Cardenal

Publicado por el May 6, 2012

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Adoro la polémica que recorre los meandros de los premios literarios. Y este año el premio Reina Sofía de Poesía es, en ese sentido, perfectamente navegable hasta muy cerca del manantial. Todo jurado es soberano, desde luego, y más este, pero ha resultado un poco incomprensible este año. Los miembros del jurado no sueltan prenda, pero debió haber lucha puesto que este año tocaba, según la tradición, un autor de este lado del Atlántico.  Saltada la ley no escrita, debe haber una razón

Empecemos a remar, al vivo ritmo del resabio castellano de los refranes: No se puede estar en misa y repicando...

El premio es de ámbito iberoamericano y ha reconocido este año a Ernesto Cardenal, cuya personalidad resulta enemiga, entre otras grandes instituciones, de la síntesis: poeta y sacerdote, miembro relevante de la teología de la Liberación, político y revolucionario sandinista. Y -añado- gran traductor de Ezra Pound y fenomenal antólogo, solo o en compañía de otros, como el gran José Coronel Urtecho (por cierto, qué curiosa reunión de autoridades la de sus libros compartidos: Cardenal y Coronel…)

El caso es que el premiado, que ha estado toda su vida en misa y repicando, en la poesía y la guerrilla, en la trapa silente y en la ruda protesta, tiene una querencia muy marcada -pasados unos años y supongo que muchos problemas- contra los cimientos de su propia biografía. No es broma, hagan un poco de recuento: Abjura de la revolución con la que triunfó y que le hizo ministro. Acusa a Daniel Ortega de todo menos de ser bueno (claro que en este caso, y tal vez en otros, no le falta razón, porque con esos bueyes arábamos contra Somoza, como se ha visto) y en su entrevista con ABC ponía al Papa, nunca mejor dicho, de chupa de dómine. Ay, la revolución y nosotros que la queríamos tanto. Con Vallejo: “¡Oh alma! ¡Oh pensamiento! ¡Oh Marx! ¡Oh Feuerbach!”

El caso es que Cardenal -cómo no apuntar al clero para guardar las espaldas del propio nombre- ha creado una marca progre total, muy respetada en el hemisferio, un púlpito concienciado y comprometido -en un sentido del siglo pasado- con la realidad política y poética: es decir, ha creado una marca polética.

Esa marca es muy reconocida y respetada, moralmente, aunque reconozco que disfruté de lo lindo viendo los comentarios que su designación para el premio mereció en profundos conocedores y figuras de la poesía como Aurelio Asiain o Guillermo Sheridan que festejaban al jurado y al premiado ecuánimemente en Twitter, con citas de Cardenal como

“Anoche soñé con un coito/
un sueño realista, hiperrealista./
Me martirizás con la carne/
para que te quiera más/
mas no carnalmente”

o

“Como latas de cerveza vacías (sic) y colillas/ de cigarrillos apagados (sic), han sido mis días…”  Poema de E Cardenal. ¿Se puede creer?

Y rasgos de humor com0

“Don Francisco de Quevedo debería ser el único premiado siempre. ¿No habrá un ayuntamiento mexicano con humor para hacerlo?”

[…]

En fin, no se puede negar que el premio ha tenido una merecida trascendencia, más allá de la poesía. Con todos los respetos merecidos por la trayectoria de este galardón, y citando a uno de sus más dignos representantes, el fallecido José Ángel Valente, hay que distinguir conscientemente la palabra poética de la palabra de poder. Muchos poetas han cruzado la casi invisible frontera que separa a ambas, pues la palabra poética es poderosa, pero a su manera, no por sus cálculos telemétricos de incidencia. Es una grieta de un milímetro pero es un abismo y quien lo cruza no puede volver a utilizar limpiamente la palabra poética, contaminada por una intencionalidad exótica. Ya dijo Claudio Rodríguez aquello de “esas causas tan justas en esos versos tan injustos…!”

Está claro que Cardenal ha recorrido la frontera y la ha cruzado de día y de noche, de resultas de lo cual hay en su poética telemetría, que es una cualidad propia de artilleros. Sus causas son justas, desde luego, pero este premio ha sido menos sorprendente y más incontestable en días pretéritos. ¡El prestigio del revolucionario es hoy una cosa tan infantil! Y no es que a Cardenal le vengan mal los premios, que recientemente recibió uno grande en Chile, que le sirvió para algo tan poco poético como recibir merecidos apoyos despues de una torticera venganza de Daniel Ortega. ¿Pero es que la poesía no es otra cosa? ¿Y tú me lo preguntas?

Me quedo con su antología de Pound, no conozco otro Cardenal mejor. Grandioso por ahí, el premio (a la traducción).

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