Los nuevos “partidos digitales” y la posible transformación del sistema político español.

Publicado por el mar 8, 2015

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Cosas de la política profesional: los ciudadanos españoles estamos del todo acostumbrados a que los partidos los crearan y los poblaran personas del entorno por así decir político, público, estatal: el ejemplo paradigmático es quizá el caso del Partido Popular, a cuyo fundador, Manuel Fraga, ajustaban como un guante esos tres calificativos, dada su condición de exministro y alto funcionario. A partir de aquí, y con mayor o menor éxito, pero siempre con viabilidad inicial, fueron surgiendo opciones como el Centro Democrático y Social de Adolfo Suárez, el Partido Andalucista de Rojas Marcos o la Eusko Alkartasuna de Carlos Garaikoetxea.

A la par, ya desde el comienzo de la restauración democrática en 1977, vinieron surgiendo partidos nacidos puramente de la sociedad civil, es decir, encabezados por personas ajenas al círculo de la política profesional. Sin embargo, ninguno de ellos pasó nunca el listón de opción exótica e incluso excéntrica: el electorado, sencillamente, justo por el hecho de no encontrar en ellos ninguna referencia conocida de algún político profesional, no los tomaba en serio.

Es verdad que un partido tan trascendental en nuestro sistema político como es el PSOE había también surgido prácticamente de la nada, pero lo había hecho nada menos que en 1879, cuando el contexto general de la política española era muy otro. Para 1978, el PSOE era ya sin lugar a dudas un partido de sistema y sus líderes, personas rápidamente homologadas a la clase política que desde el post-franquismo edificó la Transición.

La irrupción de Podemos y de Ciudadanos apunta por todo ello a ser un acontecimiento de enorme relevancia para el sistema político y partidario español, pues podría dar al traste con las dos pautas indicadas de nuestra democracia: ambos son partidos surgidos netamente de la sociedad civil, mayoritariamente formados por personas ajenas a la política profesional y que pese a ello, no son percibidos por el electorado como opciones de voto exótico ni excéntrico, sino como fuerzas que pueden realistamente aspirar a ocupar posiciones determinantes en nuestra política. 

Más allá del papel de la TV en el caso de Podemos y su principal líder, y de cierta experiencia política de la principal figura de Ciudadanos, parece obvio que son Internet y las redes sociales las que han hecho posible esta situación: sin la velocidad y la capilaridad de este sistema de comunicaciones, cuesta pensar que ninguno de ellos hubiera podido aspirar a llegar tan lejos en tan poco tiempo.

El despegue de uno y otro permite incluso vislumbrar el fenómeno UPyD, que en gran medida podría quedar desbordada por Ciudadanos, como un partido de transición: fundado y encabezado por una representante de la política profesional, creció no obstante a la velocidad y con la amplitud territorial que lo hizo gracias a Internet y las redes sociales.  

Cierto que conviene ser muy cauto, pues los datos que dan pie a estas reflexiones – más allá de los resultados entonces muchos más moderados que ambas formaciones obtuvieron en las elecciones europeas de hace algo menos de un año -, proceden de meras encuestas y es bien sabido que una cosa es la opinión manifestada en una encuesta y otra bien distinta el voto que termina por introducirse en la urna electoral. Más allá de que, tras el ínterin de las elecciones andaluzas, resta previsiblemente aún más de medio año para que a fines de 2015 se celebren elecciones a escala nacional, toda una “eternidad” en el cómputo de plazos de la política, siempre infinitamente más lento que el normal (¿quién hubiera imaginado el salto de Ciudadanos solamente unas semanas atrás?).

Sin olvidar pues dicha cautela, el sistema político español presenta síntomas de fractura en dos secciones cada vez más diferenciadas, y que no son las clásicas de derecha-izquierda, sino entre dos grandes partidos tradicionales (uno de derecha-centro derecha y otro de izquierda-centro izquierda), directos herederos de la Transición, y llamados a retener -al menos por ahora-, junto al voto de sus electores más fieles, probablemente también el de las generaciones “menos digitales”; y otros dos nuevos, que podríamos denominar “partidos digitales” (uno de centro-centro derecha y otro de izquierda), que aglutinan votantes por lo general más jóvenes y más dinámicos, que desean introducir cambios más o menos profundos en el actual sistema político (incluso en el económico en el caso de Podemos) y que desde luego atraen con gran fuerza a los comúnmente llamados “nativos digitales”. 

¿Podría ser ésta la futura configuración del sistema español de partidos?

diagrama politico

Fuente: Elaboración propia.

 

Si este escenario llegara a hacerse realidad, el tiempo dirá si los dos grandes partidos tradicionales lograrán adaptarse a estos nuevos tiempos y contraatacar recuperando terreno frente a los partidos digitales, quizá incluso hasta restaurar el bipartidismo clásico de origen; si por el contrario, serán los digitales quienes conquisten cada vez más terreno a los adversarios tradicionales, hasta terminar instaurando otro bipartidismo… bien que muy diferente del actual, un bipartidismo en cierta medida “digital”; o si todos habrán de convivir largo tiempo, en un equilibrio tetrapartidario nada sencillo, pero que fue curiosamente también (entonces con UCD, PSOE, PCE y AP), el que dio origen a la propia Transición.

 

 

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