Internet, política y libre expresión

Publicado por el Jun 9, 2014

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Coorganizada por la Fundación Giménez Abad y el centro de estudios Syntagma.org, se celebraba el día 28 de mayo de 2014 en Zaragoza una relevante jornada sobre Internet, política y libertad de expresión.

La actualidad del tema no puede ser mayor, tras el recrudecimiento de conductas ofensivas para el honor de las personas en redes sociales como Twitter a lo largo de 2014 (casos como el de los insultos a la asesinada Presidenta de la Diputación provincial de León son paradigmáticos al respecto). También lo es el de la relevancia de Internet para la acción política y para el gobierno, particularmente tras la sorpresiva y exitosa irrupción en el panorama político español de fuerzas políticas nacidas en los mismos primeros meses de 2014 y que han empleado la Red como instrumento fundamental para su organización y expansión; como también a la vista de la profundización en el llamado gobierno abierto por parte de un número creciente de administraciones públicas. En una palabra, el tema del evento no cabe duda de que está en la calle, cosa que apenas si comienza a poderse afirmar respecto de aspectos relacionados con Internet, en especial en lo que a su dimensión legal y política se refiere.

A mi entender, tres fueron las principales conclusiones a las que el acto permitió llegar.

1. La primera, subrayada por el magistrado del Tribunal Supremo Luis Mª Díez-Picazo, fue la de que Internet plantea algunos elementos diferenciales sustanciales para la libre expresión e información, siendo quizá el más relevante el que este ponente denominó su “efecto multiplicador”. Ello hace que, por ejemplo, y de la mano de instrumentos como son los blogs, sus autores contribuyan a difuminar la antaño clásica distinción entre periodistas y activistas (políticos, pongamos por caso) y lleven a deber plantearse si les serían digamos aplicables mecanismos propios de la profesión de la comunicación, como pueden ser el secreto profesional o el derecho de rectificación.

La profesora del Berkman Center de Harvard Susan Benesch centró su intervención en la que es su especialidad, el análisis del discurso de odio en Internet. En armonía con la anterior intervención, Benesch resaltó que este tipo de discurso daña por supuesto más cuando se produce en Internet, al alcanzar a un número potencialmente mucho mayor de personas. No obstante, esa mayor potencialidad de alcance de la Red hace que la sociedad llegue a conocer determinado discurso que, sin ella, pasaría desapercibido, por lo que tampoco podría ser combatido, castigado y, pro-futuro, prevenido (por cierto, no solo a través de medidas de índole jurídica, sino también de la – tantas veces más efectiva – reprobación social).

Muy en línea con postulados a menudo defendidos en este espacio de La Ley en la Red, Elvira Tejada (Fiscal delegada para la criminalidad informática) destacó que las mismas normas del mundo físico han de trasladarse al ciberespacio, idea que aquí hemos sintetizado bajo la expresión de que “Internet no es el Far West”. De hecho, indicó Tejada, no hay variación alguna en lo que a Internet respecta en el Derecho penal español, de manera que lo que sea delito fuera de ella – si bien solo esto, por supuesto – lo será también si la conducta delictiva en cuestión se lleva a cabo en la Red. Eso sí, la Fiscal sí estuvo de acuerdo en que ese citado “efecto multiplicador de Internet” podría quizá justificar algunas “super-agravaciones” respecto de por ejemplo delitos contra el honor o la intimidad perpetrados en línea, a la vista del mayor daño que su paralelamente mayor diseminación pudiera ocasionar.

2. Una segunda gran conclusión fue la que permitió deslindar con claridad lo que en diversas intervenciones se etiquetaba como “tradicional” frente a lo emergente, que sería lo propio de Internet. Esta dicotomía quedó especialmente evidenciada a la luz de la diferenciación entre medios de comunicación tradicionales (o de técnicas tradicionales empleadas por los medios de comunicación), frente a medios nacidos en la Red (o el reflejo en Internet de esos mismos medios tradicionales). Reconociendo este hecho, pese a todo, el director de El Periódico de Aragón, Jaime Armengol, no dejó de resaltar que los medios tradicionales han sido capaces de mantener la audiencia, también en Internet.

Igualmente clara es la distinción que procesos electorales como los comicios europeos de mayo de 25 de mayo de 2014 han permitido establecer entre los partidos nuevamente llamados “tradicionales” y los de nuevo y hasta novísimo cuño forjados de modo fundamental – aunque ciertamente no exclusivo – al calor de la propia Red.

La idea se desprendió de la exposición que tuve ocasión de hacer en materia de Internet y acción política, en la que subrayé también la necesidad – ya expuesta en otras entregas de este espacio – de comenzar a considerar el gobierno abierto como “parte del paisaje constitucional” en el contexto de la mejor tradición europea del gobierno electrónico. En esa misma medida, el gobierno abierto podrá ser compartido como valor por la inmensa mayoría, principalmente en aras a despojarlo de cualesquiera condicionantes ideológicos, y de poder acentuar y acelerar su transformación en políticas públicas eficientes y eficaces.

También las dos mesas redondas, una centrada en política, la otra en medios de comunicación, aludieron a esta idea con particular nitidez: el profesor de la universidad Udima Luis Felipe López Álvarez, moderador de una de ellas, lo enfatizó muy bien, al indicar que “hemos despertado al león” (el de Internet, claro está).

3. Aportaciones como la de Miguel Pérez Subías, para quien Internet va paulatinamente consolidándose como “un bien común” que se debe proteger, nos sirven para introducir la tercera y última gran conclusión de esta Jornada: la necesidad de equilibrar los derechos y los intereses que, en ocasiones tan intrincadamente, se entrecruzan en la Red.

Ningún ejemplo mejor que el del crucial debate en torno al derecho al olvido, que por ello mismo salía una y otra vez a colación durante el evento. En este sentido, no puedo estar más de acuerdo con la reflexión compartida por el principal expositor del asunto en la Jornada, el Letrado de las Cortes e investigador en privacidad Jorge Villarino, para quien “no es posible defender la privacidad imponiendo la censura en Internet”. El detenido tratamiento que de este tema hemos efectuado en estas páginas me evita ahora hacer ulteriores comentarios.

Saludo desde aquí la decidida voluntad de la Fundación Giménez Abad de potenciar la atención que viene dedicando a los aspectos políticos, legales y en general sociales de Internet. Una voluntad que, de atender a lo manifestado en el encuentro por su Secretario general, José Tudela, tiene todos los visos de perdurar.

Como también la iniciativa de dedicar al impacto de la Red sobre la libre expresión (y su plasmación en el gobierno y en la política), el evento que aquí hemos glosado. Pienso que ningún otro mecanismo inventado por la Humanidad la ha reforzado jamás tanto; aunque asimismo que pocos tiempos como los actuales, tan propicios a la uniformización del pensamiento y a la corrección de su proyección en política, hacen tan preciso preconizar y defender la libre expresión y la libertad de información.

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