Aquella velada de 1977…!!!!

Publicado por el May 11, 2012

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Yo soy de la generación de aquellos niños que aún podíamos entrar en las plazas de toros o en los combates de boxeo, sin que ningún político, ley o autoridad asegurase que los toros o el boxeo eran espectáculos ‘no aptos’ para menores. De esa generación cuyos padres nos llevaban a aquellas novilladas nocturnas de Vistalegre, o de la ‘oportunidad’ en Las Ventas. Aún guardo con cariño la foto firmada por el gran rejoneador Fermín Bohórquez, quien tras rejonear en la plaza limeña de Acho, durante la Feria del Señor de los Milagros, de octubre del 1963 firmó una fotografía deseando suerte a una joven que a punto de dar a luz, asistía en barrera a aquella corrida. Esa mujer era mi madre y dos meses después nacía yo.

También soy hijo de aquel mágico mundo del boxeo nocturno, del olor a sudor, del humo de cigarros baratos, de la copa de Fundador y del Carlos III en vasos de plástico que servían a los espectadores durante las veladas de boxeo en el Palacio de los Deportes de Madrid, décadas antes de que cantase bajo su techo el gran Camarón de la Isla.

Siendo aún un niño de trece años fui testigo de aquel gran robo sucedido el 17 de junio de 1977, cuando los jueces dieron por puntos tras quince asaltos el título mundial de los superligeros al paquete tailandés, Saensak Muangsurin en combate contra el grandísimo Perico Fernández. Recuerdo aún a mi padre tirando de mi manga para obligarme a sentar mientras las resistentes botellas de Mirinda volaban sobre nuestras cabezas procedentes de la zona donde se agrupaban los fans del boxeador maño, en señal de protesta por el robo del combate.

Como ven soy un hijo de los Toros y el Boxeo, ambos espectáculos en letras mayúsculas, haciéndome treinta y cinco años después de aquella velada en alguien ‘políticamente incorrecto’ en la España de nuestros días.

Pero está claro que aunque en España decir que eres un seguidor de Perico Fernández, Pedro Carrasco, José Legra o José Durán es políticamente incorrecto, en Estados Unidos es casi una cuestión de mitomaníaca adicción el alabar a aquellos gigantes del Ring como el invencible Cassius Clay de los 60 y el Muhammad Ali de los 70, quien ya con más de 30 años de edad volvió de un retiro involuntario luego de haber sido despojado de su licencia de boxeador y recluido en la cárcel por negarse a ir a Vietnam, para seguir destacando, dictando cátedra entre las doce cuerdas; o George Foreman; o Joe Frazier; o Ken Norton; o Larry Holmes; o Evander Holyfield; o ‘Sugar’ Ray Leonard; o incluso, Myke Tyson a quien tuve la suerte de conocer en el bar del hotel Sheraton de Chicago a finales de los años 90. Mientras allí se les concede la Medalla del Congreso con todos los honores, aquí sencillamente los ignoramos. Aún recuerdo, la última vez que vi a José Legra, el llamado ‘Puma de Baracoa’, en un autobús de Madrid. Me acerqué a él y le dije ante la mirada sorprendida del resto de viajeros políticamente correctos: “Hola campeón. Yo fui testigo con nueve años de su combate contra Vermandere, el 6 de octubre del 72, en el que consiguió retener el título europeo de los peso pluma. Es un honor estrecharle la mano”. Aquel sencillo acto fue más importante para él que una Medalla del Congreso. Sin duda…

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