Entre Obama y Alierta: nuevos avatares de la neutralidad de la Red

Publicado por el ene 13, 2015

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Las aguas de la neutralidad de la Red, ciertamente nunca tranquilas, vuelven a agitarse de un tiempo a esta parte.

Está contribuyendo el casi “tumulto” que la FCC norteamericana viene generando con su proyecto de reglamentación de los servicios de banda ancha y su oscilación entre calificarlos legalmente como “servicios de información” (lo que en la actualidad son) o “servicios de telecomunicación” (lo que haría de ellos una “utility” más, como la luz o el gas). El caso Verizon, fallado por los tribunales federales a comienzos de 2014, ha añadido más leña al fuego, al considerar que la FCC carece de potestad para efectuar tal recalificación, con independencia de que la neutralidad sea para la Justicia federal un bien en sí, que sin duda se vería favorecido por esa consideración de la banda ancha como una utility más, lo que obligaría a los proveedores de acceso a aplicar el principio de “common carrier” y por tanto ser ciegos a las aplicaciones, servicios y contenidos que transmitan. El golpe judicial a la FCC llevaba al Presidente Obama a decantarse decididamente el 10 de noviembre de 2014 en favor de la neutralidad, con el doble argumento, simple y poderoso, de que los operadores de banda ancha estadounidenses no deben interponerse a modo de “porteros” entre Internet y los ciudadanos de su país, ni tampoco cobrar “peajes” por el uso de sus redes.  

En cuanto a Europa, en este espacio hemos venido dedicando atención a las iniciativas de la Comisión publicadas a partir de julio de 2013, y sobre las que la renovada institución ha reemprendido trabajos. Todo en la línea de regular específicamente la neutralidad de la Red, al tiempo que se establecen posibilidades para la gestión del ancho de banda, en función de criterios que, como la seguridad o la calidad meramente técnica de la transmisión, no revisten problemas, pero también de otros que, como la calidad de servicio, sí los implican y están por ello pendientes de definitiva aceptación.

De gran interés es también el “salto conceptual” que el “Consejo Nacional de lo Digital” daba en Francia con un interesante informe publicado en junio de 2014, al construir la noción de “neutralidad de las plataformas”, como pretendidamente superadora de la mera neutralidad de la Red, la cual precisaría de aquélla para su misma efectividad, a la vista del poder de grandes señores de Internet como Google, Facebook, Amazon, Apple y demás. Interesante tesis, pero que quizá recuerda mucho a lo que pioneros del calibre de Tim Berners-Lee o Vinton Cerf llevan desde mediados de los 2000 proclamando: el primero, refiriéndose a los “silos” estancos en que dichas plataformas se han convertido; el segundo, defendiendo la necesidad de crear una InterCloud que, al modo de la Internet de comienzos de los setenta, “federase” las distintas nubes regentadas por estos gigantes.

Finalmente, a modo de líder entre las telcos, y en clara sintonía con lo recién afirmado, nuestra Telefónica y su Manifiesto Digital, hecho público en septiembre de 2014, claramente inspirador de palabras de su presidente César Alierta en noviembre de 2014, y para quien “la neutralidad de la Red es un invento” de las citadas grandes empresas de Internet norteamericanas, debiendo ya pasar a hablarse de una “neutralidad digital”: la neutralidad ha de ir pues más allá de la mera infraestructura, para traer consigo la apertura de todas las aplicaciones (por ejemplo las tiendas de apps) y también por supuesto el asalto a lo móvil, con la compatibilidad entre todos los sistemas operativos (por ejemplo un IPhone que funcionase con WindowsPhone). Eso sí, la neutralidad digital que Telefónica propugna debe garantizar la posibilidad de gestionar el ancho de banda, a fin de que cualquier agente del entorno digital pueda “diferenciarse” de sus rivales, gracias a la oferta de una mayor “calidad de servicio” o de “servicios especializados”: lo primero haría posible eso que Obama aborrece, los llamados “carriles rápidos”, mediante los que un NetFlix, por ejemplo, a cambio de un plus de pago a la operadora en cuestión, conseguiría velocidades mayores que otros usuarios; lo segundo, que, como Deutsche Telekom comenzaba a hacer en Alemania en mayo de 2013, la operadora de acceso primara sus servicios de contenidos sobre los de la competencia, al eximir a aquéllos de los topes de datos asignados a cada tarifa.

¿Debe pues la neutralidad de la Red darse por amortizada, a la vista de estos nuevos conceptos pretendidamente “superadores”?

No creo que sea bueno que nuevas construcciones como las de “neutralidad digital” o “neutralidad de las plataformas” suplanten la tradicional de neutralidad de la Red. Todo lo más, podrán complementarla, reforzando las exigencias del “extremo a extremo” en lo que a las aplicaciones, servicios y contenidos en sí se refiere. Sin embargo, creo esencial que ese concepto tradicional continúe velando por que las telcos respeten la frontera que separa una gestión del ancho de banda respetuosa con las opciones del usuario y con los derechos de los competidores (por grandes y norteamericanos que sean), frente a otra que no lo sea.

Dicho todo lo cual, no está de más reiterar algo que ya he apuntado en otras ocasiones, como es la clara, casi ya clamorosa necesidad de una nueva regulación de la infraestructura del entorno digital que equilibre el mercado: hoy por hoy, justo es reconocerlo, esa regulación solo se impone a las telcos (en las variadas formas establecidas en los paquetes Telecom de la UE y la Ley general española), sin que las grandes de Internet vean apenas limitado su margen de acción por normas específicas.

Esa nueva regulación, pese a la opinión de las telcos, estimo que debe prever específicamente la neutralidad de la Red, sin que normativas como la de competencia basten para asegurar que, aun abriendo cauces de gestión de ancho de banda a las operadoras, éstas se mantengan al margen de prácticas que, como esos “carriles rápidos”, claramente supondrían el fin de la Internet que hasta ahora hemos conocido.

Aunque también veo necesario, y esta vez a pesar de los intereses de las empresas de Internet, abrir los “jardines vallados” que éstas han venido erigiendo: el principal beneficiario de estas posibles medidas de portabilidad de datos e interoperabilidad de sistemas es por supuesto el consumidor, cada vez más indiferenciable del “ciudadano de la Red” o “netizen” en el actual mundo digital.

En una palabra: entre las propuestas de Barack Obama, insensibles a cualquier posible diferenciación basada en calidad de servicio; y las de César Alierta, abiertas a la Internet “de dos velocidades”, puede que el equilibrio esté en ese Tim Berners-Lee “anti-silo”, que a la vez es más que nadie consciente de que sin una Internet abierta y neutral, su World Wide Web probablemente nunca hubiera visto siquiera la luz.

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