Internet por fibra óptica: aún cosa de Telefónica

Publicado por el Apr 29, 2013

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El comentario de esta semana surge al hilo de una historia personal. Comenzó este pasado invierno, cuando cerca de mi casa, vi a unos operarios trabajando en una zanja. No sabía si sería el gas, o el agua o la electricidad, de manera que me acerqué a preguntarles si por curiosidad podían decirme qué estaban haciendo. Afortunadamente, me respondieron lo que yo quería oír, pues llevo mucho tiempo, como tantos de nosotros, lamentando una conexión a Internet lenta, defectuosa e ineficiente: “Estamos instalando fibra óptica para Telefónica”. Y al hilo de una repregunta mía, repitieron esa coda final: “Para Telefónica” (eran operarios de una empresa tercera).

Hace apenas unos días, “el cierre del círculo…”, pues recibía en mi domicilio la visita de un comercial del operador con “peso significativo en este mercado” de banda ancha, la propia Telefónica, que venía a ofrecerme: fibra óptica a 100 Mbs reales de bajada (y 10 de subida), con fusión de contratos de línea fija y móvil, siendo además posible incluir los móviles del resto de la familia y contando a su vez estos contratos con beneficios tremendamente sustanciales, tanto en cuotas, como en minutos de voz o en capacidad y velocidad de datos. En suma, una oferta sencillamente irresistible y que hace saltar por los aires, de lejos, las condiciones que tengo con mi actual operador, uno de los alternativos.

Y aquí comenzó mi inquietud. Personalmente, cómo no, estoy encantado de haber recibido la oferta, que es posible termine por aceptar (las elevadas cláusulas de penalización por romper mis actuales contratos son en realidad la única causa de que no haya dado el paso ya).

No obstante, y por un lado, me preocupa que sea solo Telefónica la que hoy por hoy esté en condiciones de ofertarme este servicio: ¿qué ocurre si, por quién sabe qué razones, decido mañana cambiar de operador? ¿Bajo tranquilamente de vuelta a mis actuales 20 Mbs nominales (en torno a 6 u 8 reales)? Es más fácil escribirlo que soportarlo… Además, mi desventaja se acentúa porque en mi zona no dispongo de cobertura de cable (HFC, Hybrid Fiber-Coaxial), única opción de contar hoy en el mercado con velocidades de hasta esos mismos 100 Mbs, las que, aunque a precios ligeramente superiores, ofrece hoy por ejemplo en Madrid a sus clientes la empresa Ono.

Por otro lado, el operador histórico está haciendo esta oferta a lo largo de mi calle, y como en mi calle, en muchas otras y como en mi ciudad, en muchas otras, sin que esté a la vista alternativa alguna de parte de su competencia. Y viene haciéndolo además desde hace varios años, concretamente desde 2009, cuando la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) le dio vía libre para ello, según veremos después.

He comprobado las ofertas de los tres principales operadores alternativos: ni Vodafone, ni Orange, ni Jazztel ofrecen más de 30 Mbs, y lo hacen en ADSL: ninguno ofrece fibra óptica, eso que en las usuales siglas del sector se suele denominar FTTH (Fiber to the Home), que garantiza calidades, capacidades y velocidades mucho mayores que el viejo par de cobre.

El resultado que se viene encima es bien claro: el mercado de la fibra óptica está abocado al monopolio. De hecho, existe prácticamente ya, y los datos son absolutamente reveladores: como indica la CMT, Telefónica tenía en el último trimestre de 2010 cerca de 49.000 líneas de FTTH (ligeramente por encima del 81% del total), mientras que los operadores alternativos contaban con poco más de 11.000 (en torno al 19%); a 13 de marzo de 2013, en cambio, Telefónica había pasado a contar con más de 323.000 líneas de FTTH (más del 97% del total), frente a las menos de 9.600 de los alternativos (en torno al 2,88%). Es decir, que mientras las líneas FTTH de Telefónica se han multiplicado casi por siete (663% de incremento) en estos cerca de dos años y medio, las de los operadores alternativos han disminuido en aproximadamente un 13%, habiéndose reducido su cuota de mercado casi exactamente a la séptima parte de lo que era a fines de 2010.

En una palabra: nada ha cambiado desde que en 2009 la CMT declarara la ausencia de “competitividad real” en este terreno. O quizá sí: esa ausencia de competencia es aún más aguda que hace cuatro años. Y todo en una tecnología que, en palabras de la Comisión Europea, “constituye un factor esencial para generar crecimiento económico y alcanzar los objetivos de la estrategia Europa 2020.”

