Internet: el futuro gran canal de distribución de productos falsificados

Publicado por el Dec 16, 2013

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Un interesante estudio promovido por la Oficina española de patentes y marcas, y la Asociación nacional para la defensa de la marca (Andema), con la colaboración del Consejo Superior de Cámaras de Comercio, y presentado en Madrid el pasado 12 de diciembre de 2013, llama la atención acerca de la actitud del consumidor español ante las falsificaciones.

El trabajo es obra directa de Juan de Lucio, Director del Servicio de estudios del Consejo Superior de Cámaras de Comercio y de Manuel Valero, economista de dicho Servicio. Y aunque, como su título indica, su objeto va mucho más allá del estrictamente relativo a Internet, lógicamente aquí nos limitaremos a comentar y a examinar los aspectos del estudio que a ella se refieren.

Ciertamente son muy escasos, como el propio De Lucio me hacía notar al manifestarle mi interés por elaborar este comentario. No obstante, es cierto que son muy significativos, al figurar en puntos especialmente destacados del estudio.

En efecto, una primera referencia a la Red se encuentra entre los “factores que favorecen la compra de falsificaciones”. Más concretamente, y junto a la actual crisis económica internacional (con lo que supone de menor disponibilidad de recursos) y la aparición de nuevos competidores en la escena internacional (con capacidad de producción masiva y menor respeto hacia la propiedad industrial), Internet constituye el tercer elemento decisivo de un entorno favorable a ese tipo de conductas.

Probablemente aquí sea necesaria una matización, pues la crisis y el surgimiento en la escena comercial mundial de países emergentes, China muy en especial, constituyen factores indiscutiblemente favorecedores de este tipo de conductas: no obstante, el hecho de que Internet se abra inexorablemente paso como entorno comercial constituye un factor en cierta medida neutro en este sentido, pues es obvio que además que para productos falsificados, Internet constituye canal de distribución para infinidad de productos originales. Otra cosa es que, en comparación con otros canales de venta, Internet presente una penetración mayor, y en su caso creciente, de falsificación, cuestión que como los autores deducen, y más adelante comentamos, requiere ulteriores análisis.

El segundo aspecto en que Internet resultaría decisivo a estos efectos es el de los lugares de compra habitual de productos falsificados (que se muestran en el gráfico adjunto, obrante en el documento).

de lucio

Fuente: Juan de Lucio y Manuel Valero. http://goo.gl/Z5OHeG

Los datos son claros: más de un quinto de los consumidores españoles adquiere falsificaciones a través de Internet. Obsérvese además que la Red forma parte de los cuatro “lugares” que con mucho concentran el grueso de ventas de este tipo de productos, muy por encima de los demás. Además, Internet prácticamente iguala al comercio tradicional en este sentido. En tanto que, junto con dicho comercio tradicional, la Red constituye, por así decir, la otra fuente masiva “no alternativa” de adquisición, a la vista de la evidente ilegalidad del “top-manta” y del carácter residual del mercadillo-rastro frente al comercio tradicional o al de grandes superficies y supermercados: bien es verdad que también Internet presenta opciones “alternativas” en este mismo sentido, en forma de sitios, bien íntegra, bien parcialmente dedicados al comercio de productos de este tipo (más adelante volveremos sobre esto).

De Lucio y Valero vuelven a mencionar la Red a propósito de la compra involuntaria de productos falsificados, o lo que es lo mismo, del hecho de haberlos adquirido por engaño. Los canales de distribución serían los mismos de la compra consciente, si bien puede apreciarse alguna variación significativa, que precisamente afecta a Internet: mercadillo y rastro vuelven a figurar en cabeza (64,5%), seguidos del top manta (32,7%), y ya en tercer lugar figura Internet (con casi un cuarto del total, 24,3%), esta vez por delante del comercio tradicional (22,3%); siguen ya a mucha distancia gran superficie, supermercado y otros (con 11,1%, 8,9% y 3,5% respectivamente). En consecuencia, y canales “alternativos” aparte, Internet sería la fuente principal de engaño al consumidor en este tipo de compraventas.

La Red figura finalmente mencionada en relación con las dimensiones de futuro del problema. Junto a otros fines, los autores se proponen en este sentido reflexionar sobre “cómo el uso de nuevas tecnologías puede facilitar el comercio o incorporar nuevas barreras a la falsificación”; igualmente, se plantean ampliar su ámbito “para analizar la compra de productos en Internet dada la creciente dimensión y las características específicas de este canal.”

Por tres razones, creo todo ello un gran acierto.

La primera: aunque del estudio no pueden extraerse datos en el sentido de si Internet “sube o baja” como canal de adquisición de productos falsificados (cosa que quizá fuera deseable constase en futuras investigaciones), es más que razonable pensar que la penetración de la Red en este sentido sea evidentemente creciente, aunque solo fuera por su también ascendente presencia en todas las facetas de la vida social, incluida por supuesto la comercial.

La segunda: como antes señalábamos, esa inmensa plataforma comercial que potencialmente es Internet, ofrece al consumidor tanto productos legítimos como productos falsificados. Los primeros pueden adquirirse en sitios de confianza (tipo Amazon, para entendernos), aunque también en otros menos conocidos e incluso poco fiables; lo mismo puede suceder con los productos falsificados o que en general violenten las normas sobre propiedad industrial, que tanto pueden adquirirse en sitios web de plena confianza, como en otros sospechosos (la línea jurisprudencial europea de casos como L´Oréal o Louis Vuitton lo pone claramente de manifiesto).

Todo ello hace que, de alguna manera, Internet se asemeje a estos efectos al comercio off-line: como venimos viendo, también allí el producto falsificado se ofrece en canales ilegales (top-manta) y en canales de escasa confianza (mercadillos o rastros), frente a comercio tradicional, gran superficie y supermercado, entre otros. Y si, junto a la propia Internet, la compraventa off-line de falsificaciones ha justificado la elaboración de este estudio, parece natural que las ramificaciones de la distribución de la falsificación en la Red sean en el futuro abordadas con mayor detenimiento y reflexión. Máxime si se tiene en cuenta que, a modo de “top-manta digital”, también en Internet existen canales de venta abiertamente ilegales, como los que pueden encontrarse en la llamada Web oscura.

La tercera razón probablemente sea la principal.

El “top-manta” es un canal ilegal, y por tanto el modo de afrontarlo debe comenzar por el propio Código Penal, más allá de otras medidas muy singularizadas.

La venta en mercadillos y rastros, por otra parte, y según datos de la Encuesta Anual de Comercio del Instituto Nacional de Estadística (hechos públicos en diciembre de 2012 y correspondientes al año anterior, 2011), supuso un volumen de negocio de 1.780 millones de euros, frente a un total del comercio en España de 654.533 millones de euros: es decir, apenas el 0,27%. En otras palabras: esta modalidad de venta es testimonial si se la compara con el total del comercio en nuestro país.

Si tenemos por tanto en cuenta estos dos últimos factores, Internet emerge como vía principal de adquisición de productos falsificados, a mucha distancia de otros canales, y con más que presumible tendencia a dejar también pronto atrás a la única vía que hoy por hoy se encuentra a la par, el comercio tradicional.

Visto todo ello, bien hará el mundo de la propiedad industrial, como tan atinadamente sugieren los autores del estudio, en centrar en adelante sus esfuerzos en Internet, como posible canal de difusión de este tipo productos.

 

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