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La capilla de San Álvaro

La lluvia en el desierto

Los programas de actos de los aniversarios de imágenes y cofradías se suelen leer como las sentencias judiciales: por el final. En estas lo primero es conocer el fallo, que es lo último de todo. Cuando se tiene claro si hay que celebrar o lamentarse, se miran los fundamentos y los hechos probados que han llevado a la consecuencia de condenar o de absolver. En las cofradías se mira también a lo último, que suele ser la procesión extraordinaria, se comprueba si cuadran las fechas y se mira la banda a ver si gusta. Después habrá que caminar hacia atrás para reparar en los cultos extraordinarios y apuntarse sólo el besamanos o besapiés, y quizá la exposición conmemorativa. Pocos de los que empiezan leyendo por el final, buscando algún concierto extraordinario o la edición de un DVD que pedirán para grabárselo en el disco duro, se detendrán en las conferencias.

El Cristo de Gracia saldrá el próximo año en procesión extraordinaria, más que justificada si se están celebrado los cuatro siglos de la llegada a Córdoba de su Crucificado con más devoción, pero antes su hermandad está ofreciendo a los cofrades, o a esa pequeña parte de los cofrades que se interesan por algo más que por igualás y cornetas, una serie de intervenciones que amplían el campo del conocimiento. Lo hizo por ejemplo Fuensanta García de la Torre al recordar todas las etapas del viaje de la imagen desde Puebla de los Ángeles, y también la mesa redonda en la que Enrique León y María José Escribano realizaron una aportación extraordinaria: el estudio de las imágenes que acompañan al Cristo a sus pies y su atribución al escultor valenciano Venancio Marco a finales del siglo XIX, todo con el apoyo de la documentación de David Pinto, Rafael León y Francisco Román. No pocos, de Gracia y de otras hermandades, agradecerán saber un poco más de la Virgen de los Dolores y Misericordia, San Juan y Santa María Magdalena, que formaban, decía Rafael Cantueso, el gran paso de misterio de la vieja Semana Santa de Córdoba.

La historia de las cofradías muchas veces se cuenta a base de clichés, de frases que cruzan los años repetidas sin que ni unos ni otros tengan mucho interés en comprobarlo. Los cofrades aprenden de jovencitos fechas y autorías como si fuesen las sagradas escrituras. De vez en cuando, espíritus inquietos, gente que ha pasado por la Universidad y sabe que las cosas no son verdad sólo por escribirse en los libros, se empeñan en remover, pensar por sí mismos y buscar documentos para que lo que era anónimo deje de serlo.

Su historia, y la de muchas de estas conferencias, debería pasar a la nobleza del libro, para que allí quede constancia y se pueda consultar y leer. Otra hermandad que celebró sus 75 años con intervenciones de gran nivel fue la Caridad, que de allí sacó incluso la atribución de sus dos excepcionales imágenes en estudios más que serios y creíbles que sin embargo nadie recuerda. Es una paradoja que en estas cofradías de redes sociales en que todo se actualiza tan rápido nadie (salvo ABC) haya tenido tiempo de recoger cómo estas y varias imágenes más (algunas hace más de diez años) han dejado de ser anónimas gracias al estudio. Los que se cuestionan por la historia y el arte que laten en las cofradías se felicitarán de leer y escuchar a quienes les cuenten cosas nuevas, pero pensar que este trabajo exquisito de tantos investigadores vaya a calar como la lluvia hacer fértil la tierra es engañarse: el mundo de las hermandades de hoy es demasiadas veces un desierto en el que se predica a gritos mientras casi todos escuchan con cascos marchas con solos y se recrean en levantás líricas.

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