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La capilla de San Álvaro

Porque lo pide el obispo

Parece que las cofradías ya no son las hijas un poco díscolas de la Iglesia. Hubo un tiempo que las tuvieron, a ellas y a los cofrades, como parientes retirados que compartían quizá una fe, pero lo hacían tan a su forma, pendientes sobre todo de las manifestaciones externas y de los pasos en la calle, que algunos pensaban que sólo querían mover a las imágenes sagradas sobre un paso. Los muy maliciosos hasta contaban que la gente salía de los besamanos cuando empezaban las misas y volvían a entrar luego en masa, como si las hermandades no fuesen más que una afición que no se manifestase en la liturgia, el culto y los sacramentos.

Todo eso se diluye en estos días en que las cofradías van confirmando su presencia en la gran exposición que se celebrará en septiembre de 2019 en la Mezquita-Catedral. Y lo hacen con pleno sentido eclesial y así lo dicen. «Como nos pide nuestro obispo», ponen casi siempre los comunicados, y los comentaristas de las redes sociales dicen que cómo se va a negar nadie a lo que ha dicho el prelado.

Pues por fin. Ya era horita de que hubiera un poco de sentido eclesial. Las hermandades han comprendido que forman parte de la Iglesia y que en Córdoba la pastorea su obispo como sucesor de los apóstoles, así que no se pueden negar a lo que pide. Y pide llevar a las imágenes al primer templo, donde estarán una semana sobre sus pasos, para celebrar el Año Jubilar del Sagrado Corazón de Jesús,y el 75 aniversario de la Agrupación de Cofradías y algunas incluso irán en traslado en sus tronos y para eso ya andan preparándose cuadrillas de costaleros y capataces invitados y las bandas de toda Andalucía se ofrecen sin cesar a las hermandades que se puedan quedar sin la suya. Y las hermandades hacen planes de flores extraordinarias y de lo bien que quedará todo. Pero es todo porque lo pide el obispo.

Tan admirable espíritu de eclesialidad no se tiene que quedar aquí. Visto el poder de convencimiento de la silla de Osio estaría bien aprovecharlo para insistir en pedir más cosas, que don Demetrio y sus antecesores reclamaron sin tanto éxito. Por ejemplo, que la mirada a las imágenes no distraiga del culto real a Cristo en la Eucaristía, o que lo pintoresco y anecdótico en las hermandades no distraiga, como dijo Juan José Asenjo, de lo esencial, que tiene que ser la formación y la caridad. Que no se queden en la belleza, como afirmó aquel día en que la Reina de los Mártires llegó a San Pedro.

Así que ya sabe el obispo la fórmula. Que lo pida, y lo harán si él lo reclama. Las cofradías se llenarán de cofrades que quieran formarse y lo hagan, y conozcan la fe que profesan. No sólo la conocerán, sino que por saberla superarán las divisiones y respetarán las normas escritas y las que no se escriben porque son obvias. Si él pide el mismo ahínco para asistir a los cultos que para los ensayos de costaleros habrá hermandades que tendrán que disponer más sillas, y si llama a una obra social constante, con criterio y más allá de llevar unos cuantos paquetes de lentejas, que están bien pero no bastan, las mismas cofradías que ahora corren a decir que estarán en la famosa magna detraerán dinero de los peroles y de los estrenos para hacerlo. No tiene más que pedirlo para encontrar llenas las charlas formativas y con temas interesantes, y si quiere también un poco de atención a la cultura se llenará la agenda de conferencias sobre iconografía y música sacra. Cuando se desmonten los pasos en septiembre del año que viene no habrá que desaprovechar un espíritu eclesial tan disciplinado.

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