Meryl Streep, la genialidad como norma

Meryl Streep, la genialidad como norma

Publicado por el sep 10, 2013

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Desde que el proyecto de “La dama de hierro” salió de la mente de Phyllida Lloyd, y puede que incluso antes, la figura de Meryl Streep empezó a rondar el número 10 de Downing Street. Ni siquiera hizo falta echar un vistazo a las actrices de moda, las que estaban, estuvieron o iban a estar. Era ella o nadie, es decir ella. Hay una corriente de última hora, molesta e insólita, que tiende a colocar a Streep entre las imitadoras de personajes, y no como lo que es; la mejor actriz del mundo y, probablemente, uno de las cinco mejores de la historia. De hecho, ya se lo dijo Bette Davis en su momento: “Solo tú podrás ser mi sucesora”.

No hacía falta que lo dijera. Ya lo sabíamos. Nadie la discute, todos saben ante quién se inclinan y por qué lo hacen: mil papeles, mil encarnaciones, todas distintas, todas en su punto de cocción, todas irreprochables, ya fuera encantadora, odiosa, enamorada, frágil o dura como el pedernal. Sin apenas hacer un gesto, Streep lo dice todo.

Su técnica es perfecta. La fue puliendo durante los largos y duros años de teatro antes de meterse en el celuloide. La obligada travesía por el desierto teatral que hacen los actores ingleses para ser denominados los mejores del mundo lo hizo Meryl Streep con la mayor naturalidad. Se graduó en Bellas Artes de Yale y luego se fajó en los ruedos de Nueva York y New Jersey con un montón de Shakespeare por montera (incluido un Enrique V, que son palabras mayores). Cuando llegó a la cámara, ya era poseedora de todos los secretos.

No desmayó ni en la muerte de su querido y genial John Cazale (“Fredo, me rompiste el corazón”), y siempre se ha sobrepuesto a todo y a todos. Es la más admirada entre sus compañeros porque acompaña sus actuaciones con ese áurea de naturalidad que parece que en cualquier momento se meterá en la cocina a pelar patatas y, aún así, nos seguiría pareciendo mágica.

Desde que se supo que haría “La dama de hierro”, el resto de actrices desmayó. Ese año no habría Oscar para ninguna de ellas. Efectivamente, su actuación fue memorable, tanto que la película quedó en segundo plano ante su portentoso quehacer. El ramillete de premios fue interminable: Oscar a la mejor actriz, Globo de oro a la mejor actriz dramática, el BAFTA…, todo lo que tocó en esa cinta lo convirtió en oro.

A nadie le extrañó. Nadie se sobresaltó. Era el pan nuestro de cada día. Ha sido nominada por la Academia 17 veces y ha ganado tres (dos principales y un secundario), y amenaza con romper todos los récords. Lo hará con la sencillez y placidez con que fríe las patatas en casa.

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