“Los akamais” o la Internet de cercanías.

Publicado por el Jun 19, 2014

Compartir

En una entrega anterior de este espacio hacíamos referencia a un muy interesante trabajo de octubre de 2012 del profesor de Pennsylvania Christopher Yoo, cuya idea clave es la de que el entorno tecnológico y económico de Internet ha cambiado drásticamente desde mediados de la década de los noventa, años en que se implantó entre el gran público. Uno de los cuatro grandes cambios subrayados por Yoo es el surgimiento de relaciones de negocio más complejas, que se suman a las clásicas entre proveedor de servicios de acceso a Internet y usuario de la Red: entre esas nuevas relaciones comerciales figuran destacadamente las de las llamadas redes de distribución de contenidos (CDNs o Content Delivery Networks en su acrónimo inglés).

En un clarificador trabajo de julio de 2010, los investigadores de Harvard, Universidad de Massachusetts y la empresa Akamai Erik Nygren, Ramesh K. Sitaraman y Jennifer Sun apuntan algo, no por bien sabido, menos importante: que “aunque a menudo considerada una única entidad, Internet se compone en realidad de miles de redes diferentes, cada una de las cuales proporciona a su vez acceso a un pequeño porcentaje de usuarios finales”. 

Concretamente, a fecha de 16 de junio de 2014, Internet englobaba 47.342 redes activas (o “ASes”). Así lo refleja la figura siguiente, que muestra también la evolución de esa cifra desde el 30 de septiembre de 1996.

       ASes

                                Fuente: http://www.cidr-report.org/as2.0/

Eso sí, de nuevo según Nygren, Sitaraman y Sun: “Ni siquiera la mayor de esas redes supera el 5% del tráfico de acceso a Internet, mientras que a partir de ahí los porcentajes se desploman. De hecho, son necesarias más de 650 redes para alcanzar el 90% de todo el tráfico de acceso. Lo que todo esto significa es que cualquier contenido almacenado en un determinado servidor debe atravesar múltiples redes para llegar hasta sus usuarios finales.”

El ingeniero español José Morales Barroso complementa estas ideas al señalar – como hizo en febrero de 2014 en un curso organizado por el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid –  que “Internet es una red de ordenadores en la que los recursos están distribuidos”, pudiéndose además “acceder a ellos sin limitación”.

Ahora bien, según explica el propio Morales Barroso, “este modelo de Internet está colapsado hoy en día”. La razón queda acertadamente expuesta por Nygren, Sitaraman y Sun: “La arquitectura de Internet jamás se diseñó para soportar los niveles de rendimiento, fiabilidad y escalabilidad que las actuales aplicaciones comerciales exigen, lo que genera significativos obstáculos técnicos para quienes desean ejercer su actividad económica en la Web.” Y esas “actuales aplicaciones comerciales” incluyen desde radio por Internet, hasta billones de horas de vídeo, o archivos de toda índole de alto consumo de ancho de banda.

El principal de los obstáculos referidos, a su vez provocado por toda una serie de razones técnicas, serían los “cuellos de botella” de la que podríamos denominar “Internet de larga distancia”. Me valdré de un símil para ilustrarlo: es sabido que al desdoblar en cuatro una carretera de dos carriles que une dos grandes ciudades, las obras (y por tanto la inversión) comienzan a volcarse en los kilómetros más próximos a cada una de ellas, de manera que un número más elevado de personas puedan beneficiarse antes de la mayor capacidad de tráfico; sin embargo, si se desdobla la carretera es porque el intenso tráfico lo ha llegado a hacer necesario; y si bien esa necesidad se siente con mayor intensidad en sus extremos más poblados, también existe en los puntos intermedios, donde no obstante la carretera sigue teniendo dos carriles. Otro tanto sucede aquí: como resaltan Nygren et al., las inversiones son cuantiosas en la archi-famosa “last mile”, que conduce a la ubicación física del usuario; y también en la “first mile”, que hace posible que quien lo desee coloque sus contenidos en Internet: pero son mucho más escasas en los puntos intermedios, en la llamada “middle mile” de la Red. De aquí la alta probabilidad de estos cuellos de botella. La siguiente figura muestra estas ideas con claridad.

cercaNet

                            Fuente: Dr. José Morales Barroso.

Si todo ello es así, ¿cómo es que Internet sigue entonces funcionando y no ha quedado colapsada? Morales Barroso nos da una contundente respuesta: “Internet funciona gracias a ´los akamais´ y similares.”

Y, ¿qué son “los akamais”? Son operadores de Internet, ordinariamente empresas, dedicadas a eso que al comienzo de este trabajo denominábamos “distribución de contenidos”. En puridad, y con un carácter más amplio, debiera hablarse de “distribución de datos”, pues como tales “datos” pueden considerarse tanto los contenidos propiamente dichos que estas redes transportan, como lo que con mayor corrección habría de llamarse “aplicaciones”.     

