El Consejo de Europa: un gran valedor de los derechos humanos en Internet.

Publicado por el mar 17, 2014

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Durante los días 13 y 14 de marzo de 2014, tuve el honor de participar en Graz (Austria) en un importante congreso organizado en el seno del Consejo de Europa, bajo el título: “Shaping the Digital Environment. Ensuring Our Rights on the Internet” (“La configuración del entorno digital. La garantía de nuestros derechos en Internet”). La cita congregaba a destacados especialistas de todo el Continente europeo, junto a algunos de las Américas, y reunió a un total de unas 150 personas.

Éstas son algunas de las ideas clave que a mi entender se expusieron en el evento, del que existe retransmisión en vídeo en su integridad.

1. Europa respalda la Internet libre y abierta. Fue una conclusión claramente compartida por la generalidad de los asistentes, pero también expresamente subrayada por Philippe Boillat, principal responsable de los asuntos legales en el Consejo de Europa y en consecuencia también la cabeza más visible de la reunión. Además de las notas de libertad y apertura, Boillat destacó en este sentido la necesidad de preservar el carácter neutral y en la mayor medida posible inclusivo de Internet.

No sorprenden evidentemente estas afirmaciones, conscientes como somos de la línea que Europa viene manteniendo al hilo de este asunto, si bien tienen valor como reafirmación de la misma, siendo al menos tan evidente que la apertura y neutralidad de la Red vienen siendo cada vez más cuestionadas por iniciativas de todo orden, principalmente político y económico.

Entre tales iniciativas se cuenta por ejemplo la de crear una suerte de “Internet europea”, que garantizase su carácter libre, en especial respecto de la privacidad, frente a abusos como los cometidos por la Administración norteamericana con sus prácticas de ciberespionaje a través de la NSA. El citado alto representante del Consejo de Europa se pronunció abiertamente en contra de esta posible  Euro-Net: me felicito por ello, pues si puede ser cierto que pudiera asegurar un “oasis” de Internet respetuoso con la privacidad ciudadana, en todo caso lo es igualmente que supondría un ilustre ejemplo de lo que algunos vienen denominando “balkanización” de la Red, ejemplo que casi con total seguridad terminaría siendo emulado por países bastante menos afines a nuestros estándares de libertad y que están en la mente de cualquiera; además, la parcelación de Internet por iniciativas de esta índole vendría a suponer un desincentivo para la innovación de empresas, que es probable no invirtieran esfuerzos de modo comparable a como hasta ahora lo han venido haciendo (no es lo mismo diseñar una aplicación como WhatsApp para intentar que acabe siendo usada a lo largo y ancho del planeta, que hacerlo con pretensiones de partida necesariamente más limitadas).

2. Europa continúa apoyando el modelo multilateral de gobierno de Internet (“multistakeholder”), basado en la co-participación de gobiernos, empresas, sociedad civil y comunidad científico-tecnológica.

También hay motivos para felicitarse al respecto, aun cuando la presencia explícita, como uno de los ponentes en la reunión, de un parlamentario de la Duma rusa, se encargó de recordar que países como el suyo, que también forman parte del Consejo de Europa, mantienen puntos de vista marcadamente distintos respecto de lo que ha de entenderse por dicho modelo “multistakeholder”, siendo bien conocida su postura favorable a una preponderancia de los gobiernos a la hora de adoptar las decisiones. Postura que, por mi parte, considero sencillamente incompatible con ese modelo, que es al fin y al cabo, no lo olvidemos, el que ha hecho de Internet lo que hoy es, gracias al hecho de que por tratarse de un medio consustancialmente tecnológico, el poder estatal quedó en lo esencial al margen de su desarrollo y expansión iniciales.

Por cierto que la asistencia al evento de la embajadora de Brasil ante las Naciones Unidas en Ginebra, quien en todo momento tuvo una destacada actuación, evidenció la voluntad del gobierno brasileño de dejar también muy clara su línea a propósito de estos temas, nuevamente en el sentido de reforzar el papel de los gobiernos en la gobernanza de la Red, siquiera sea a través del sistema de las Naciones Unidas. El punto de vista de este país cobra también particular relieve por ser anfitrión de la cumbre sobre el tema en Sao Paulo (23 y 24 de abril de 2014).

