Internet y la cumbre de la UIT en Dubai (I)

Publicado por el Dec 27, 2012

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La Conferencia Mundial sobre las Telecomunicaciones Internacionales (CMTI) ha demostrado que en Internet se ventilan ya asuntos políticos y económicos de importancia tan creciente como crucial.

La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) llegaba a Dubai lastrada por la mala prensa. Tanto algunas empresas (Google muy en particular) como organizaciones sociales estrechamente vinculadas a Internet habían venido denunciando desde meses atrás el intento de la UIT por ganar poder de decisión en la gobernanza de la Red. También se venía temiendo la supuesta simpatía de la UIT hacia las intenciones de las operadoras de telecomunicaciones de “equilibrar” los modelos de negocio en la sociedad de la información, con vistas a favorecer la inversión en nuevas infraestructuras y el mantenimiento de las existentes, por supuesto a fin de aliviar sus actuales cargas. 
Tan feroces venían siendo las críticas, que en una reunión interna mantenida en Ginebra a comienzos de septiembre de 2012, la UIT decidía desarrollar una suerte de “contracampaña” para combatir la mala imagen de sus posiciones con vistas a Dubai. En un encuentro con representantes de la sociedad civil el 9 de octubre de 2012, la organización les presentaba un completo documento “contra los mitos” generados en torno a la cumbre. En tanto que el 23 de noviembre de 2012, el Jefe de la división de comunicación de la propia organización dedicaba una entrada de blog específica a combatir la campaña de Google contra la cumbre.
El problema es que esta “campaña” logró calar a fondo, no solo en la sociedad civil, sino también en algunos gobiernos, especialmente los occidentales, algunos de tanto relieve como el norteamericano o los europeos. Así, seguida por una decisión en similar sentido del Consejo de la Unión Europea de 30 de noviembre de 2012, el Parlamento Europeo aprobaba el 20 de noviembre de 2012 una resolución en la que instaba a preservar Internet como “un espacio público en el que se respeten los derechos humanos y las libertades fundamentales, en particular la libertad de expresión y reunión, y se garantice el respeto y el cumplimiento de los principios del mercado libre, la neutralidad de la red y la libertad de empresa”. 
La UIT no fue por tanto capaz de transmitir eficazmente a la opinión pública occidental y, en general, de los países con sociedades libres y por tanto más ancladas a Internet, lo que su secretario general, el maliense Hamadoun I. Touré, venía afirmando incansablemente: que la UIT no pretendía asumir control alguno de Internet, y que la cumbre y la propuesta de reforma del Reglamento de las telecomunicaciones internacionales (RTI) en modo alguno incluye aspectos relativos al contenido de Internet. Como tampoco que, nuevamente en boca de Touré, la cumbre de Dubai estaba principalmente enfocada a garantizar el acceso a las redes de telecomunicación, y en consecuencia a Internet, de esos 4.500 millones de personas (casi dos tercios de la Humanidad) que, en los países en desarrollo, permanecen aún desconectadas. 
No es pues de extrañar que, ante tamaño desencuentro inicial, la cumbre terminara fracasando en lo esencial: una reforma del RTI que lograse la unanimidad o, al menos, una mayoría abrumadora de votos favorables. Ciertamente se consiguió sacar adelante sin problemas resoluciones en materia de mayor transparencia y competencia en las tarifas internacionales de roaming para móviles, mayor conectividad para personas discapacitadas, mejora en las infraestructuras de países en desarrollo sin acceso al mar o compuestos de pequeños territorios insulares, tratamiento de residuos de aparatos electrónicos y mayor eficiencia energética o en favor de un buen uso de los recursos de numeración. 
Por otro lado, hubo acuerdo mayoritario en desestimar la citada pretensión de las operadoras de telecomunicación de “equilibrar los modelos de negocio” en el entorno digital, obligando a los proveedores de contenidos (tipo Facebook o Google) a colaborar en el mantenimiento y creación de infraestructuras de telecomunicaciones.
Sin embargo, la reforma del RTI terminó siendo respaldada por solo 89 Estados frente a 55, siendo ciertamente la población de aquéllos (entre los que se incluye China) la mayoría del total mundial; aunque también es verdad que ese número de 89 Estados dista mucho de los 178 que firmaron la versión anterior del RTI, constituyendo menos de la mitad de los 193 que en total componen la UIT. Al tiempo, los 55 Estados que no lo han respaldado representan con mucho el grueso del tráfico internacional de telecomunicaciones y una proporción elevadísima de la economía mundial, al agrupar a la Unión Europea, los EE.UU. y Canadá, Japón y Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, junto a India, por cierto, entre otros.
Esos 55 Estados discrepantes negaron su apoyo a un nuevo texto del Preámbulo del RTI que invita al compromiso de los Estados miembros de la UIT con el “respeto y respaldo de sus obligaciones sobre derechos humanos” en esta materia, al tiempo que reconoce “el derecho de acceso de los Estados miembros a los servicios internacionales de telecomunicación”. Tampoco respaldaron los discrepantes los nuevos preceptos del RTI referentes a seguridad y solidez de las redes de telecomunicaciones, spam y tráfico de servicios de telecomunicaciones internacionales.
En una declaración emitida el 14 de diciembre de 2012, la jornada final de la cumbre, la Comisión Europea explicaba por qué: esa reforma implica el riesgo de “ampliar el ámbito del RTI a asuntos relativos a Internet”, por lo que  “amenaza el futuro de la Internet abierta y de las libertades de Internet, pudiendo incluso socavar el crecimiento económico futuro”.
El embajador norteamericano Terry Kramer, máximo representante de los EE.UU. en la conferencia, afirmaba al negar su apoyo a la reforma: “Internet ha generado al mundo beneficios económicos y sociales inimaginables durante estos últimos 24 años [la versión del RTI hasta ahora vigente data de 1988]. Todo ello sin regulación alguna de las Naciones Unidas”. 
El secretario general Touré, por el contrario, manifestaba en fechas inmediatamente anteriores a la cumbre: “[En la UIT] hemos sobrevivido dos guerras mundiales y 70 años de la Guerra Fría, y si los Estados miembros no se hubieran reunido para llegar a acuerdos, no habría ningún satélite en órbita, ni espectro alguno asignado, ni radio o televisión – ni siquiera Internet.”
Resulta curioso: para unos, “la regulación de Naciones Unidas”, es decir, el RTI, es perfectamente innecesario. Para otros, la regulación de la UIT es sencillamente imprescindible.
Y esta reforma del RTI pretendida y llevada a cabo en Dubai ha permitido visualizar con particular claridad las dos posiciones en tan abierto conflicto. 
A la vista de cada una de ellas, el primer impulso es optar “en grueso” por una o por otra. No obstante, un análisis detenido de ambas permite percibir matices.

Continúa en el próximo número […]

 

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