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La capilla de San Álvaro

Trofeos de caza

Hace años quienes hablaban de contratos en verano eran los futbolistas que buscaban equipo y los clubes que querían reforzarse. En los rituales de apareamiento en que un futbolista se ofrece, otro dice que no pero que ya veremos y un agente levantaba un rumor con portada de periódico deportivo a ver si se llevaba una comisión se echan los meses en que no hay competición deportiva, si es que así se le puede llamar a la tan desigualada Liga española y la cacareada Champions League, indigna heredera de la vieja Copa de Europa en la que casi todos eran capaces de dar un susto.

En este julio con las procesiones extraordinarias todavía lejos, sin igualás y con las elecciones ya terminadas, también los cofrades y sobre todo los músicos andan entretenidos con un mercado de las bandas y poco faltará para que se hagan apuestas de a dónde va cada una. Antes eran las cofradías las que buscaban a la formación musical que tenía que ir con sus imágenes; ahora se ofrecen ellas. Lo normal es que las hermandades pusieran fin a la relación, ahora son ellas las que se van en busca de un equipo mejor, y si se dice equipo algo tendrá que ver lo deportivo.

Las noticias se celebran como éxitos y dejan la sensación de que para muchos de los que pertenecen al mundo de las bandas, que aunque tenga cosas en común no es exactamente el de las cofradías, o de lo que deberían ser las cofradías, las imágenes a las que acompañan (o los pasos, con más propiedad) no dejarían de ser trofeos de caza, sitios que uno se apunta en el pasaporte, plazas fuertes que se conquistaron, mujeres muy guapas que uno se llevó a la cama. Y, como hizo Luis Miguel Dominguín con Ava Gardner, eso hay que contarlo, y que a uno lo feliciten, porque no importa tocar ni hacer la mejor música, sino hacerlo en el mejor sitio, allí donde más se va a brillar.

Una rescisión sin destino fijo es el comienzo de larga serie de apuestas y quienes están en una Junta de Gobierno saben que una salida extraordinaria es como un concurso público al que tienen que optar muchas empresas, digo bandas, interesadas en coger como sea la actuación. Igual que los constructores de obra pública, aunque se digan liberales, piden a los Gobiernos que inviertan y liciten, no se descarta que las bandas se asocien y antes de sacarse las asaduras a navajazos de cahicuerna pidan a los Obispados y Agrupaciones que hagan magnas para tener carga de trabajo. Los ritos de apareamiento pueden durar años y a veces hasta rozan el acoso sexual, por eso conviene no bajar la guardia nunca ni para tomar un café como amigos y en presencia de otros. De ahí a que alguno piense que se acabará con un revolcón o una convivencia de cuatro años no hay más que unas elecciones mal llevadas.

No hace mucho me contaron que una cofradía de la provincia de Córdoba tiene que cambiar de banda de cornetas y tambores casi cada año porque su paso va al estilo malagueño, con varales por fuera, y por lo tanto no hay vídeos con muchos likes en los que se alabe la conjunción entre la cuadrilla y la música. Las bandas se van a otros lugares. No he comprobado si es verdad, pero sin duda me parece verosímil. No basta con ir detrás de una imagen de incomparable unción e impacto, ni siquiera con hacer lo que a uno le gusta. La música, que en su estado natural es tan bella como austera, más honda cuanto más vacía de artificios, hermosa por sí misma incluso aunque el auditorio sea indiferente, se tiene que poner al servicio de una forma de andar. Y claro, lo siguiente que deje de sonar si el paso se detiene, porque para los que tocan y los que contratan deja de tener sentido.

Es el sino de los tiempos. A mí me gusta una banda que suene bien y entone con la cofradía a la que acompaña, pero echo de menos a aquellos viejos músicos que si no eran cofrades tenían respeto reverencial por el noble arte que practicaban, y por eso eran honrados con la cofradía que les pagaba. Y si eran cofrades también tenían la decencia de asumir que no por cualquier cosa ellos van detrás de la imagen y los que tantas veces condicionan los cambios de bandas y los repertorios de marchas, debajo.

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