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La capilla de San Álvaro

Una frase hecha, por caridad

Flores

Con las frases hechas y los argumentarios pasa lo mismo que con los subsidios de desempleo y las subvenciones a fondo perdido: que quien puede se siente bien criticándolo, pero ayudan a salir adelante a mucha gente que lo tendría crudo. La paguita del paro y lo que se recibe por otro lado pueden parecer un incentivo a la pasividad, pero ayudan a no caer en los pozos sin fondo del hambre y lo marginal; lo mismo pasa con el pensamiento prestado por quienes saben más, que ahorran tener que discurrir a las meninges atrofiadas que no tienen demasiada costumbre de pensar, llegar a conclusiones y equivocarse. Una ayudita para quienes viven en la indigencia intelectual, por caridad.

En el mundo de las cofradías, que tantas veces confunde la fe con la ceguera, la comunión con el seguidismo y la lealtad con el hacer de borrego, hace mucho tiempo que han triunfado las frases de argumentario y las ideas prestadas que no se comprenden muy bien, pero que han servido para que alguno se salga con la suya. Estimulan la pereza y ayudan a la pobreza mental, pero tienen muchos beneficios para el que inventa los eslóganes, que se asegura que los que están debajo (bastante abajo, a veces) hacen lo que quiere, y estos últimos, que sin comerlo ni beberlo se ven con una responsabilidad casi siempre mayor de las que sus pobres entendederas pueden soportar, se encuentran blindados por un argumento que ellos entienden incontestable y que les hace parecer hasta respetables y coherentes. Aunque no entiendan lo que dicen.

La lista de frases es bastante larga y los hay en todas las casas. Los mismos que ahora se ponen en la portada del féisbuc una foto de su cofradía en la Catedral decían que la carrera oficial que en paz descansará, la de Claudio Marcelo y Las Tendillas, era «la mejor de las posibles», lo cual podía revelar o bien una perrera como un demonio o no haberse parado a pensar ni a medir nada, sobre todo si se mira lo que vino después. Una de mis favoritas fue siempre aquella decía que la Agrupación de Cofradías «no puede ser una hermandad más». La escuché unas cuantas veces en la Cuaresma de 2008 y muchas más en la primavera de 2012, en labios seglares y consagrados. Lo curioso es que siempre pensé que no significaba gran cosa para quienes lo decían, aunque nunca nadie les puso en el apuro de explicarlo. Cosas de la vida, poco después la asamblea de hermanos mayores decidió que la Agrupación siguiera teniendo su titular mariana con una procesión que había que organizar entre todos.

Sonó mucho también que a la Catedral no se podía ir «por imposición o por narices», como si alguien les estuviera poniendo una pistola en la cabeza a las heroicas cofradías que llevaban la contraria a la corriente mayoritaria que decía que era imposible. Era una frase tan vacía y recurrente como los que decían que «a San Agustín sí, pero no así» y cinco años después todavía hay quien espera que le aclaren la frase. Ahora que ha llegado el momento de retratarse y llevar la carrera oficial a la Catedral florecen las frases vacías. «Hasta que no haya dos puertas nosotros no vamos», dicen incluso quienes están solos en su día sin explicar qué les molesta tanto del Arco de Bendiciones. Otros están con que «hay que evitar Deanes» y a lo mejor alguna vez se buscaron un sitio allí para ver pasar seguidas a las cinco del Viernes Santo sin demasiados achuchones.

Si uno pregunta sobre el proyecto alternativo, el que busca evitar una carrera oficial redonda, la consigna es que «no beneficia más que a algunas hermandades», como si la otra opción significara que todas tienen recorridos lógicos y no hay que hacer sacrificios de ninguna clase. Pararse a pensar, estudiar las ventajas de uno y de otro, incluso dibujarse en la cabeza horarios y órdenes de una y otra opción ya sería un ejercicio de abstracción y trabajo mucho más incómodo que una frasecita que va en un mensaje de whatssap y le vale a todo el mundo. Se admiten apuestas para lo que pasará dentro de muy poco tiempo, pero es de esperar que muchos pasen del «no ir por imposición» al «este es el mejor momento», a un «la asamblea ha decidido y no hay más que hablar» y sobre todo a un «yo ya sabía que lo íbamos a conseguir tarde o temprano». Las charlas de bulla o de barra todavía no han pasado a las hemerotecas.

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