abuela, por su parte, contemplará todo esto en silencio, como siempre; y como siempre se levantará y rodeará la mesa para coger la jarra de agua en lugar de pedirla. Y alguno de nosotros preguntará: “Abuela, ¿por qué no pides el agua en vez de levantarte?”. A lo que ella responderá: “Porque no me gusta molestar”.

Más tarde mi padre se quejará de la maldita crisis, culpará a los políticos y los banqueros y manifestará que su máxima preocupación somos nosotros porque él está a punto de jubilarse y ya tiene la vida resuelta. Mi hermana y yo intentaremos tranquilizarlo empleando los argumentos habituales, y mi cuñado lanzará su consabido soliloquio sobre macroeconomía. A los postres, mi padre fingirá, como siempre, dirigir el corcho de la botella de cava al ojo de mi abuela, que se protegerá con las manos y luego preguntará si queremos café, a lo que mi padre y yo responderemos que sí y mi hermana y mi cuñado, que no. Luego sacarán unos bollitos de los que tocaremos a dos por cabeza y mi padre bromeará con la idea de comerse tres. Luego mi hermana y su niño irán a dormir la siesta a la habitación, mi padre se tumbará en el sofá y pondrá la película del oeste de Telemadrid, mi cuñado se irá a trabajar y mi abuela a fregar los cacharros. Y así hasta el próximo viernes, en que toda la rutina cobrará vida de nuevo.

Pues con las películas que ya hemos visto sucede lo mismo. Si uno pone El apartamento sabe que C.C. Baxter se bajará los pantalones ante su jefe y sus compañeros hasta que se enamore perdidamente de la señorita Kubelik. En Casablanca, Rick hará el panoli al final, cuando lo amañe todo para que Ilsa se largue en un avión con el soso de Víctor Laszlo. Luke Skywalker jamás regresará a cuidar de la granja de sus tíos en Tatooine; por el contrario aprenderá los caminos de la Fuerza y destruirá la Estrella de la Muerte de un solo disparo. Y todos sabemos que, por mucho que nos montemos en ese Ford Thunderbird de 1966, Thelma y Louise no se librarán de despeñarse por un barranco tras haber aprendido lo que es la libertad.

A todos estos personajes, con sus vicios, sus virtudes y sus manías, los conozco tan bien como a los miembros de mi familia. Pero eso no significa que visitarlos sea un acto rutinario y aburrido. Siempre me sorprenden con pequeñas cositas. Por ejemplo, la última vez que vi El hombre que mató a Liberty Valance caí en la cuenta de lo que significa la flor que crece en el cactus. Y el viernes pasado, cuando fui donde mi padre, me fijé por primera vez en que lo que yo siempre creí una mancha abstracta en un cuadro es en realidad un rostro humano. Después de tantos años, quién lo iba a decir.

Revisitar aquellos lugares en los que hemos crecido, sean reales o imaginarios, nos reconforta con nosotros mismos. Nos hace sentir seguros, protegidos, igual que el niño que no se cansa de escuchar el cuento de Pulgarcito o la niña que siempre pide que le cuenten la historia de Cenicienta, aunque se sepa el final. Ambos quieren volver a esos mundos, reunirse con esos personajes de comportamiento lógico y predecible que aportan orden a nuestras vidas y nos alejan del caos.

Por eso es bueno volver a casa.

@Jorge_Magano

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