Gobierno abierto: el gobierno de la era de Internet

Publicado por el jul 16, 2013

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Si Internet es abierta, los tiempos actuales no son compatibles con gobiernos cerrados.

Apenas llegado al poder en su primer mandato, el 21 de enero de 2009, el Presidente estadounidense Barack Obama dirigía a toda su Administración el ya famoso Memorándum sobre la transparencia y el gobierno abierto, que comenzaba con este párrafo, sintético de todo el documento, por otro lado de apenas un folio de extensión:

“Mi Administración está comprometida con la creación de un nivel sin precedentes de apertura en el gobierno. Vamos a trabajar juntos para asegurar la confianza pública y establecer un sistema de transparencia, participación pública y colaboración. La apertura fortalecerá nuestra democracia y promoverá la eficiencia y la eficacia en el gobierno.”

El párrafo citado no contiene solo lo esencial del Memorando Obama, sino también de todo el que podríamos calificar como “movimiento en favor del gobierno abierto”, que desde entonces, y es bien llamativo, repite esos postulados a modo de mantra.

Obsérvese en primer lugar la apelación a “la confianza pública” (public trust), absolutamente proverbial en la literatura norteamericana sobre Ética en el gobierno y en la Administración, como por ejemplo atestigua su plasmación en el mismo pórtico (art. 1) del Código ético del servicio público aplicable a personal y altos cargos del Poder Ejecutivo: “Public service is a public trust”.

También, por supuesto, la consideración de la apertura como el objetivo esencial: el gobierno, se indica, ha de abrirse a la sociedad, a los ciudadanos, a las empresas, a las organizaciones.

Seguidamente, se sientan los tres principios del “gobierno abierto”, que también desde entonces se viene repitiendo por doquier, sea cual sea la fuente que se consulte:

-          Transparencia, que en párrafos ulteriores del documento se orienta a facilitar información en pro de la responsabilidad en el gobierno (accountability), en especial gracias a la enorme potencialidad de Internet y las TICs.

-          Participación pública en el diseño y ejecución de las políticas públicas, sobre la base de una idea crucial (más tarde resaltada por Beth Noveck, una de las protagonistas de esta iniciativa en la misma Casa Blanca): la de que el conocimiento no se concentra en exclusiva en las esferas gubernamentales, sino que también se halla, aunque disperso, en la propia sociedad.

-          Colaboración, con arreglo a instrumentos, métodos y sistemas innovadores, en ese desarrollo de las tareas gubernamentales, en una doble perspectiva: tanto horizontal, en cuanto que todos los departamentos y agencias han de cooperar entre sí y con otras Administraciones del país; como vertical, en la medida en que la Administración federal ha de colaborar asimismo con los ciudadanos, empresas y cualesquiera otras organizaciones sociales.

Por último, los dos objetivos básicos: uno fundamentalmente político, fortalecer la democracia; y otro primordialmente administrativo, promover la eficiencia y la eficacia en las labores de gobierno.

No hay fuente alguna de relieve en la actualidad que, al tocar este tema, no se asiente sobre esos tres principios ni se oriente a esos tres objetivos.

Así lo hacen por ejemplo dos obras de fuerte contenido ideológico: el libro de 2010 sobre Open Government de Calderón y Lorenzo; y el documentado trabajo de 2011 de Corojan y Campos desde la Fundación Ideas.

Aunque también es éste el caso respecto de un exhaustivo estudio acometido en febrero de 2013 por el Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información (ONTSI), cuya misma definición de gobierno abierto reproduce en su práctica literalidad el contenido expuesto del Memorándum Obama, si bien añadiendo una apreciación que, como casi de inmediato veremos, resulta a mi entender acertada: la de que el gobierno abierto se ancla en los citados principios y persigue los objetivos mencionados “aprovechando las oportunidades que ofrecen las TICs”.

Tales principios y objetivos convergen igualmente en los que se da en llamar (así ONTSI) elementos del gobierno abierto, y que no son otra cosa que sus instrumentos de acción:

-          La transparencia se concreta en la apertura de datos e información en manos del poder público, gracias al empleo de Internet y las TICs (Open data).

