¡Vinick, rescátanos con una sonrisa!

Publicado por el jun 14, 2012

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Lo siento, no soy demasiado original. Me temo que tengo el ánimo por los suelos, pero eso no es nada que en estos días lo distinga de manera especial a uno. El aluvión de noticias, la convicción de que cada vez se desmorona más rápido el mundo que creíamos conocer y, sobre todo, la enésima demostración de que tenemos unos políticos mediocres, porque mediocres es lo que somos todos en general y ellos no iban a ser diferentes, es un cóctel de eficacia garantizada para robar la alegría de vivir a cualquiera.

Mientras tanto, continúo con mis empeños ciclópeos, y uno de ellos es el de ver El ala oeste de la Casa Blanca, una de las series televisivas más importantes que se hayan hecho nunca. Ya estoy en la última temporada, y acabo de ver un episodio que, aunque haya sido grabado hace algunos años, como las buenas ficciones, es siempre capaz de interpelarnos con un discurso bien pegado al momento presente.

El capítulo en cuestión es, además, un curioso experimento audiovisual. En él se muestra un debate televisivo entre los dos candidatos a la presidencia de Estados Unidos, el senador republicano Arnie Vinick (inconmensurable, como siempre, Alan Alda) y el congresista demócrata Matt Santos (Jimmy Smits). Y lo mejor es que se hizo y se emitió en directo, como si de verdad fuese un debate electoral que estuviera pasando ante nuestros ojos y oídos.

Pero lamentablemente es sólo una ficción. No solo porque, ya puestos, me encantaría poder votar por Vinick/Alda, aunque sólo fuera por tener esa sonrisa pillina que de niño descubriera en M*A*S*H acompañándome al dar las malas noticias. Lamentablemente es ficción, también, porque los dos candidatos deciden saltarse las rígidas normas impuestas por los comités electorales de cada uno de los partidos y abrir un verdadero debate, con réplicas y contrarréplicas. Lo que debería ser algo democrático, vamos, y que aquí nos resultaría poco menos que como marciano.

De todas maneras, lo peor no es quedarme alicaído ante algo que debería ser habitual en un sistema democrático y que sólo se vuelve efímera verdad en una serie de ficción. No, lo peor es que en el debate aparece el tema de la condonación de la deuda a África, ante lo que Vinick, como buen republicano, ofrece el siguiente argumento:

“Los impuestos han acabado con cualquier posibilidad de desarrollo económico. Han acabado con la esperanza de esos países de autoayudarse, ¡autoayudarse! Y eso les deja dependiendo totalmente de la caridad y los préstamos. Y ésta es la peor parte: ¿saben por qué son tan altos los tipos de interés? Es por nuestra culpa, para demostrarnos que son capaces de devolver sus préstamos. Pero los impuestos no crean riqueza si acaban con la economía. Así que, se convierte en la trágica consecuencia de nuestras buenas intenciones hacia África, nuestra generosidad es tal que hemos obligado a esos países a encerrarse en una depresión económica enorme. Si no instamos a esos países a bajar sus impuestos nunca podrán hacer crecer su economía, la gente vivirá siempre con desempleo, las enfermedades serán endémicas, la pobreza será permanente y los niños pasarán hambre, y nuestra caridad nunca será suficiente. Nunca.”

Y ¿saben que es lo peor? Que mientras lo veía y escuchaba, no podía evitar sustituir “África” por “España”, y un escalofrío me recorría la espalda. Y eso que aún no había oído hablar de Uganda

@rosenrod

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