Y si esto sucede en aquellos territorios donde se han hecho los primeros despliegues, por ser a corto plazo los de mayor rentabilidad, dadas sus altas densidades de población y altos poderes adquisitivos (esencialmente Madrid y Barcelona), cabe pensar en lo que puede acabar sucediendo en los restantes. Por no mencionar un tercer tipo de territorios, los de bajas rentabilidades por difícil acceso y en consecuencia bajas densidades de población, en una palabra, la España rural: hablo de las clásicas zonas del acceso indirecto al bucle de Telefónica, donde los operadores alternativos no pueden permitirse acceder a las infraestructuras del operador tradicional y por lo tanto solo pueden ofrecer sus servicios de comunicaciones electrónicas con entera dependencia de la infraestructura de Telefónica y por ello también de las mismas ofertas que ésta hace a sus propios usuarios: si esto viene sucediendo por ejemplo en ADSL, es imaginable que en FTTH ocurrirá exactamente lo mismo, sin que las redes de acceso de nueva generación (NGA) vengan pues a traer consigo ninguna esperanza de mejor relación calidad/precio de la mano de su indiscutible avance tecnológico.

Centrándonos no obstante en las zonas donde el despliegue de fibra óptica ha comenzado efectivamente, lo que llama poderosamente la atención es por qué los operadores alternativos no han dado apenas batalla a Telefónica. Cuatro bloques principales de obstáculos saltan a colación como posible explicación.

El primero de ellos sería por supuesto el legal: cabría pensar que Telefónica no esté obligada a compartir su red con los operadores alternativos a fin de que éstos ofrezcan FTTH al usuario final. Si así fuera, los alternativos se verían obligados, digamos, a “echarse a la zanja” y construir su propia infraestructura para, a partir de ahí, pensar en ofrecer este tipo de servicios de banda ancha de alta velocidad: la CMT –siguiendo pautas de la Comisión Europea- calcula que ello les haría partir con un sobrecoste de nada menos que entre el 50 y el 80% de la inversión total, lo que invalida esta opción como una posibilidad realista, más aún si tenemos en cuenta que el operador tradicional en España dispone evidentemente ya de esa infraestructura “legada”.

Nada de esto es sin embargo así, pues Telefónica sí que está obligada a facilitar el acceso a sus redes a los alternativos con estos fines: concretamente, a lo que la normativa en vigor la obliga, es a facilitarles, no el acceso al bucle de forma paralela al ADSL (hoy por hoy de compleja practicabilidad técnica, como la propia CMT reconoce), pero sí a la llamada infraestructura de obra civil (cámaras, canalizaciones, arquetas, postes, etc.), como se desprende de las Directivas comunitarias marco y de acceso, y a hacerlo a precios orientados en función de los costes de producción, en condiciones de transparencia y no discriminación: así lo establece también en tal sentido la CMT, en su Resolución de 22 de enero de 2009, dedicada a esta materia.

Ello nos obliga a pasar automáticamente al segundo bloque de posibles barreras: no sería otro que una posible obstaculización fáctica de Telefónica, que hiciera en la práctica inviable la inversión por parte de operadores alternativos: se trataría de entorpecimientos de toda índole, en forma de impedimentos materiales al acceso, tácticas dilatorias, retención de información, entre tantos otros posibles. La CMT era plenamente consciente de ellos y no en vano configura la citada Resolución de 2009 con vistas a evitar su surgimiento. El hecho de que en la práctica se hayan efectivamente producido o no a lo largo de los cuatro años pasados es justamente uno de los asuntos que la CMT deberá considerar con más cuidado, cuando, como inmediatamente indicaremos, proceda a revisar las obligaciones regulatorias impuestas entonces al operador histórico.

Para explicar, en tercer término, tan desalentadora evolución del mercado de fibra óptica, entiendo que la CMT habrá de evaluar igualmente si la propia regulación (junto a su supervisión e imposición por dicha autoridad regulatoria) hubiera podido contribuir en esta línea: es indudable que el baremo principal a este efecto lo constituirá la Recomendación de la Comisión Europea de 20 de septiembre de 2010 sobre el acceso regulado a las redes de nueva generación.

En cuarto y último lugar, deberá, cómo no, ponderarse, si con una regulación que tiene en cuenta su posición de desventaja, los operadores alternativos han actuado o no tras estos cuatro años como en 2009 pudiera haberse esperado, en especial a la vista de sus alegaciones al hilo de la Resolución de la CMT, y que no parecen hacer pensar en actitudes excesivamente conservadoras. Máxime cuando, además, el operador tradicional ha acometido inversiones para el despliegue de estas redes. Es muy posible que la crisis económica, en gran parte coincidente con estos mismos cuatro años, haya influido decisivamente en todo ello, si bien esa crisis viene obviamente sacudiendo también al operador tradicional.

Como ella misma declara, la CMT ha iniciado la revisión de la normativa que afecta la fibra óptica (y otros mercados colindantes) en el primer trimestre de este año 2013, y se propone culminarla durante el primer semestre de 2013. También en sus propias palabras,

esa revisión deberá tener como objetivo “el fomento de los servicios de banda ancha mediante la promoción de una competencia sostenible”: por ello estoy convencido de que la evolución del mercado que aquí hemos comentado constituirá uno de los elementos básicos de su actuación. Singularmente si tenemos en cuenta que, como la oferta de mi comercial demuestra, el segmento de fibra óptica puede trastocar de forma radical el actual juego del mercado de acceso a Internet en su totalidad.

 

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