3. Al hilo del mencionado problema del ciberespionaje protagonizado por la NSA estadounidense (junto a otras agencias de inteligencia occidentales, dicho sea de paso), quedó evidenciado que la seguridad constituye un bien que inexorablemente se ha de preservar: pese a ello, también se recalcó de modo general que la garantía de la seguridad no puede efectuarse a costa de violaciones injustificadas de la privacidad de las personas y sin un control judicial suficiente y adecuado. En lo fundamental, ésta fue la posición manifestada en el evento por el gran jurista guatemalteco Frank La Rue, relator del Informe del Consejo de derechos humanos de las Naciones Unidas sobre Internet y libertad de expresión, que en julio de 2012 tuvimos ya ocasión de comentar en La Ley en la Red.

En el contexto del panel dedicado a privacidad, que fue en el que tomé parte, tuve personal ocasión de referirme a diversos temas que han sido objeto de tratamiento en este espacio, como el del contexto de “Internet total” en que las tecnologías Big Data nos han insertado, así como sus principales amenazas, de la mano de: el hecho de que ya cualquiera puede llegar a ser un “responsable de datos” (lo llamé “efecto GoogleGlass”) y no solo grandes empresas o gobiernos; lo que denominé una “sobrecarga de inteligencia” (“Intelligence Overload”, que rebasa la conocida “Information Overload”), a raíz del ciberespionaje, el peso en las empresas de la Business Intelligence y la “criminalidad inteligente” evidenciada cada vez más por el ciberdelito; o la creciente dificultad de poder ser “dejado en paz” (la esencia tradicional del derecho a la intimidad) por miríadas de dispositivos en crecientemente permanente “modo on”.

4. La representante en la reunión de la Oficina de derechos humanos de las Naciones Unidas, con sede en Ginebra, expresó una de las ideas básicas del panel dedicado a la función de las empresas en estos asuntos: éstas son hoy en día mucho mas conscientes que hace algunos años acerca de la necesidad de salvaguardar los derechos humanos en sus actividades; no obstante, siempre según Naciones Unidas, se echan aún en falta mecanismos efectivos de concreción, que aseguren en la práctica ese respeto.

El gran reto por delante en este campo es pues avanzar en el diseño e implantación de mecanismos que hagan también de las empresas, garantes eficaces de los derechos humanos en Internet. Y en este sentido, cobran capital relieve cuantas medidas puedan aplicarse desde el diseño y por defecto (“By Design/By Default”), como son por ejemplo las adoptadas por alguna relevante empresa de ámbito mundial, y que ya aquí hemos tenido ocasión de exponer y comentar.

5. Finalmente, este encuentro ha puesto sin duda de relieve hasta qué punto una institución como el Consejo de Europa puede desempeñar un papel protagonista en la protección de los derechos humanos en Internet. Y no solo puede a mi juicio hacerlo, sino que sin duda debe hacerlo, desde su posición de actor pan-europeo y a la vez más orientado a la recomendación y el estudio que a la acción ejecutiva.

Dos razones avalan este argumento: la propia iniciativa de organizar el evento (para la que el impulso de la Presidencia rotatoria austríaca ha resultado indiscutiblemente decisiva); y, sobre todo, la de elaborar una completa Guía de derechos humanos para los usuarios de Internet, aún en fase de borrador, que fue sometida a valoración de los asistentes y recibió aprobación general, como un documento completo y excelentemente enfocado.

Es verdad que, como manifestó el responsable de tecnologías de la información y la comunicación de la Oficina de la Presidencia de Estonia, no solo los ciudadanos necesitan estas pautas, sino que también las precisan los gobiernos. Con todo, esta vez en frase de La Rue, es asimismo cierto que los derechos humanos pueden actuar como catalizadores de principios uniformes con vocación de validez universal.

Pues bien, ejemplos como la difusión por gran parte del mundo de la Convención sobre el ciberdelito del Consejo de Europa, muestran a las claras que este gran organismo está de nuevo llamado a una función de liderazgo, ahora en la defensa de los derechos humanos de los usuarios de Internet y, por qué no, con el objetivo de establecer estándares que lleguen algún día a gozar de esa misma validez universal.

 

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