ABC

blogs

Blogs en abcdesevilla.es

La capilla de San Álvaro

La Puerta de la Virgen

Hoy hace seis años todo se escapaba de entre las manos, pero a la vez algo más fuerte y duradero empezaba. Por los caprichos de la luna era Viernes Santo, y ya quisieran los cofrades, todos, un tiempo tan dulce y tranquilo como el de estos días de espera y cultos, de túnicas que salen de la funda y de papeletas de sitio.

Se terminaba la Semana Santa de 2008, con la única falta del Miércoles Santo y un chaparrón inoportuno que obligó a volverse a la hermandad de la Sagrada Cena. El 21 de marzo era también viernes, aunque Santo, uno de los más decisivos que se recuerdan, aquel en el que la hermandad de los Dolores desafió a sus números históricos y acudió a la Catedral.

Fue mucho más que un día con cinco hermandades en las naves del grandioso templo, más que el día en que la Estrella enseñó a todo el mundo que una marcha fúnebre podía ser sobrecogedora y profunda en sus trombones y en la inspiración de sus autores de cabecera. Fue el día en que se empezó a pensar que era posible que todas las cofradías fuesen a la Catedral, y eso no lo podía hacer más que la Virgen de los Dolores, con toda la majestad de los siglos que han escuchado todas las súplicas posibles. El ejemplo, el faro, la guía que nunca señalará a un lugar equivocado.

La duda es humana y no todo el mundo tenía claro que la cofradía de los Dolores llegase a la Catedral la primera y no dejase retraso a las demás. Pidió la hermandad un voto de confianza y cumplió con creces, y regaló la estampa de su palidez eterna en las primeras horas de la tarde. Se acabaron los años de lentitud.
Se pensaba que el día iba a caminar en el alambre de unos minutos, los que no había que perder para que todas las que tenían que venir detrás (Sepulcro, Soledad, Expiración y Descendimiento) se entorpeciesen y no pudiesen entrar en la Catedral porque las anteriores todavía no hubieran salido. Pero el alambre era una avenida tranquila, un camino sin peligro, y se vio desde las primeras horas de la tarde que para mí siempre sonará a «Desconsuelo» y al estreno en la calle de «Los Dolores» de José de la Vega.

Los minutos seguían diciendo lo de siempre, pero cuando la Virgen de los Dolores salió por la puerta de Santa Catalina, dulce y maternal como nunca ha dejado de ser, la cruz de manguilla del Sepulcro, brillo de espejos entre los capirotes de ruán, se acercaba a la Puerta del Perdón por la calle Judería. Hubo sonrisas de alivio, pero lo que entonces pasó fue algo más que un día ajustado de horarios. Aquel día empezó a caer la celosía, y los que rezan a la Virgen saben que Ella terminará por pasar debajo de una puerta que se debería llamar como Ella.

Más blogs en ABC