-          La participación, en herramientas de democracia electrónica, fundamentalmente mediante el uso de redes sociales y otros mecanismos 2.0 (incluso, a mi entender, de simple votación electrónica), pero también en asambleas y encuentros off-line con los propios ciudadanos.

-          Por último, la colaboración se plasma en sitios web donde los ciudadanos aportan sus conocimientos en aras a la elaboración de políticas públicas.

A mi modo de ver, estos tres grupos de elementos configuran entre sí una doble escala: la primera, ordenada de menor a mayor grado de involucración ciudadana en la acción de gobierno; la segunda, en función de la menor o mayor calidad de sus contenidos.

En efecto, conforme a la primera de dichas escalas, la que graduaría, de menos a más, la implicación ciudadana:

-          El Open data constituye el elemento de menor interacción, en tanto que el ciudadano se limitará a recibir las informaciones que el poder público ponga a su disposición, y ello sin perjuicio de que activamente pueda haberlas solicitado o de que con posterioridad las reutilice, para fines que pueden ciertamente ser públicos, pero también comerciales o en general privados.

-          La participación incrementa la interacción con el ciudadano, de quien se solicitan tanto decisiones (votación electrónica), como en general opiniones (redes sociales o foros off-line).

-          La colaboración implica aún más compromiso, pues el ciudadano aporta aquí el bien que probablemente más valor contiene en la sociedad actual, el propio conocimiento como bagaje personal.

Con arreglo a la segunda escala, también creciente, en la calidad de sus contenidos:

-          El Open data consiste esencialmente en lo que su propio nombre indica, en suministrar datos, en cuanto que mera materia prima susceptible de múltiples usos ulteriores. Es verdad que, como O´Hara ha indicado, en un excelente estudio de 2011 para el Gobierno británico, existen dos modelos de políticas de Open data, estando una de ellas justamente orientada a proporcionar a la ciudadanía contenidos de mayor elaboración, es decir, “información”, más que simples “datos”.

Pese a todo, pienso con el propio O´Hara que es preferible que el poder público se limite a suministrar esos simples datos, aunque sea en feos formatos, y en crudo, para que sea después el propio ciudadano quien los reelabore y con ello los enriquezca, del modo que le resulte más apropiado, en lugar de que sea la Administración la que de antemano opte por el perfil que su información deba tener: por eso he escrito en algún otro lugar que, “en Open data, lo feo es hermoso”.

-          La participación da un paso más, pues, con independencia de las decisiones, que obviamente operan en otro plano, las opiniones ciudadanas difícilmente podrán considerarse meros datos, siendo en cualquier caso y como mínimo, información. Otra cosa será que esas opiniones ciudadanas puedan ser después transformadas “de vuelta” en datos, previo el oportuno tratamiento estadístico, promovido o no desde la esfera gubernamental.

-          La colaboración, por su parte, opera en un escalón superior, el del conocimiento, más allá de que los ciudadanos aporten también datos e información en su interacción colaborativa con el poder público.

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A la vista de una y otra escala, no puede pues extrañar que sea el Open data el elemento que con mucho haya tenido mayor desarrollo en estas etapas iniciales del llamado gobierno abierto (dada su más fácil implantación a corto plazo), seguido por este orden por participación y colaboración. Y en lo que a este último elemento se refiere, el muy alto valor potencial de sus contenidos ha determinado sin duda que, como ONTSI indica, apenas si se encuentra dando hoy sus primeros pasos, casi exclusivamente centrados en los EE.UU.

Concluyo. El Memorándum Obama pretende con todo tino trasladar al gobierno, así llamado “abierto”, ésa que sin duda constituye la característica consustancial de Internet: su naturaleza también abierta, inseparable del fundamento tecnológico de esta Red, el principio de extremo a extremo o end-to-end: Ariel Vercelli lo destaca muy bien, en el citado trabajo de 2010 sobre Open Government coordinado por Calderón y Lorenzo.

Si Internet es pues abierta y si es la era de Internet, o al menos la de su despegue, la que nos ha tocado vivir, lógico es también que nuestros gobiernos se acomoden a esta naturaleza de la Red de redes y, lejos de opacidades y aislamientos innecesarios, se abran cuanto antes y en la mayor medida posible, a una interrelación profunda con la sociedad.

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