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La capilla de San Álvaro

La plaza del Cardenal Salazar

Hay una extraña tendencia a fijar a las cofradías en estampas eternas, como si estuviera escrito en el capítulo 1 del Génesis que sus imágenes, sus pasos y sus recorridos tenían que ser los que ahora son. Mirar a la historia sirve para asomarse a los años perdidos, recorrer aquellos tiempos que a veces son gozosas excepciones y otras muchas tradiciones de antaño que confluyeron en el poso de los años de ahora. Quien se dedica a contar la Semana Santa bien sabe de aquellos años en que, lejos de hábitos eternos, las cofradías escribieron una historia que primero fue noticia.

Rocio

Recoleta y barroca en el corazón de la Judería, la plaza del Cardenal Salazar tiene una historia esquiva con la Semana Santa. El Cristo de la Salud ha pasado por allí muchas veces, pero sus monumentales edificios no vieron un paso hasta 2003, al menos según se recuerda. Era efímero. El Perdón había salido entre 2000 y 2002 de la Catedral y en 2003 esperaba hacerlo de la iglesia del Buen Pastor, a punto de reabrirse con su nombre antiguo de San Roque. Pero hubo un retraso y la hermandad tuvo que buscar sitio aquella misma Cuaresma en San Pedro de Alcántara. La pequeña puerta no iba a ser obstáculo para la salida del Señor del Perdón y de la Virgen del Rocío y Lágrimas.

Una multitud llenaba la plaza para ver salir a la cofradía de aquel lugar tan hermoso como difícil, y no defraudó a nadie ver el misterio avanzar con majestad al son de «La Saeta», con el marco soberbio del antiguo hospital, y mirar cómo los varales del palio sorteaban los balcones de la calle Romero. En la iglesia quedaba la Virgen de la Presentación, que entonces parecía condenada a la soledad de su camarín para siempre, pero que cuatro años después traspasaría la misma puerta, aunque esa es otra historia y también sería efímera.

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