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La capilla de San Álvaro

Noticias (opus 15)

 

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Melodía primera. Por mucho que digan que a la gente de negro nos gusta recrearnos en los compases más oscuros de la marcha y acordarnos de la fugacidad de la vida debajo de la túnica, hace tiempo que intento ver casi todas las noticias de cofradías como buenas, como la confirmación de una esperanza antes que el anuncio de un desastre. Al fin y al cabo, la Semana Santa ya estaba llena de mantillas, presidencias de paisano, público ignorante y amas de casa presuras entre las filas cuando yo llegué, así que me agarraré como un clavo ardiendo a todos los datos que me digan que estamos mejor y los miraré como el anuncio de un futuro que se parezca a lo que sueño.
Fuerte de bajos. Ahora la buena noticia es que las cuadrillas de costaleros de Córdoba están casi todas dobladas, y desde luego que puede mirarse con la reticencia de quien ve los pasos llenarse de deportistas de lo sacro, atletas de creencia indeterminada que empiezan y terminan en la cofradía debajo de una trabajadera. Pero en estos tiempos en que las iglesias se vacían y en que a Cristo lo crucifican los ídolos del consumo y la fatuidad, yo creo que estos tíos que están dispuestos a pasar frío y a echarse kilos encima son un capital, una muchedumbre expectante a la que habrá que dar un sermón de la montaña con la esperanza y la luz de la fe y no despedir vacíos como si fueran los operarios que vienen a cambiar el frigorífico.
Trío y coda. A mí, eso sí, me gustaría más encontrarme un tramo con  doscientos cirios a la cintura y manos desnudas, curtidas ya por años de vida y experiencia en ceñirse el esparto y llevar a hijos y nietos por igual camino y con la misma túnica. Ahora que el mundo es sórdido y ajeno, nunca me cansaré de contarle a quienes duden lo que encontrarán dejando el ruido de los días y entrando en la piel espiritual del nazareno, en la soledad sonora de dejarlo todo y estar con Dios, en el inventario íntimo de todo lo que une con los titulares a los que se acompaña, y hasta en la bellísima estampa de la que uno forma parte. Sí, será difícil, pero igual que los costaleros se ensalzaron, habrá que decirle a la gente que no se pone la túnica lo muchísimo que se está perdiendo.

LUIS MIRANDA

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