¿Comprar una parcelita en los Siete Reinos?

Publicado por el may 8, 2012

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¿Por qué nos fascina tanto Juego de tronos? El fin de semana pasado, ABC Cultural ofrecía algunas respuestas, pero en el aire quedaba la duda de qué es lo que nos hace tan atractivos los Siete Reinos. Porque, sinceramente, no es un sitio donde debería apetecer vivir: la mayoría de los habitantes son pobres, trabajan como desgraciados para salir adelante y, para colmo, deben obediencia a un señor que puede llevarles de cabeza a guerras dinásticas de las que apenas sacarán otra cosa que ver sus tierras quemadas, sus mujeres violadas y sus niños esclavizados.

Entonces, tal vez pensemos que la cosa cambia si eres tú el señor. Y bueno, no vamos a negar que algunos alicientes hay: una fortuna muy por encima de la media, sirvientes, tejidos tanto más lujosos como la casa a la que perteneces (especialmente la dorada de los Lannister) y, en general, la posibilidad de disfrutar banquetes increíbles que George R.R. Martin desgrana con detalle en las páginas de sus novelas.

Y sin embargo, ni siquiera esto es un chollo porque, visto lo visto, la posibilidad de ver tu cabeza en una pica no es precisamente menor porque seas un señor, como descubren en su momento los lectores y espectadores de la primera entrega de la saga. Y eso, por no hablar de la necesidad de estar atentos a cualquier conspiración, a descifrar por dónde sopla el viento, si tus enemigos del otro lado del mar Angosto te van a invadir o si el vecino de al lado va a abrirle las puertas a ese noble limítrofe que creías subyugado… Francamente, tampoco parece vida: ¿quién podría dormir a pierna suelta con semejante panorama? Bueno, Tyrion Lannister sí, pero también en eso él es una excepción: al fin y al cabo lo suyo no son los ideales, como sí lo son para Ned Stark, y ya sabemos que lo de dormir bien no era lo suyo, vista la cara de agobio que arrastra en todas sus apariciones.

Así que volvamos a la pregunta: ¿qué tiene de atractivo Juego de Tronos? O, más exactamente, el mundo narrado en la saga de Canción de hielo y fuego.

Me permito atreverme con una posible respuesta: porque en ese mundo violento y cruel, ajeno a cualquier piedad y donde sólo el brazo más fuerte tiene razón, vemos en toda su crudeza los bajos instintos con los que tenemos que lidiar cada día que nos levantamos, y que afortunadamente la pátina de civilización trabajosamente creada a lo largo de los siglos nos retiene. Pero los Lannister, los Greyjoy, los Baratheon, los dothraki y casi cualquier otro colectivo que se pasea por el libro y la pantalla se conceden lo que desean, que ya habrá justificación a posteriori para todo.

Y así, presenciamos ese juego mortal donde lo que más nos extraña es que alguien pueda llegar a ser viejo blandiendo una espada. Y durante un rato vemos nuestra naturaleza más íntima en estado puro, sin artificios, nunca tan sangrante. Y lo que es mejor, cuando cerramos el libro o termina el capítulo, podemos volver tranquilamente a nuestros quehaceres sin sentir que nos puedan rebanar el cuello, y sin tener que combatir por respirar un día más… aunque muy probablemente nuestras personales cuitas, nuestros temores por un enemigo de nombre extraño, habitante de un lugar que no conocemos, o por alguna grieta cercana en nuestro cada vez más precario bienestar nos impidan conciliar el sueño en nuestra seguramente hipotecada fortaleza.

@rosenrod

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