Maneras de tratar al miedo

Publicado por el Jun 16, 2010

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No siempre es la memoria. A Green se le escurrió el balón, y enseguida recordamos a Higuita, a Zubizarreta, a Molina. Sin embargo, esta vez lo interesante no se encuentra en un recuerdo. Hay que fijarse en lo que le suceda a partir de ahora a Inglaterra y a Green con el miedo. En ese terreno es donde se deciden en realidad los mundiales. En los instantes en los que asoma la derrota. Al borde del precipicio. Sin tiempo. Sin hombres. Sin ganas casi. O en el siguiente disparo remoto que le soplen a Green. Capello, que tiene aún más memoria, ya se ha adelantado: “No cometí ningún error al incluirlo. Y no tengo miedo para el futuro”.

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Sobre la gestión del miedo, estudien a Italia en cualquier Mundial. Circula tambaleándose firmemente por los partidos, como borracho a punto de estrellarse contra el suelo. Pero resulta luego que se mueve con la pericia del marinero acostumbrado a la cubierta. El otro día, cuando iban perdiendo 1-0 contra Paraguay, todo el mundo sabía que harían algo. Ellos también parecían ir perdiendo con calma. Hasta que la pelota le pasó de largo al portero Villar en un córner y la empujó De Rossi cuando caía en el palo del fondo. La intensidad de la celebración no se correspondía con el momento. Daba la impresión de que, cumplida la habitual ceremonia del límite, ya no les quedaba mucho por delante.

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Brasil enfrenta el miedo como los bebés. Como si no supieran que existe. Tocan. Dan vueltas. Bailan. Ayer pasaban los minutos de 0-0 con Corea del Norte sin que subieran las revoluciones. Y cuando Maicon se encontró recostado casi contra la línea de fondo frente al portero, no podía encontrarse más lejos de Green. El portero coreano dio medio paso hacia fuera y Maicon dibujó con el empeine la curva que encontró el hueco entre el portero y el palo.

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Luego está la vez que llevaron a Ronaldo desmayado al hospital justo antes de la final de París contra Francia. Esa tarde de lo que pareció pánico, Zidane le metió dos goles de cabeza a Brasil. Cuatro años después, Ronaldo le colocó dos a Alemania en la final.

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Antes de que a Green se le tropezara un balón a la red, antes incluso de que España pisara Sudáfrica, Xavi hablaba de un miedo recién descubierto por el equipo: “la ansiedad del favorito”. De ahí el empeño por la calma del sedante Del Bosque. Y las ventajas de la supuestamente apacible Suiza con la que nos estrenamos dentro de un rato.

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Por lo demás, Maradona y Pelé por fin pueden enfrentarse en un Mundial. Se ve que empezó El Pelusa, poco antes del primer partido de Argentina: “Cuando sucedió la tragedia con el plantel de Togo antes de la Copa Africa, un señor morocho que jugaba de diez dijo que no se iba a jugar el Mundial en África. Yo, en cambio, dije que la Copa del Mundo se iba a hacer en Sudáfrica”. El lance de Pelé pareció llegado del barro: “Diego tomó el trabajo en la selección porque necesita dinero. Vi que Argentina se clasificó con dificultad en las eliminatorias. Pero la culpa no es de Maradona, sino de quien lo puso en el cargo”.

Como si este anuncio-homenaje de Pelé y su último gol (a Argentina, claro) fuera más que eso.

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