El vídeo de Los Yébenes, o Internet (es decir el mundo) en su alcoba

Publicado por el Sep 10, 2012

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La era digital ha derribado radicalmente muros de privacidad que costó miles de años construir.

De hecho, hasta el constitucionalismo liberal de los siglos XVIII-XIX en Europa y en las colonias norteamericanas, había resultado impensable interponer la privacidad como límite frente al poder absoluto. Así fueron naciendo derechos como la intimidad personal y familiar, la inviolabilidad domicilaria o el secreto de las comunicaciones. Ya mucho más recientemente, el derecho a la protección de datos, en especial a raíz del uso de tecnologías digitales. El genio jurídico inglés sintetizó algunos de ellos en una frase célebre: “My home is my castle”.

Hoy día, sin embargo, y como hemos expuesto ya en otros comentarios de “La Ley en la Red”, ni siquiera un domicilio particular supone frontera alguna para posibles intrusiones provenientes de Internet. En efecto, y según hemos también mencionado en algún otro comentario, la actual es ya la era de la “Internet total”. En palabras de Dave Evans, principal directivo de innovación de la empresa tecnológica Cisco, “todo dispositivo que tenga un interruptor ´on-off´” estará en la Red.

De manera que, centrándonos ya en el caso que nos ocupa, un vídeo elaborado para el “consumo casero” se ha difundido masivamente en Internet, primero a través de la aplicación WhatsApp y después de la plataforma cuasi-universal del vídeo online, Youtube (entre otras fuentes).

A partir de aquí, cruces de acusaciones, entre la protagonista del vídeo y sus contrincantes políticos; entre el representante legal del presunto autor de la filtración a la Red y quienes, desde su imputación, le han puesto en el punto de mira mediático; y entre diversos líderes políticos, que sin embargo parecen apoyar a la concejal más allá de sus distintas afiliaciones partidarias. Y por supuesto, ramificación judicial, a raíz de la denuncia presentada por la afectada.

Queda por aclarar cómo saltó en primer lugar el vídeo a WhatsApp, para pasar desde ahí a sitios web como Youtube. Este dato es clave, pues de ello depende la mayor o menor responsabilidad de quien termine imputado en la dimensión judicial del asunto. No es evidentemente lo mismo que un tercero accediera sin consentimiento al vídeo o que también sin autorización lo difundiera por Internet después, que el hecho de que lo hubiera conocido por voluntad de la concejal. Esta última posibilidad relevaría de toda responsabilidad penal a quien estuviera imputado.

No obstante, lo hasta ahora conocido de esta historia hace de ella uno de los más claros ejemplos de la potencialidad de las tecnologías digitales, Internet en particular, para llegar a reductos de intimidad totalmente infranqueables hasta hace poco más de quince años.

El asunto pone también de relieve una necesidad de gran urgencia: que los ciudadanos sean muy conscientes del alto riesgo que hoy día supone crear en formato digital archivos de naturaleza íntima, pues su salto a Internet puede convertir instantáneamente una alcoba en una plaza pública.

Para ello, es a la vez imprescindible avanzar en la concienciación y formación ciudadana acerca de estos riesgos, de la mano de los poderes públicos, de agentes económicos y sociales o de todos ellos en conjunto.

De lo contrario, situaciones tan tristes y desoladoras como la que la concejal de Los Yébenes viene sufriendo y presumiblemente tendrá que sufrir durante cierto tiempo, no harán sino crecer más allá de todo posible control.

 

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