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La capilla de San Álvaro

Más de 6.000 días

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¿Cuántos tópicos se han disuelto desde una noche de invierno en que un periodista muy joven, que ni siquiera ha cubierto una Semana Santa en primera línea, entrega una doble página, visada y corregida, para que se imprima? ¿Adivina el que firma cuánto falta para que tenga que volver sobre lo escrito y admirarse de todas las torres que han caído, menos con el estrépito de los ladrillos que con el ruido sordo de los prejuicios vacíos? Habían pasado menos de quince días desde que salió el primer número de ABC Córdoba, y la Semana Santa que se avecinaba, la del año 2000, iba a ser mala para muchas cofradías, con lluvia del Domingo al Martes, y poco agradable para casi todas las hermandades con lo que estaba pasando en la calle del Lodo. Estrenaba la ciudad carrera oficial que se adivinaba tan desechable como una máquina de afeitar barata, y era aquella de los giros por García Lovera, Alfonso XIII y Diego de León, y entre tanta tensión malamente enterrada, había quien seguía hablando de la estación de penitencia en la Catedral, en las cofradías y en la prensa.

En aquellos años quien hablara de que era posible la carrera oficial junto a la antigua Mezquita se tenía que enfrentar a muros de prejuicios y razones que se pretendían irrebatibles: las puertas que no dejaban acceder a muchos pasos, la ratonera de la calle Deanes, lo difícil de hacerlo compatible con Claudio Marcelo y Las Tendillas, el camino casi industrial por la Ribera y lo imposible de hacer una carrera oficial con hermandades que tenían que entrar y salir por la misma puerta. Once hermandades, dice el texto, iban a hacer estación en aquel año, aunque finalmente Ánimas se cayó del cartel. En 2015 ya eran dos tercios.

Al cabo de más de 6.000 días, también con el cierre encima, el periodista volvió a pulsar la tecla de grabar y mandó otra doble página, visada y corregida, para que se imprimiera. Se contaba el adiós a Las Tendillas y la aprobación de una carrera oficial con corazón en la Catedral y llegada por la Puerta del Puente y Torrijos. Desde aquel invierno de 2000 hasta el otoño de 2016 había tenido que escribir mucho sobre la iglesia madre de Córdoba: la inocencia esclarecida, pero cierta, de un pregonero de la Juventud que en 2002 dijo que era posible y andados los años pondría de su parte para conseguirlo, el Prendimiento, el Calvario y las Angustias pasando de la anochecida a las primeras horas de la tarde porque no querían dejar de ir, la Puerta del Puente que se renovó como pensada para hacer posible el milagro, la tarde en que la Virgen de los Dolores quitó las vendas tercas de los ojos, las primeras veces que se escribió «segunda puerta», el ensayo de Humildad y Paciencia en la calle Deanes y el del Cristo de Gracia por la Puerta del Perdón, la confianza desatada del Vía Crucis Magno y la respuesta digna con la que se decidió que todas las hermandades pasasen por la Catedral costase lo que costase, entre otros muchos días.

Incluso en la ciudad en la que discutir es un deporte y dejar que un asunto se pudra una actitud ante la vida quizá hayan sido más de 6.000 días demasiados entre una fecha y otra. A lo mejor se pudo abreviar de alguna forma, pero más tiempo estuvo el muro de Berlín alzado y hoy las razones parecen tan lejanas como los prejuicios, los «no se puede» y los bufidos de pereza de los que decían que eran ilusos quienes ahora lo han conseguido.

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