Técnicamente, y siguiendo una vez más a Nygren, Sitaraman y Sun, una “red de distribución es una red virtual construida a modo de capa de software sobre la propia Internet y desplegada a través de hardware altamente capilarizado”.

Es precisamente su elevada capilarización la que constituye el principal valor añadido de tales redes. Akamai, la mayor y más conocida de todas ellas, dispone de más de 150.000 servidores distribuidos a lo largo de 92 países, integrados en más de 1.200 redes. Siendo a su vez esa gran capacidad de distribución de los datos lo que hace de estas redes la actual “tabla de salvación” de Internet, al posibilitar que sus clientes esquiven los cuellos de botella que se forman en los puntos intermedios (“middle mile”) de la Internet de larga distancia.

Tres son los criterios que en principio pueden seguir las redes de distribución para capilarizar los datos que transportan: distancia (distribuyendo desde el punto más cercano al usuario final), rendimiento (desde aquellos servidores que estén más desahogados) y coste (desde los más baratos para el cliente). A pesar de ello, el más relevante termina siendo la distancia, pues el rendimiento estará ordinariamente condicionado por la distancia (en función de lo recién explicado a propósito de la “middle-mile Internet”); en tanto que el coste puede directa o indirectamente terminar estándolo por uno u otro factor.

Y aquí es donde operadores del tipo de Akamai explotan su ventaja competitiva, gracias a su capacidad para ofrecer sus servicios de distribución de datos desde el punto más cercano al usuario final, sorteando así en la mayor medida posible los temidos cuellos de botella. En el fondo, lo que este tipo de operadores ofrecen a sus clientes es transformar para ellos la Red en una auténtica “Internet de cercanías”. Más concretamente, y dado que ofrecen este tipo de prestaciones en la nube, lo que estas redes dan a sus clientes es en realidad un servicio de “Cloud de cercanías”.

Por eso tenía toda la razón Yoo al resaltar la importancia del contraste entre el modelo de negocio de estas redes y el por así “tradicional” entre proveedor de acceso a Internet y usuario final (corporativo o consumidor). Y por eso también, los proveedores de acceso por antonomasia, las operadoras de comunicaciones electrónicas, están cerrando acuerdos estratégicos de cooperación con algunas de ellas (es el caso de Telefónica, desde marzo de 2014, con Akamai). No en vano, solo esta última empresa es responsable de alrededor del 20% del tráfico de la Web.

Y desde el punto de vista legal, ¿plantean estas redes de distribución problemas o ventajas específicos? Sin pretensión alguna de exhaustividad, he detectado algunas ventajas y un presumible problema.

1. Comenzando por las ventajas, y en efecto, estas redes podrían ayudar a resolver uno de los mayores desafíos del cloud computing: es sabido se trata de la posible transferencia internacional de datos más allá de jurisdicciones como las de los Estados de la UE, que cuentan con el estándar de protección en la materia más elevado del mundo. Grandes empresas proveedoras de servicios en nube ofrecen en este sentido como logro a sus clientes el evitar tal transferencia internacional (con los riesgos de menoscabo respecto de los datos que conllevaría, de terminar esos datos alojados en servidores sitos en Estados sin las suficientes garantías), garantizando que sus datos permanecerán en territorio de la Unión: un buen ejemplo es Microsoft, que ofrece sus servidores en Irlanda a sus clientes europeos de servicios cloud Azure. 

Ahora bien, si el cliente opta para sus servicios cloud por este tipo de redes de distribución, y si la red en cuestión es lo suficientemente densa y dispersa, no será difícil evitar de entrada ese riesgo de transferencia de los datos y conseguir que en todo  caso queden en jurisdicción UE, e incluso, dentro del propio país.

Una segunda ventaja lo es a efectos de superar uno de los principales escollos con los que se viene encontrando el Derecho de la Red: la jurisdicción aplicable a los conflictos surgidos en y alrededor de la Red, un delito en línea, por ejemplo, cometido por responsables de una empresa que se hubiera valido de los servicios de una red de distribución de datos tipo Akamai. Es en este sentido cierto que otras pautas pudieran resultar aplicables: así, y por seguir con el ejemplo, la de los efectos en el Estado de nacionalidad de la víctima (seguida entre otros por la Corte de Casación italiana); o la que apodera a conocer de la causa a los tribunales de cualquier Estado donde se hubiera cometido una parte del tipo (aplicada por el Tribunal Supremo español). Con todo, también es evidente que la mucho más factible ubicación de los servidores en el territorio del propio Estado de la víctima o del presunto autor, o de ambos, derivado de la elevada capilaridad de las redes de distribución de datos más notorias, facilita la asunción de jurisdicción por parte del Estado en que dichos servidores radiquen, con el consiguiente refuerzo de la seguridad jurídica en la persecución del ciberdelito, y por supuesto en general, en el enjuiciamiento de cualesquiera conflictos derivados del uso de Internet (tales como difamaciones, o infracciones de propiedad industrial o intelectual entre tantos otros).  

