“Digital Due Diligence” (DDD): Hacia un uso responsable de Internet

Publicado por el abr 28, 2015

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Es ya lugar común que estos tiempos de “Internet total” constituyen un desafío creciente para las libertades. De manera que, si bien ya hoy más de dos mil millones de personas en todo el mundo disfrutan de las innumerables ventajas de las TICs,  también es cierto que su cada vez más extensa y profunda introducción en nuestras vidas pone como nunca a prueba la virtualidad de tales libertades, concebidas en entornos bien distintos del actual digital.

Todo ello me ha llevado a sostener en otras sedes que, si bien Internet ha “nacido libre”, en tanto que abierta a cualesquiera aplicaciones, servicios y contenidos, esa apertura debe en cualquier caso ser al tiempo responsable. Es decir, que, como  no hace mucho afirmaba el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, cualquier derecho que pueda proclamarse offline, debe igualmente valer online. Al fin y al cabo, Internet no es el Far West.

No obstante, es esa misma omnipresencia de la Red (de Internet “a lo Martini” hablaba humorísticamente hace muy poco el EU Digital Champion for Spain, mi amigo Andreu Veà) la que justamente debe llevarnos a involucrarnos personal, individual o colectivamente, como ciudadanos, en la vela por nuestros derechos en línea y en su defensa si resultan vulnerados.

En otros términos, entiendo que los poderes públicos (a cualquier escala, mundial, europea, nacional o regional) no deben ser los únicos responsables de que los derechos offline sean también efectivos en el entorno digital: también los ciudadanos hemos de preocuparnos y ocuparnos de que así sea.

De ahí que comenzar a propugnar una suerte de Digital Due Diligence, o DDD, sea de urgencia ineludible. Ámbitos como la identidad, privacidad y seguridad digitales lo exigen bien a las claras, y así se encargan de recordarlo el Congreso de los Diputados (Recomendaciones B.a.3 y B.c.9), y el Senado (Conclusiones nº 7 y 10, Recomendación nº 4) en sus respectivos y bien recientes informes, dedicados a estudiar y proponer soluciones al problema de la protección de la juventud y la infancia en Internet y redes sociales.

En la misma línea va la Unión Europea, a través de la “Estrategia europea en favor de una Internet más adecuada para los niños”, de 2 de mayo de 2012.

Y el Consejo de Europa, con su Guía de derechos humanos para usuarios de Internet de 16 de abril de 2014. Su versión española, recientemente publicada por la iniciativa Derechoseninternet.org (AUI, ISOC, AI, ATI) recuerda en su punto 1, dentro del apartado de Protección de la vida privada y de los datos personales:

“Deberías tener en cuenta que, al utilizar Internet, tus datos personales son objeto de un tratamiento constante. Esto ocurre cuando utilizas servicios tales como navegadores, correo electrónico, mensajes instantáneos, protocolos de transmisión de voz por Internet, redes sociales, motores de búsqueda y servicios de almacenamiento de datos en la nube.”

Mientras que el punto 3 del apartado dedicado a los Niños y jóvenes les apunta lo siguiente: “Debes tener en cuenta que tanto el contenido creado por ti en Internet como el contenido creado por otros usuarios en relación contigo pueden ser accesibles en todo el mundo y podrían poner en peligro tu dignidad, tu seguridad y tu vida privada, o ser de otro modo perjudiciales para ti o para tus derechos, ahora o en una etapa posterior de tu vida.”

Y esta idea se debe extender a otras áreas legales que no sean estrictamente la identidad o la privacidad. Los titulares de derechos de autor, por ejemplo, han de ser bien conscientes de la conveniencia de protegerlos de modo muy especial en línea, siendo de hecho Internet el principal foco de infracciones en esta materia. Igualmente los de derechos de propiedad industrial, fácilmente vulnerables, de nuevo a modo de ejemplo, a través de la inscripción de un nombre de dominio que incorpore sin autorización una marca ajena. O en general cualquier ciudadano, que deberá velar muy especialmente por la seguridad de su información económica a la hora de hacer una transacción comercial por Internet.  

Mucho resta aquí por hacer, es obvio, en el terreno de la educación y de la concienciación social, siendo asimismo clara la necesidad de una intensa colaboración a tal efecto entre las  esferas gubernamental, empresarial (particularmente del sector digital) y del asociacionismo ciudadano.

En fin, comienzan a prodigarse tablas (o al menos guías) de derechos y libertades para los usuarios de la Red, siendo sin duda la mejor muestra la recién citada del Consejo de Europa. Es de desear que esta tendencia avance, de manera que el mayor número posible de personas que utilicen Internet puedan cuanto antes acogerse a ellas.

Aun cuando también es recomendable que, al tiempo que recogen derechos, dichas tablas incluyan igualmente la necesidad de que los usuarios de la Red actúen en ella de un modo cada vez más responsable; en suma, con arreglo a pautas bien establecidas de “Diligencia Debida Digital” (DDD).

 

 

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