Super Mario de las Artes

Publicado por el May 29, 2012

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Ya sé que llego tarde, pero quise ser prudente.

Tras la concesión a Shigeru Miyamoto del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades la semana pasada, cometí el error de esperar millones de reacciones airadas por parte de los vetustos guardianes de la cultura.

Morboso de mí, imaginaba al Premio Nobel o al académico de turno profiriendo gritos y llevándose las manos a la cabeza: ¿Un creador de videojuegos Príncipe de Asturias? ¡Intolerable! ¡Inconcebible! ¡Indignante! ¡Degradante! Y así.

Pero no. Han pasado los días y, aparte de algún caso aislado, la noticia ha sido tomada con naturalidad. Y yo, en vez de frustrarme, me alegro de ver que cada vez aceptamos mejor que la realidad artística ha ido cambiando, evolucionando y diversificándose. El Quijote, nadie lo duda, es la gran novela española, una de las obras cumbre de la literatura universal y un  libro divertido e influyente que recoge el modo de ser y de pensar de unas gentes llamadas españoles y de una época llamada siglo XVII. Pero, además,  la larguirucha y triste figura del ingenioso hidalgo conforma desde hace siglos una imagen icónica y universal, como las orejas de Mickey Mouse, las gafas de Groucho Marx o los mofletes de Louis Armstrong.

De un tiempo a esta parte, los videojuegos han ido reclamando su papel dentro de la cultura popular (es decir, la cultura predominante) como en su momento hicieron la fotografía, la moda, el cine, el cómic, el flamenco o el jazz. Muchas de esas manifestaciones artísticas son hijas de la era de la comunicación, del ansia de la gente por disfrutar, expresarse, difundir y compartir. No podemos hablar siempre de cultura de masas (la 5ª de Beethoven, a Dios gracias, sigue siendo más conocida por el gran público que el origen de Batman); pero va siendo hora de reconocer sin miedo que la cultura se crea en el seno de la Humanidad, y es todo aquello que, sea en el interior de una cueva paleolítica o en lo alto de un escenario vienés, trasciende nuestra propia existencia y se incorpora a la memoria colectiva.

Don Quijote es un hidalgo literario y Super Mario un fontanero virtual. Ambos cumplen su función en la sociedad, ambos son conocidos en todo el mundo y ambos han demostrado que el tiempo no les afecta. Como las sinfonías de Mahler, los libros de Camus, las películas de Chaplin o las canciones de Los Beatles, han sido bendecidos con el don de la eternidad. Pero sobre todo,  gozan de un nivel de calidad y de ese “algo” indescriptible que les ha hecho merecedores de ser acogidos y valorados por millones de personas en todo el mundo.

Así que abramos los ojos y celebremos que, al igual que el Muro de Berlín, la diferencia entre Alta Cultura y Baja Cultura hace tiempo que se derrumbó. Todo está ahí, a nuestra disposición, para disfrutarlo y compartirlo.

Y dirán ustedes: ¿y qué hacemos con Belén Esteban o Gran Hermano? También llevan tiempo ahí, tienen éxito y no parecen tener fecha de caducidad. ¿También son fenómenos culturales? En efecto, lo son.

Pero de buen gusto y sentido común ya hablaremos en otro artículo.

@Jorge_Magano

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