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La capilla de San Álvaro

¿Por qué llora la Virgen?

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Por Joaquín de Velasco

Probablemente coincidirás conmigo en que, a veces, uno cree que todo es mentira. Si no en la esencia, sí al menos en lo que le acompaña. Hay momentos, ya duren segundos o años, en los que uno se plantea hasta qué punto esto es verdaderamente lo que amamos.A veces da la sensación de que el abrazo del supuesto hermano esconde una puñalada. A veces parecerá que este mundo no está lleno de oración y gestos piadosos, sino de zancadillas. A veces te dirás que no tiene sentido compartir esfuerzo con quien parece haber perdido el rumbo.
A veces creerás que estamos confundiendo los medios con los fines. Que lo artístico, lo antropológico, lo social, lo festivo de las cofradías ha terminado devorando la religiosidad. A veces pensarás que quizás no fuese tan mala idea hacer una hoguera con todas las vanidades que rodean al mundo de las cofradías. A veces no comprenderás como alguien puede usarlas como trampolín de sus ambiciones,  como capa que cubre sus limitaciones, o como altavoz de su ego personal.
A veces te extrañará que ponga palos en las ruedas quien no se atrevió a conducir el carro, pero tampoco a bajarse de él. A veces arderás por dentro viendo cómo se puede intentar pervertir algo que nació para el bien. A veces no comprenderás como podemos alegremente proclamarnos seguidores de Jesús, para acto seguido demostrar con nuestras acciones, que lo seguíamos tan de lejos que le hemos perdido de vista.
A veces pensarás eso. Ojalá en ese momento tengas la gran suerte de encontrar de frente al dolorido Cristo universitario, y sientas un escalofrío que te recorre la espalda. O que, pese a estar rodeado de miles de almas que la esperan, notes como la Esperanza te mira directamente a ti. O que la Caridad te estremezca con su rostro que conjuga el dolor con un amor infinito. O que la madre de las Angustias te muestre a su hijo como el más bello ejemplo. O la Reina de los Mártires te reconforte amorosa en el silencio de la fría madrugada. O entre una nube de incienso veas cómo se recorta contra el muro de la Catedral la figura inconfundible de la Virgen de los Dolores.
Entonces comprenderás sin duda que no es mentira. Que nuestras mezquindades no pueden emborronar la profundidad de nuestra celebración. Que la belleza no es un obstáculo para la fe, sino un camino. Incluso, que el culpable puedes ser tú, que ya no ves las cosas como cuando a hombros de tu padre formulabas la pregunta más inocente y a la vez más profunda. ¿Por qué llora la Virgen, mamá?

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