Internet, constitución y reforma constitucional.

Publicado por el Jan 9, 2014

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¿Tiene Internet algo que ver con la idea de constitución, y más concretamente, con la de reforma constitucional (que tanta relevancia ha cobrado en España en las últimas semanas de 2013)?

Aun cuando a primera vista, Internet y constitución son realidades distantes entre sí, el proyecto Comparative Constitutions Project (CCP) las ha puesto en estrecha relación a partir de finales de septiembre de 2013, con el lanzamiento del sitio web Constitute. El proyecto CCP está dirigido por destacados especialistas de las Universidades de Texas, Chicago y University College London, en colaboración con el Cline Center for Democracy de la Universidad de Illinois; y cuenta con el respaldo financiero de Google Ideas.  

Constitute incluye la constitución que estaba en vigor en septiembre de 2013 para la práctica totalidad de los Estados independientes del mundo (eso explica que, pese a las quejas de algún usuario, que personalmente he podido ver, no figuren por ejemplo Hong-Kong o Macao). También se excluyen temporalmente aquellos países cuyos textos constitucionales constan en documentos dispersos, o cuyos regímenes políticos se hallen en transición: los promotores pretenden pese a ello incluir también muchos de estos casos, así como una versión de cualquier constitución jamás escrita desde 1789.

No cabe duda de que estamos ante un gran avance. La razón es que, pese a lo que de nuevo pueda parecer, no existía en ese inmenso océano de información que es Internet nada verdaderamente comparable. Efectivamente, los recursos hasta septiembre de 2013 disponibles en la Red en materia de textos constitucionales:

  • Bien no funcionan correctamente y/o su interfaz es ya muy anticuada: es el caso del afamado (y meritorio) sitio de la Constitution Society norteamericana.
  • Se trata de meros elencos de enlaces, que por tanto no implican asunción de responsabilidad por los contenidos, más allá de la funcionalidad del propio link: así sucede con el también muy notorio de la Universidad de Richmond en Virginia, EE.UU.
  • Solo incluyen algunos países, en listas más o menos amplias; la más notoria es ésta, promovida entre otros entes por la Universidad de Kassel (Alemania).
  • Bien figuran en sitios web que no están suficientemente actualizados, como éste también muy renombrado de la Universidad de Berna (Suiza).
  • Bien no proceden de fuentes suficientemente especializadas (y que quizá por ello incurren a la vez en algunos de los defectos anteriores): es el caso del exótico listado procedente del Tribunal Constitucional de Armenia.  
  • Por último, puede obviamente suceder que esos recursos, aun siendo excelentes, sean de pago: así sucede con dos de ellos, los de las editoriales Oxford University Press y  HeinOnline. A ello es más que presumible se debe el que los promotores de Constitute hayan decidido contar con ambas editoras como entidades colaboradoras de su proyecto.

Todo esto, en lengua inglesa, en la que todos los materiales de Constitute están redactados. De ahí que sea de suponer ocurra otro tanto en los demás idiomas, hoy por hoy menos agraciados que el inglés en lo que a riqueza y calidad de recursos en la Red se refiere. Lo he podido constar así respecto del español, el tercer idioma más usado en Internet: la fuente más relevante a efectos de eco en Google es la procedente de la Universidad Nacional Autónoma de México y la aquejan algunos de los problemas antes mencionados (no funciona correctamente, sin ir más lejos: puede comprobarse tratando de visitar la Constitución de España); mientras que la única fuente española, procedente del Congreso de los Diputados, es meramente indirecta (no incluye contenidos) y se limita a remitir a algunos de los sitios antes citados como incursos en problemas.

¿Qué aporta, más en concreto, el sitio web Constitute? Para la revista The Economist, que le dedicaba un artículo en su número de 9 de noviembre de 2013, se trata de “una App para reformar constituciones”. Esto sería cierto siempre y cuando esa idea de “App” englobe la de herramientas de mero suministro de datos o información, junto a la más apropiada de un software que procese automáticamente dicha información a fin de generar conocimiento, incrementando así su operatividad para el usuario (basta asomarse al escritorio de nuestro móvil o tableta para ver allí decenas de ejemplos).  

No es esto último sin embargo lo que este sitio web proporciona: Constitute se limita a presentar las constituciones del mundo, según sus propias palabras, “para leer, indagar y comparar”. Este sitio no llega pues a suministrar inteligencia, gracias a un ulterior tratamiento automatizado de los datos: habrá de ser pues el usuario quien genere con esa información el conocimiento que estime oportuno.

Menos aún permite Constitute obtener una especie de “constitución a la carta”, de forma automática, a partir de los datos de que dispone y de los que en su caso le suministrara el “usuario” (por ejemplo un Estado en proceso de reforma constitucional), con el fin de hacer frente a su particular situación. No es descabellado pensar que pudiera existir una herramienta de este tipo, siendo a la vez perfectamente viable tecnológicamente: Constitute Project podría por ejemplo tomar tal o cual modelo de organización de poderes, o de descentralización territorial o de declaración de derechos, o partes de unos y de otros, en función de las preferencias que el usuario en cuestión prefijara de antemano. El resultado, un verdadero “corta y pega” prediseñado por el usuario, que podría servir como excelente documento de partida para los debates posteriores: en el fondo, se trataría de encomendar a la aplicación, sin duda una App si fuera capaz de hacerlo, una labor que hasta ahora los constituyentes han venido haciendo, por así decir, “manualmente” (¿o no son palpables las trazas de unas u otras  constituciones en las de otras?).

Sea como fuere, y aunque Constitute queda lejos de dar ese “salto desde la información al conocimiento”, bien puede considerarse el mayor y más perfecto escaparate de las constituciones vigentes a escala mundial. Y disponible gratuitamente, a escala global, en formato digital.

El proyecto consigue todo ello gracias a un doble método de uso: ya por países, ya por temas. La búsqueda de países arroja los textos constitucionales de 189 de ellos, que a su vez pueden filtrarse geográfica o cronológicamente. La búsqueda por temas es no obstante la gran riqueza de Constitute, en la que de alguna manera radica su mayor valor añadido: funciona a través de casi 350 etiquetas que el usuario puede consultar en desplegables situados en el costado de la página, filtrables por países y fechas, lo que viene a implicar la posibilidad de obtener rápidas “fichas” digitales, a su vez descargables, sobre cómo se regulan los símbolos del país, o el cese del gobierno o la libertad de expresión o las lenguas de los territorios, en los textos constitucionales que se deseen consultar, elaborados a partir de tal o cual fecha (y todo ello a modo de simples ejemplos).      

Así pues, y si como comienza a reclamarse por más que significativos agentes políticos y sociales, España entrara próximamente en un proceso de reforma constitucional, es obvio que sus protagonistas no podrían encontrar en este web esa especie de borrador de base elaborado automáticamente a partir de inputs en mayor o menor medida preestablecidos: hoy por hoy, habrían de ser mentes humanas las que, como siempre hasta ahora se ha hecho, se ocuparan de esta labor.

Ahora bien, sí que podría encontrarse en Constitute información plenamente actualizada y absolutamente fiable para comenzar a trabajar en formato digital y fácilmente archivable, con datos de textos constitucionales obtenidos a lo largo y ancho del mundo.

No es mal punto de partida.

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