Obama, Shakespeare y el espejito mágico

Publicado por el May 2, 2012

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Obama viaja a Afganistán y un periodista compara desde Washington su arenga con la de Enrique V en Agincourt, la gran batalla librada en 1415 y que fue relatada por Shakespeare. Se ve que es un tío prudente y ponderado este Chris Matthews. Las (pocas) diferencias saltan a la vista:

El arte de la analogía política es un sendero bordeado de riscos a ambos lados, que podrían ser bautizados como los “abismos del ridículo“.  Cada vez que un analista político (o un político) invoca el ancestro literario o histórico de un suceso real y presente lo hace contra natura y resulta difícil convencer a una audiencia inteligente de que no está utilizando espuriamente esta arma retórica.

La praxis política se ha convertido a menudo en el antídoto de los discursos fuertes… desde la oración fúnebre de Pericles, o así. El teatrillo al que nos han acostumbrado nuestros gobernantes hace que, incluso en momentos de tribulaciones, cualquier cosa que se aparte de las cuentas y los pactos, del agua turbia que alimenta la política, parezca fuera de lugar o sospechosa.

Al fin y al cabo la literatura está también para hacer soportable el dolor, la pérdida o la derrota. Incluso la muerte, pero nunca de manera preventiva.

Cuanta más escasa sea la apelación de los políticos a las emociones, mejor. El ácido del nacionalismo y las rutas imperiales no casan bien con la realidad, que es más compleja que cualquier explicación que queramos darle. Afortunadamente.

Por ejemplo, Argentina y Bolivia están estos días henchidos de apelaciones a la soberanía energética mientras lanzan venablos contra los colonizadores españoles. Cuando parece que sus motivaciones podrían tener explicaciones mucho más crematísticas. Pero el político ebrio de historia siempre tiene a mano el: “espejito, espejito, ¿quién es el más…?”

No seamos disolventes. No da todo igual. La obra de un buen gobernante, o los logros de un gran hombre, seguramente sí merecerán su libro o su canción. Oh capitán, mi capitán!

Pero para eso hay que tener un poquito de paciencia, dejar al político terminar su empeño o su mandato. No vale querer la gloria antes del finis coronat opus. Un ejemplo: No hay que escribir un himno a la alianza de civilizaciones antes de saber qué hará Evo Morales con Red Eléctrica. ¿Me comprenden?

Ya sé lo que están pensando: Para el caso que nos ocupa, tampoco Obama, que ya lleva ¿cuatro o cinco libros autobiográficos? antes de la reelección, parece el mejor ejemplo a seguir.

¿Y en España? ¿Con qué personaje o evento histórico comparamos lo que nos ocurre?

Hummm… pensaremos en ello.

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