Utilización de animales como factorías para la fabricación de órganos para trasplante hechos a medida. ¿Ha dado el Dr. Izpsua con el huevo de Colón?

Publicado por el abr 28, 2014

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“Y Dios hizo caer sueño sobre Adán, y se quedó dormido: entonces tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar; y de la costilla que Dios tomó del hombre, hizo una mujer.”

(Génesis 2.21-23)

 La realidad supera frecuentemente a la ficción, especialmente en la ciencia médica, donde se reciben cada día noticias increíbles sobre nuevos avances. Sin embargo, incluso los que estamos en el oficio, y por tanto más acostumbrados a estas noticias, nos hemos visto grata y enormemente sorprendidos por los resultados del trabajo revolucionario que está realizando Juan Carlos Izpisua en los EE UU. Es difícil creer que la ciencia pueda hacer realidad lo que se describe de forma figurada en el Génesis: crear seres vivos aprovechando las condiciones ambientales y bioenergéticas de otros seres vivos, pero es eso precisamente lo que el Dr. Izpisua acaba de conseguir.

Juan Carlos Izpisúa es bioquímico y farmacéutico. Nació en Albacete, pero lleva ya muchos años trabajando como investigador en el Instituto Salk, en la Jolla (California), donde ha desarrollado una impresionante carrera como investigador biomédico. Su trabajo se ha centrado fundamentalmente en los aspectos más fundamentales de la medicina regenerativa con aplicación de células madres, campo en el que ha realizado múltiples contribuciones de enorme importancia. Hasta hace poco, ha compatibilizado su trabajo en los California con la dirección del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona.

En los laboratorios de medicina regenerativa sabemos que las células madre pueden ser útiles en las fases iniciales de las enfermedades, porque pueden evitar la destrucción de los órganos recientemente dañados. Pero también sabemos que estas células, aunque sean muy potentes, no sirven para resolver las fases avanzadas de la enfermedad, en las que la destrucción del órgano es completa y no sólo han desaparecido las células sino la estructura tridimensional que, que cómo las vigas, cañerías y cableados internos de los edificios, sirve para sostener a las células, organizar su crecimiento y distribución y nutrirlas adecuadamente (vasos, terminaciones nerviosas,  fibras de soporte, etc.). En los últimos años, la necesidad de resolver este problema ha dado lugar al desarrollo de lo que ha venido a llamarse bioingeniería tisular, que consiste en la manipulación de células madre y de materiales biológicos o artificiales para la creación de tejidos u órganos que, utilizando células del paciente que lo pueda necesitar, puedan trasplantarse en situaciones de enfermedad avanzada,  resolviendo así el problema de la escasez de donantes y el riesgo re rechazo.

Uno de lo principales desafíos con los que se enfrenta la ingeniería de órganos y tejidos es que su fabricación requiere reproducir las condiciones naturales de ese proceso dentro del cuerpo humano. Por ejemplo, si se quiere fabricar un corazón, no es suficiente con aportar las células madre y la estructura tridimensional de soporte; se necesitan también las mismas condiciones en las que la naturaleza crea ese órgano durante la etapa embrionaria, dentro del claustro materno. Estas condiciones, muy difíciles de reproducir, incluyen, entre otras, los niveles adecuados de temperatura, humedad, aporte de oxígeno y estimulación mecánica  y eléctrica, etc. Sin ellas, el órgano el corazón esbozado no será nunca un órgano maduro y funcionante que se pueda trasplantar con seguridad. Por ello, uno de los elementos más importante de la tecnología de bioingeniería tisular es la utilización de bio-reactores, una especie de incubadoras enormemente sofisticadas y complejas donde se intentan reproducir las condiciones que, en la vida embrionaria y fetal, permiten el desarrollo y maduración de los órganos sólidos. Los avances en el campo de los bioreactores están siendo espectaculares, pero todavía no se ha logrado reproducir con exactitud el claustro materno que permite la formación y maduración de los órganos durante la vida embrionaria.

Todo indica que el Dr. Izpisúa ha sido capaz de resolver este problema a través de una metodología que solo puede calificarse de revolucionaria. Lo que este investigador ha demostrado es que se pueden implantar en un embrión de cerdo células madre de hígado de otra especie, por ejemplo humana, para que ese embrión porcino comience a desarrollar uh hígado humano. Una vez que ese desarrollo ha comenzado, el embrión con el hígado de otra especie puede implantarse en la útero de una “cerda de alquiler” donde acabará desarrollándose hasta madurar durante el periodo correspondiente a la preñez. A final, la cerda parirá un lechón con un hígado que, cuando alcance el tamaño adecuado, se podrá trasplantar al paciente que necesita este trasplante por que su hígado haya desarrollado un fallo terminal e irreversible. Sin necesidad de esperar al fallecimiento de un donante, porque con las células de los paciente y la “factoría animal” se podrán fabricar tantos órganos como se necesiten. Sin riesgo de rechazo y sin necesidad de tomar tratamientos inmunosupresores, porque en la “factoría animal” se habrá fabricado un hígado con las células del paciente que lo necesita y, por tanto, ese hígado no será reconocido como extraño por el sistema inmunológico del paciente.

Por detrás y por delante de esta simple y simplista explicación hay mucho talento e ingenio, mucho rigor, mucho esfuerzo y un largo camino recorrido y por recorrer. La “factoría animal” de órganos humanos que el Dr. Izpisua ha descubierto tardará años, quizás décadas, en ser una realidad aplicable de forma rutinaria a la enfermedad humana, pero acabará siéndolo sin ninguna duda. Y es ya, también sin duda alguna, uno de los hitos más relevantes y esperanzadores en la historia de la medicina regenerativa. ¡Felicidades y muchas gracias, Juan Carlos!

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