Messi y la vulgaridad del gol

Publicado por el dic 13, 2012

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Lo mínimo que se podía agitar contra Messi era el fantasma de Chitalu. Cuando también él pase, al argentino se le perdonarán antes los goles que ha ido marcando al equipo de cada cual que esta vulgarización suya de lo asombroso. La rutina de lo extraordinario. Rutina.

Antes de que nos lo cruzáramos, estaba ahí el récord de Gerd Müller, sus 85 goles anotados en 1972. Se trataba de algo tan insólito como inalcanzable, una hazaña contenida en un tiempo al que, como a todos los ya idos, resulta imposible acceder de nuevo. Sin embargo, el discurrir de Messi con la pelota convertía el destrozo del reto en un trámite puramente administrativo. Transcurridos los plazos, sucedería. Como ha sucedido.

Eso, como es natural, resulta intolerable, del insoportable modo que lo es para el adolescente escuchar que su pasmo enamorado puede ser traducido al cifrado de una reacción química. Qué menos que arrojarle a Chitalu, el futbolista de Zambia que dicen que marcó 107 goles en el mismo 1972 de Müller.

El carácter fantasmal no se lo otorga únicamente de lo resbaladizo de los registros, quizá también sombra entonces del récord del alemán. Además, Chitalu murió en abril de 1993 mientras volaba. Su avión, con la selección de Zambia a la que entrenaba, cayó al mar de madrugada frente a la costa de Gabón. La desaparición del mundo es la característica fundacional del buen fantasma, al que cargar con las culpa de un desfalco o con la tarea de golpear a Messi. Lo raro es que no hayan aparecido más Chitalus.

Como de cualquier rutina, se entiende el hartazgo con el acierto del argentino. De eso, sólo le habría librado el error. El fallo como único resquicio para la genialidad. Una sucesión de tiros al palo para cerrar el año a un tanto de Müller. De ahí sí habría nacido alguna incertidumbre. Y Chitalu seguiría descansando tranquilo en el olvido.

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