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La capilla de San Álvaro

Los negocios de la Catedral verían con buenos ojos el cambio de carrera oficial

J. P.

Los principales afectados, después de las hermandades, por un hipotético itinerario oficial en Semana Santa en la Catedral y sus inmediaciones, es decir, hosteleros y comerciantes de aquel lugar, ven con buenos ojos la idea de la Agrupación de Cofradías, a la que no sólo no se opondrían, sino que, en su mayoría, aceptarían con agrado por la repercusión en las ventas que algunos de ellos opinan que conllevaría siempre que exista vigilancia, organización y limpieza.

Los que mayores beneficios obtendrían serían los bares, cafeterías y restaurantes de las calles que rodean al templo y otras cercanas que servirían a las hermandades como vía para dirigirse a carrera oficial o de vuelta a sus iglesias. Lo saben por experiencia, pues el paso por la puerta de sus locales de las hermandades que ahora hacen estación de penitencia en la Catedral supone un incremento de ventas, que disminuyen una vez que los pasos se alejan.

En este sentido, Federico Sierra, jefe de personal del hotel-restaurante Los Patios, comenta que con la carera oficial en el Centro son pocas las personas que entran en el restaurante por lo que una carrera oficial que concluya en su calle, Cardenal Herrero, sólo podría beneficiarles o, como mucho, dejarlos como están. Respecto al hotel, indica que no suele haber habitaciones libres en esas fechas aunque la carrera oficial podría servir como nuevo reclamo.

El centro de atención

La Heladería Mezquita, en la plaza de Santa Catalina —por la que entrarían al Patio de los Naranjos las hermandades— vende un tercio más de lo habitual los días que por allí pasan procesiones, y es el Viernes Santo, con cinco hermandades en la Catedral, el que más caja hace de todo el año. Su propietario, José Ignacio Cortés, dice que la idea cuenta con su apoyo. También la respaldan en el restaurante Las Piconeras, pese a que sus dueños no han vivido ninguna Semana Santa allí, aunque creen que habría mucha gente pues será el centro de atención de la ciudad. En el sector del comercio coinciden en que, actualmente, el trasiego de hermandades por calles tan estrechas como Corregidor Luis de la Cerda, Deanes o el extremo sur de Magistral González Francés les aboca a cerrar y retirar de la puerta los souvenir para impedir problemas. Pese a ello, el sentimiento generalizado entre los comerciantes es de agrado. Margarita Moyano, que regenta una tienda frente a la Puerta del Perdón opina que «puede atraer a gente», aunque hace hincapié en la necesidad de dejar un pasillo para clientes.

Lo mismo pide Inmaculada Alcalá, reticente a que la carrera oficial pase por su negocio, en Corregidor Luis de la Cerda. Cree que una carrera oficial por allí le obligaría a cerrar si no se deja ese pasillo y se evita que los espectadores estén de pie en la puerta. Es lo que se hace ahora en Claudio Marcelo, si bien esa calle presenta una amplitud que permite también colocar sillas, cosa que no ocurre en el muro sur de la Catedral.

Tampoco le beneficiaría a Antón Fernández, propietario de Alfar Ibérico, en Magistral González Francés, pero se «aguantaría» y no se opondría para que el resto de negocios puedan aprovecharse. Antes, claro, será necesario tomar una decisión sobre la celosía que permitiría abrir la segunda puerta, aspecto que preocupa a este comerciante, que pregunta si no sería más acertado idear cómo moverla que quitarla.

Por su parte, la presidenta de la asociación de comerciantes hizo hincapié en que la hora a la que pasarán las hermandades por aquella zona como carrera oficial no será a la misma que ahora, sino después, por lo que la molestia será inferior. 

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