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La capilla de San Álvaro

Ombligos y bordados

 

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Igual que se dice que la salvación sólo es posible dentro de la Iglesia Católica y nunca fuera de ella, abundan los cofrades que piensan que la excelencia de la belleza sólo se da con lo que llaman pomposamente Sevilla, si es que nacieron en la ciudad gobernada por el Gran Poder de Dios, o el modelo andaluz, si es que nacieron lejos y cantan las glorias hispalenses todavía con pasión más ciega y vergonzante que los anteriores.Ciertamente se encontrará allí cánones hermosos y perfectos, y aún exquisiteces nada repetidas al alcance de los que sepan mirar mejor y quitarse los tópicos de enmedio, pero yerra mucho quien piense que más allá del Aljarafe o de unas cuantas sucursales repartidas por Andalucía y España, nada tiene demasiado interés y todo debería quemarse en una pira ignominiosa para adaptarse al estándar.

El Salón Cofrade de este año traía este año un verdadero tesoro para los enamorados de la Semana Santa que no miran los distintivos provinciales de la matrícula. Era Lorca, la ciudad asolada por el terremoto de mayo y dueña de una de las celebraciones pasionales más bellas de España. Acercarse a su expositor era llegar a un mundo fascinante que para un andaluz mezcla lo que le es familiar con aquello que le deja la boca abierta. Allí están los mantos bordados que llevan los jinetes que representan a personajes bíblicos, donde el soberbio trabajo de las sedas hace de trampantojo sublime al que hay que acercarse para comprobar que no está pintado.

Tampoco había que dejar de mirar los estandartes, creados por lápices magistrales de equilibrio irreprochable y llevados al oro sobre terciopelo o al aire, sin cortapisas de ajustarse a tener forma de pez o de eme, y con toda la libertad de quien sólo tiene que dar rienda suelta a su ingenio y su técnica y plasmar en el terciopelo la imagen del titular. Acercándose un poco uno se podrá enterar de que hay modelos y escuelas, de las huellas de genios o de las particularidades de cada uno, pero a simple vista gusta acercarse a las túnicas y a las ropas para las imágenes de la Virgen que no necesitan tener presente a Juan Manuel Rodríguez Ojeda para deslumbrar.

¿Que si me acercaré alguna Semana Santa a Lorca? No hablo de eso, aunque me vinieran ganas de conocer sus museos y sus pasos más de cerca. Me hace feliz saber que Sevilla no es el ombligo del mundo y que fuera de Andalucía hay gente que lo sabe.

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