Internet o la TV sin televisor

Publicado por el Apr 22, 2013

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Dos resoluciones judiciales simultáneas en Europa y EE.UU. muestran que, como otras industrias, también la TV tradicional habrá de ajustar su modelo de negocio a la presencia de Internet.

La sentencia de este lado del Atlántico se dictaba por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea   el 7 de Marzo de 2013, en el asunto ITV Broadcasting Ltd. y otros contra TVCatchup Ltd. (C607/11) .TVCatchup difunde “en directo” por Internet emisiones de televisión en abierto. Ahora bien, este servicio solo se ofrece a aquellos abonados que de por sí disponen legalmente del derecho a ver el contenido en el Reino Unido mediante su correspondiente licencia de televisión. TVCatchup, gracias a sus propios dispositivos de comprobación, deniega el acceso cuando el usuario no cumple ambas condiciones.

El núcleo de la resolución del Tribunal radicaba en dos aspectos (dando de entrada por sentado que TVCatchup estaba operando sin autorización de las emisoras de TV demandantes). Primero, hasta qué punto esa emisión (“streaming”) por Internet constituye una “comunicación” en el sentido de la Directiva 2001/29/CE sobre derechos de autor y afines. Y segundo, si esa comunicación lo es “al público”.

El Tribunal concluye en primer término que las emisiones de TVCatchup han de reputarse “comunicación” a efectos de la Directiva, como quiera que la puesta a disposición de las obras a través de Internet “se realiza por un medio técnico específico y diferente del medio de la comunicación de origen”. La sentencia es además relevante en este sentido porque, con ella en la mano, queda fuera de toda duda que el streaming no autorizado a través de Internet supone una quiebra de derechos de autor, al deber considerarse “comunicación”.

Con ello sentado, el Tribunal de Luxemburgo resuelve que este tipo de comunicación lo es asimismo “al público”. TVCatchup argumentaba que no era así, toda vez que los usuarios potenciales acceden a la emisión mediante “conexión individualizada”. Para el Tribunal, esta técnica resulta sin embargo “irrelevante”, pues “la retransmisión en cuestión se dirige a un número indeterminado de potenciales destinatarios e implica a un gran número de personas”.

Curiosamente, el auto norteamericano es apenas unos días posterior y se refiere a hechos notoriamente similares, e igualmente muy novedosos. Se dictaba el 1 de abril de 2013 en la jurisdicción federal, por el Tribunal de Apelaciones para el Segundo Circuito, con sede en Nueva York. Se refiere a sendas demandas, sustanciadas acumuladamente y presentadas entre otros por las cadenas de comunicación Fox, Univision y PBS, por un lado y ABC, NBC, CBS, Telemundo o Disney entre otros, contra la empresa Aereo, dedicada a la retransmisión por streaming a través de Internet de programas televisivos emitidos en abierto. El auto confirma la decisión del juez federal de instancia de no conceder el cierre cautelar de la emisora, solicitado por las demandantes. Ahora, el asunto vuelve a dicho juez de instancia, quien deberá resolver sobre el fondo. No obstante, los argumentos sustanciados en esta fase preliminar son de la suficiente enjundia como para hacer prever que dicha decisión sobre el fondo volverá a ser favorable a Aereo.

La demandada Aereo consigue ofrecer ese servicio, hoy por hoy restringido al área metropolitana de la ciudad de Nueva York, gracias al funcionamiento de toda una serie de mini-antenas, del tamaño de la yema de un dedo, literalmente, que captan la señal del mismo modo que las antenas televisivas tradicionales. Lo que sucede es que, al ser tan pequeñas, hasta millones de ellas pueden ser almacenadas en los locales de la empresa. El usuario, a cambio de una tarifa mensual de 8 dólares (poco más de 6 euros), puede acceder a su antena particular a través de Internet y, a partir de aquí, lo imaginado: sencillamente, disfrutar en su ordenador, tableta o móvil de toda la oferta de TV en abierto que podría ver en su receptor de TV, así como grabarla para verla a su mayor conveniencia. En el fondo, se trata de pocos canales (salvo uno, justamente los de las entidades demandantes), muy lejos de los enormes paquetes de cientos de ellos que suelen ofrecer las compañías de cable, pero se trata de una oferta que puede ser de interés para quien solo desea “raciones moderadas” de TV. De hecho, la fórmula está teniendo éxito y Aereo tiene ya planes de expansión inmediata a las áreas de otras 22 grandes ciudades repartidas por todos los EE.UU.

Como en el caso TVCatchup, la clave en Aereo es también si nos hallamos o no ante “comunicación al público” para, dada la falta de autorización de los titulares de los derechos, considerar si éstos se han visto o no infringidos.

El Tribunal de Nueva York decidió que no existe tal comunicación al público en este caso, porque “los abonados de Aereo reciben la señal a través de su correspondiente mini-antena”, que la empresa subsiguientemente les canaliza desde su centro de datos a través de Internet.

