Los riesgos de “más gobierno” en Internet

Publicado por el may 25, 2015

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Es sabido que uno de los principios capitales en la preservación del carácter libre y abierto de Internet es la multilateralidad de su peculiar modelo de gobernanza: ni los gobiernos, ni las empresas, ni la comunidad científico-tecnológica, ni la sociedad civil la gestionan en exclusiva, sino que son todas estas organizaciones e instituciones las que, de modo conjunto, cooperan en torno a ICANN y IANA para hacerla realidad.

La necesidad de la gestión multilateral ha venido siendo unánimemente compartida, con ligeros matices, por todos los países occidentales, en cuanto que principales garantes de la Internet libre y abierta. Y no sin dificultades, dado que ese principio está siendo crecientemente cuestionado desde hace alrededor de una década por Estados tan poderosos –aunque igualmente tan poco respetuosos de los derechos y libertades- como China o Rusia, secundados más pasivamente por otros como Brasil.

Un cuestionamiento ejecutado a la vez con inteligencia, pues pretende apoderar a las Naciones Unidas – a través de su brazo de telecomunicaciones, la UIT- con el núcleo de tales funciones de gestión: nada a priori más legítimo y razonable que apoderar para ello a las Naciones Unidas, y no a ningún Estado en concreto (como hasta ahora con los EE.UU. viene ocurriendo)… si no fuera porque, tras esa aparente inocencia, se oculta el interés de Estados poco escrupulosos con la libertad como los citados por dar al traste con la naturaleza abierta y libre de la Red, que es la que en esencia ha hecho de ella lo que hoy es, en términos de libertad y prosperidad mundiales.

Esta situación se encuentra en estos mismos meses en pleno proceso de transición. Es a resultas de la decisión de la Administración norteamericana de marzo de 2014 de alterar el método de gestión de los nombres de dominio en Internet, hasta ahora desarrollado por ICANN y IANA bajo la última responsabilidad del propio gobierno estadounidense. El proceso ha de concluir en septiembre de 2015.  

En este contexto, fuentes de Internet Society exponían la pasada semana que, mientras que todos los Estados miembros de la Unión Europea comparten el principio de multilateralidad, comienzan sin embargo a surgir disensos entre algunos de ellos a propósito del grado de admisibilidad de involucración de los gobiernos. Concretamente Alemania, Bélgica, Francia, Italia y la propia España estarían interesadas en que los gobiernos tuvieran un mayor peso en el proceso de adopción de decisiones de IANA respecto de los nombres de dominio, es decir, del corazón del proceso de adopción de decisiones en el gobierno de Internet. Otros Estados como el Reino Unido asimilarían aquí su posición a la de los EE.UU., más favorables al equilibrio entre gobiernos, empresas y comunidad científico-tecnológica.

Más allá de que una discrepancia tan relevante puede resultar lesiva de los intereses europeos en torno a esta cuestión, este disenso me preocupa sobre todo por lo que supone de riesgo para la posición de todo Occidente, que como acabo de exponer, es hasta ahora la mejor garantía del carácter libre y abierto de la Red.

Con independencia de la inversión efectuada en los cincuenta por la Administración estadounidense, Internet no necesitó de la gestión directa, ni de éste, ni de ningún otro gobierno, para surgir, crecer y haberse llegado a convertir en lo que hoy es. Como apunta el profesor de Temple University David Post, bastaron para ello los “Requests for Comments”.  Los gobiernos autocráticos tratan deliberada y persistentemente de hacer olvidar esta idea: aún recuerdo la “furia” de un diputado de la Duma rusa cuando se la traje a colación en una reunión internacional promovida por el Consejo de Europa en marzo de 2104. E idea que también debiera ser especialmente tenida en mente por los gobiernos de la UE que ahora promueven esa mayor involucración gubernamental.

Por lo recién dicho, lo ideal sería que ni ellos ni ningún otro gobierno alterasen ese “equilibrio mágico” que ha hecho de la multilateralidad una fórmula de gobernanza tan extraordinariamente exitosa. Con todo, lo peor distaría obviamente de ser que gobiernos como los europeos mencionados asumieran un papel en principio y hasta hoy innecesario y por ello inconveniente. Lo verdaderamente peligroso para la Internet abierta y libre sería que Estados con estándares como el ruso o el chino (o el iraní, venezolano o norcoreano) terminasen en condiciones de interferir con el carácter multilateral de la gobernanza de Internet, merced a “su visión” de esa Red libre y abierta, desde luego muy alejada de la que Occidente promueve.

Ojalá que los cinco países europeos hoy más favorables a la involucración gubernamental, y especialmente España, disciernan con más claridad que hasta ahora que esa mayor implicación también lo sería de gobiernos decididamente opuestos a nuestra visión de lo derechos. Y así lo hagan valer en las reuniones internacionales sobre estos asuntos que se irán desarrollando en los próximos meses, a partir de esta misma semana.

Hay demasiado en juego, siendo hoy Internet una plataforma absolutamente decisiva, quizá la fundamental, para el desenvolvimiento de la libertad.

 

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