El “alma” de Internet reacciona frente al ciberespionaje

Publicado por el dic 2, 2013

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El IETF, principal organismo técnico de Internet, desarrollará tecnología para proteger la seguridad y la privacidad en la Red.

Hablar de IETF (Internet Engineering Task Force, Grupo de trabajo sobre la ingeniería de Internet) es hablar del corazón de Internet. De IETF proceden los estándares y protocolos que desde hace más de cuarenta años han venido tejiendo esta Red tal como hoy la conocemos. En ella se intercambian los llamados Requests for Comments (RFCs), solicitudes de comentarios entre los tecnólogos acerca de nuevos desarrollos posibles de código; solicitudes que, en caso de ir encontrando respaldo generalizado en cuanto a su solidez teórica y de demostrar su viabilidad como código realmente operativo (“que funcione”), terminarán por generar a su vez nuevos estándares y protocolos, haciendo así avanzar tecnológicamente Internet.

Como recuerda David Post (matemático, jurista y profesor de derecho de Internet en Temple University, Pennsylvania), gracias a este método de trabajo IETF se bastó sola para ir creando Internet de 40 años para acá sin el respaldo de gobierno u ordenamiento legal alguno (más allá, ciertamente, de esos aproximadamente 200 millones de dólares que, según Vinton Cerf, el Departamento de Defensa norteamericano invirtió en ARPAnet, la antecesora directa de Internet, desde fines de los cincuenta).

Por eso me parece tan relevante cualquier cosa que a IETF se refiera. Y por eso me ha parecido importante una iniciativa surgida de este organismo en su reunión celebrada en Vancouver (Canadá), a comienzos de noviembre de 2013. La causa de esta iniciativa era la alarma generada a escala mundial por las prácticas de ciberespionaje llevadas a cabo por la NSA y otras agencias norteamericanas, junto a otros servicios secretos occidentales, y que en La Ley en la Red venimos comentando desde que se hicieron públicas, a mediados de 2013.

Según datos de la propia IETF, allí se dieron cita más de 1.100 ingenieros y tecnólogos de todo el mundo con el fin de “replantear los enfoques de seguridad en un amplio abanico de áreas técnicas”, a la vista de que “la actual situación de vigilancia generalizada representa un ataque a Internet”.

Y representa un ataque a Internet, añado, porque violenta abrupta y flagrantemente sus postulados básicos, por encima de todos, su apertura. Desde el momento en que cualquiera, y con cualesquiera fines, se interpone en la comunicación entre dos extremos de la Red, dicha apertura queda cuestionada: y, sí, es verdad, y aquí mismo lo hemos venido sosteniendo, la apertura de Internet no puede propugnarse de un modo maximalista, en cuanto que absolutamente incondicionado, pues siempre habrá motivos que puedan justificar determinadas “interposiciones”. La seguridad es justamente uno de tales motivos, quizás el de mayor trascendencia.

Lo que en cambio resulta muy difícil de sostener es que, en nombre de la seguridad, la apertura de la Red quede reducida a cenizas. Y que, colateralmente, en nombre de esa misma seguridad, la privacidad en línea haya sufrido un ataque de enorme gravedad, que hace incluso dudar de que hoy en día siga acaso existiendo.

Afortunadamente, IETF comparte estos puntos de vista. No podía ser de otro modo para quienes al fin y al cabo “crearon Internet”. De ahí su principal decisión tras la reunión de Vancouver: desarrollar las especificaciones técnicas que permitan mejorar la privacidad y seguridad de Internet.

Como casi todos los problemas de nuestros tiempos, las mermas de seguridad y privacidad en Internet derivadas de los abusos del ciberespionaje requieren de medidas en múltiples campos: científico-técnicos, político-sociales  y legales.

IETF va a hacer su parte desde el ángulo tecnológico. Sin ella, de nada servirían las iniciativas de otra índole, dada la naturaleza predominantemente tecnológica de la Red. Con ella, y como la propia Historia de Internet demuestra, se habrá dado un paso decisivo para preservar Internet del modo que ha hecho posible su fulgurante éxito como herramienta global de comunicación, participación y prosperidad.

Ahora es preciso que, como invita a hacer Russ Housley, presidente de otro organismo clave en este ámbito, la Internet Architecture Board (Junta sobre la  arquitectura de Internet, IAB), “otros se encarguen de los aspectos no técnicos que forman parte de una respuesta integral a la vigilancia masiva en Internet”.

Es pues hora de que los gobiernos occidentales, entre ellos por supuesto el estadounidense, reafirmen su compromiso con la Internet libre y abierta, con medidas concretas que ayuden a restaurar la seguridad y la confianza perdidas. Que la sociedad civil extreme su vigilancia para que acontecimientos como éstos no se vuelvan a producir. Y que la comunidad jurídica afine sus habilidades a fin de acomodar la privacidad a tiempos en que, quizá como nunca antes, se está vulnerando su integridad.

 

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