2. En lo que a los problemas se refiere, probablemente el más notorio surge al hilo de los criterios de responsabilidad de los intermediarios establecidos en la Directiva 2000/31/CE (y en España, en la Ley 34/2002 que la desarrolla). Unos criterios que, como claramente destaca el Considerando 42 de la Directiva, se cifran en la existencia de control o conocimiento sobre los datos en cuestión por parte del intermediario, en este caso el operador de la red de distribución de que se trate. Y unos criterios que se aplican de modo diferente en función de que la actividad del intermediario o proveedor consista en la mera transmisión, la realización de copias accesorias y transitorias (caché), o el almacenamiento, al ser el control o el conocimiento altamente improbables en los dos primeros casos y en cambio mucho más verosímil en el último de ellos.

La pregunta que sin embargo surge es cuál de estas actividades desarrollan las redes de distribución. En principio, pueden llegar a realizar cualquiera de ellas, pues transportarían, efectuarían copias tipo caché (si fuera preciso y si los datos fueran susceptibles de ello, aun cuando esto no siempre sucede) y albergarían contenidos y/o aplicaciones en sus servidores. Y si ello es así, nada impide tampoco pensar que, por ejemplo respecto de un determinado cliente y operación, se desarrollaran todas ellas: por ejemplo, en una retransmisión de streaming de un acontecimiento deportivo masivo, la inauguración de una Olimpiada sin ir más lejos: una empresa tipo Akamai o LimeLight, comisionada por una emisora televisiva del país anfitrión, podría acabar transportando, copiando la imagen en caché y almacenando en sus servidores la señal de vídeo producida por su cliente: ¿qué ocurriría por ejemplo entonces si ese cliente de la red de distribución LimeLight resultara demandado por presunta infracción de derechos de propiedad intelectual sobre la señal difundida? ¿En qué concepto respondería LimeLight, de mero transmisor, de reproductor de copias caché o de almacenador del contenido? 

Podría fácilmente argüirse que bastaría poderlo calificar como almacenador para poder también imputarle la responsabilidad agravada que deriva del régimen previsto para el hosting. No obstante, lo que parece que el legislador europeo tiene en mente cuando agrava la responsabilidad para quien almacena es una actividad económica específicamente consistente en ese almacenamiento (el caso de YouTube sería paradigmático, pues si ese sitio no albergara vídeos, perdería toda su razón de ser). Aquí sin embargo, “los akamais” y similares albergan a fin de realizar una actividad principal, la que constituye en realidad su negocio: la de distribuir el dato (contenido o aplicación).

En consecuencia, empresas de distribución de datos de este tipo podrían quizá argumentar ante ejemplos de responsabilidad como el que nos ocupa que el régimen que con mayor adecuación debería aplicárseles sería el de mera transmisión, al ser ésta el elemento dominante. Y sin embargo albergan (y a veces, copian en caché), lo que puede complicar grandemente la situación.

Y es que, en el fondo, lo que parece sucede es que la Directiva 2000/31/CE ni tenía, ni podía siquiera tener en mente un modelo de negocio que daba sus primeros pasos algunos años después de su propia entrada en vigor. Lo que a estos efectos tiene en mente la Directiva es el clásico modelo “cliente-servidor”: bien de proveedor de acceso que contrata justo eso con su cliente, el acceso a la Red (así Orange conmigo como usuario); o el de proveedor de contenido que “contrata” con el usuario, por activo que pueda ser, el almacenamiento de cualesquiera contenidos, incluso por él generados (ejemplo, el citado de YouTube).

No parece por tanto que la Directiva prevea la concentración de esas tareas en un solo operador, como puede ser Akamai. Basta en cambio lo hasta aquí expuesto para que, creo, esté sobradamente justificado prever un régimen especial para este tipo de operadores, que tenga en cuenta su singularidad y evite problemas interpretativos que, más pronto que tarde, se comenzarán a presentar.

Compartir

ABC.es

La ley en la Red © DIARIO ABC, S.L. 2014

Una visión en profundidad de la actualidad de Internet desde perpectivas jurídicas, sociales y políticasMás sobre «La ley en la Red»

Etiquetas
Calendario de entradas
julio 2017
M T W T F S S
« Feb    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31