Cuando el fracaso se vende con éxito.

Publicado por el Apr 26, 2012

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En estos tiempos de crisis es bueno encontrar modelos patéticos que nos ilustren y consuelen con sus batacazos. Leer sobre las andanzas de ese escritor afiliado al primer puesto de la lista de ventas del New York Times desde que  publicó su primera novela con diecinueve años puede ser motivo de depresión para el autor novel o para aquel que, aunque publicado, libra cada día una lucha sin cuartel contra agentes, editores, distribuidores y demás molinos de viento. Por eso la mayoría preferimos saber que a Stephen King le rechazaron el manuscrito de Carrie en más de doce editoriales antes que enterarnos de que La soledad de los números primos, primera novela de Paolo Giordano, catapultó a su autor al estrellato literario mundial sin pasar por el banquillo.

El éxito atonta y el fracaso espabila. Pero entonces, ¿por qué todos anhelamos lo primero y huimos de lo segundo? La respuesta es sencilla: porque hablamos de nuestro éxito y de nuestro fracaso. Si nos referimos al de los otros, las reglas se invierten.

Sin caer en el viejo tópico de que aplaudir los fracasos ajenos y despreciar los éxitos es deporte nacional, mencionaremos aquí otra modalidad, mucho más sana y enriquecedora: estudiar los fracasos del triunfador. Ver a un escritor andando sobre las aguas a la primera de cambio lleva sin duda a la frustración. Pero si le vemos hundirse y ascender varias veces hasta que consigue mantenerse, aparte de reírnos o compadecernos de él (según talante),  estaremos asistiendo a una impagable lección. Todos somos, en origen, perdedores. Igual que los embriones mamíferos son, por defecto, hembras, todos venimos al mundo igual de desvalidos y con el mismo carromato lleno de enanos crecientes. Pero esto no quiere decir que el fracaso sea una empresa fácil: hay que currárselo. En primer lugar, para fracasar hay que tener una ambición. Los aspirantes a escritores son, por lo general, seres disfuncionales con una ambición tan clara como legítima: escribir sobre ellos mismos y que la gente los lea. Bien. Ahí tenemos un claro ejemplo de  nacidos para perder. Aunque a veces, a base de pegársela contra un muro de hormigón, derrapar en lo sentimental y tener una nevera con más eco que el Gran Cañón, el éxito les alcanza. ¿Cómo? Ni idea. Ahí está la aventura.

Todo esto viene a cuento de A salto de mata, el primero libro de memorias de Paul Auster. Aunque había leído alguna de sus novelas, nunca me había acercado al personaje; y este pequeño volumen de apenas 150 páginas que cayó en mis manos el pasado 23 de abril mientras paseaba meditando sobre mis propios fracasos, me hizo salir de ese desconocimiento.

Auster es quizás el máximo exponente de éxito que nos podemos encontrar en el panorama cultural actual. No hablo sólo de literatura, sino de éxito en todos los ámbitos. Y por tanto, alguien a quien cualquiera en su sano juicio desearía odiar. Porque, sinceramente,  ¿quién no detesta a un hombre atractivo, inteligente, que escribe libros y dirige películas, que está casado con Siri Hustvedt, que vive en Nueva York, que es invitado a festivales de cine, que recibe galardones y que, encima, triunfa más en Europa que en Estados Unidos, con el prestigio intelectual que eso reporta? Ah, pero no siempre fue así. En el librito de marras, publicado en 1997, el autor de Brooklyn Follies confiesa que a los treinta años su vida era un maldito infierno. Sus libros no se vendían, su matrimonio se hundía, sus maratonianas sesiones de trabajo como traductor no le daban un respiro y, encima, cada fin de mes se veía al borde de la pobreza. ¿Cómo salió de esa ruinosa situación? El libro no lo desvela, pero el hecho de que exista y se siga reeditando ya nos está dando una clave digna de ser estudiada y, si se puede, imitada.

Lo reconfortante de esta lectura angustiosa se mezcla con lo paradójico de que esa misma oda al fracaso forma ahora parte del éxito de su protagonista. Por sólo narrar lo mal que lo pasó, Mr. Auster se embolsa un pingüe porcentaje en derechos de autor.

Por tanto, querido aspirante a escritor, no desfallezca cuando la editorial no responda o responda con negativas. Hay posibilidades de que en un futuro no muy lejano se haga usted rico difundiendo sus miserias.

@Jorge_Magano

 

 

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