Ahora bien, el auto no ha sido unánime, pues uno de los tres miembros del Tribunal (el Juez Denny Chin) emitió un voto discrepante, en el que desdeña la tecnología de Aereo como “una ficción” destinada “a defraudar la normativa de derechos de autor ”. Es llamativa, de hecho, la similitud de su argumentación con la recién expuesta a propósito del caso TVCatchup, concretamente en lo relativo al carácter público de la supuesta comunicación: Chin indica así que “Aereo está en condiciones de retransmitir ´en directo´ contenidos como la Super Bowl a decenas de miles de abonados porque cada uno de ellos tiene su antena individual y una copia única de la emisión, lo que permite que algunos puedan considerarlo a efectos legales como una comunicación privada en lugar de pública”, siendo para él indiscutible que “estamos ante una comunicación pública”.

En síntesis, para la mayoría en Nueva York las mini-antenas constituyen un factor tecnológico de la suficiente entidad como para que los servicios de Aereo puedan considerarse compatibles con los derechos de las emisoras demandantes. Para el discrepante Juez Chin en cambio, y como en TVCatchup, la individualización de la emisión no transforma en privada una emisión en streaming por Internet.

A fin de cuentas, es justamente el empleo de las mini-antenas lo que singulariza la actividad de Aereo, lo que permite distinguirla del streaming ordinario (como es por ejemplo el de TVCatchup), y lo que para la empresa legitimaría además su servicio: “Si cualquiera puede captar la señal gratuitamente con una antena, ¿por qué no puedo hacerlo también yo?”.

En TVCatchup, en cambio, no es el factor tecnológico lo que para la empresa demandada legitima su actividad, sino el hecho de que el flujo de streaming solo se ofrece a quien tiene derecho a disfrutarlo por poseer licencia. Por eso TVCatchup ofrece el servicio gratuitamente, siendo la publicidad su única fuente de ingresos. Lo que se le está diciendo aquí al usuario es: “Ya que Vd. paga por ver contenidos en su receptor de TV, disfrute de ellos en Internet sin coste adicional”.

En ambos casos, sin embargo, hay varios factores en común: por supuesto, y ante todo, una potente batería de emisoras televisivas en abierto que consideran vulnerados sus derechos; dos empresas de Internet que, una en tecnología, otra en modelo de negocio, reclaman haber innovado al servicio de sus usuarios y que obtienen sus ingresos, bien directa, bien indirectamente, gracias a contenidos de terceros; y finalmente, toda una serie de usuarios de Aereo y TVCatchup que, no nos engañemos, disfrutan del valor añadido creado por una u otra, pues sin sus servicios respectivos, todos ellos seguirían “atados al televisor”.

Con las leyes en la mano, no me cabe duda de que el Tribunal de Luxemburgo no podría haber dictado una sentencia distinta. No discrepo de su argumentación. Todo lo más echo en falta algo que a menudo hace, alguna llamada de atención al legislador en la línea que más adelante sostengo.

Mientras que, en el caso Aereo, creo mejor fundadas las razones que avalan el voto particular del Juez Chin, aunque solo fuera porque a la postre vienen a ser las mismas que llevan al Tribunal europeo a declarar el carácter público de la emisión de TVCatchup.

Ahora bien: si la casual coincidencia temporal de ambas resoluciones judiciales nos permite extraer alguna conclusión fáctica, ésa es la de que Internet permite al espectador de TV “despegarse y hasta liberarse del televisor”. Y cientos de miles de ellos, en Nueva York y en el Reino Unido, han podido empezar a hacerlo gracias a los servicios de Aereo o TVCatchup.

¿Podrá la TV tradicional mantener intactos sus intereses frente a la imparable irrupción de Internet en el corazón de su modelo de negocio? Basta un vistazo general a la industria de contenidos culturales y de entretenimiento para presumir que no.

Y, con independencia de ello, ¿es legítimo que el actual statu-quo legal permanezca también intacto, pese a la llegada de modelos tecnológicos y empresariales que pretenden emplear Internet creando valor para el consumidor? Al actuar como lo han hecho en el caso Aereo, algunos miembros de la jurisdicción norteamericana, sin duda una de las más respetuosas del mundo con la propiedad intelectual, parecen igualmente dar a entender que no.
No podemos olvidar que el Considerando 31 de la Directiva 2001/29/CE proclama con mucha claridad: “Debe garantizarse un justo equilibrio entre las distintas categorías de titulares de derechos y usuarios de prestaciones protegidas”, así como que “las actuales excepciones y limitaciones a los derechos previstas en los Estados miembros deben revaluarse a la luz de los avances logrados en la electrónica”.

Modelos como los de Aereo y TVCatchup, y sobre todo los usuarios de una y de otra, demandan a las claras ese reequilibrio y esa revaluación.

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