Mourinho, el perseguido

Mourinho, el perseguido

Publicado por el mar 19, 2013

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Después de un tiempo, los hombres se miden por sus invenciones, que es lo que queda de ellos. Héctor “El Negro” Enrique, jugador perfectamente olvidable fuera de Argentina, logró esquivar la nada eterna gracias a una frase. “Con el pase que le di a Maradona, si no hacía ese gol era para matarlo”.

Ese gol fue el segundo a Inglaterra en el Mundial de México del 86. Y entre el pase del Negro y la red de la portería de Shilton, Maradona aún tuvo que sentar a seis ingleses y recorrer 50 metros, desde su propio campo. La frase completaba el delirante relato radiofónico de Víctor Hugo Morales (“barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?) e introducía al Negro para siempre en lo que luego se dijo había sido el mejor gol de la historia. Directamente desde la irrelevancia del mediocampismo. “Si no hacía ese gol era para matarlo”.

Contar algo es terminar de reordenarlo, especialmente si ha pasado tiempo suficiente. El Negro eligió quedar como decisivo actor secundario de un gol que todo el mundo vio que había sido una obra puramente individual. Casi 30 años llevamos viéndolo y sin embargo el Negro, en cierto modo, lo logró, apoyado en esa frase que perdura. Mourinho también se teje y se desteje a sí mismo: para alumbrar un fugitivo, un tipo con algún grupete poderoso siempre sobre sus talones.

Cuando faltó a la gala del Balón de Oro en Zúrich, culpó al mucho trabajo que tenía en Madrid para preparar un partido de Copa del Rey. Hasta este martes fue el profesional entregado que se escabulle al final de la tarde a ver el entrenamiento de fútbol del hijo. Ayer levantó el velo de la última versión, y apareció la Fifa conspirando: “Cuando varias personas me dijeron que votaron por mí y que en su voto apareció otro, decidí no ir”.

Casi resulta secundario que haya esperado meses para una denuncia de un amaño del que tenía testigos. O que la duda que intenta extender salpique al ganador del premio, Vicente del Bosque, dos Champions, campeón del Mundo, campeón de Europa en el año sobre el que se votaba. O que en la costumbre de la organización el detalle de quién votó a quién sólo se conociera en los alrededores de la gala, ya allí en Zúrich. Nada de eso se ve tanto como el rasgo de carácter que amasa con estas historias. Como la placa por 100 partidos en la Champions que lamenta que la Uefa no le da, o lo difícil que dice que le resulta ser portugués en España. Así se construye un perseguido.

A un tipo así, en su acorralamiento, puede llegar a permitírsele cualquier latigazo. El Negro Enrique, el pasador del mejor gol de la historia, terminó trabajando como ayudante de Maradona, entrenador entonces del Al Wasl de Emiratos Árabes Unidos.

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