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La capilla de San Álvaro

La cruz del camino

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Para David Pinto Sáez

El bendito oficio del costalero, y por extensión el del capataz que tiene que ser los ojos atentos de la cuadrilla, tiene muchos atractivos, pero pocos como su inconfundible sabor artesanal, que rara vez se podrá recoger en libros o tratados y que se transmite casi siempre de forma oral y no pocas veces con el ejemplo silencioso de quien sabe lo que hace. No habrá que perderse en palabras allí donde las obras son bien elocuentes.No todos lo que tocan un martillo y dan una orden son maestros, pero en ese oficio en que el esfuerzo humano se eleva como una oración espiritual o por lo menos la facilita a los demás muchos alcanzaron el don intangible e indefinible del magisterio, de la capacidad para distinguir lo chapucero de lo bien hecho, y de conducir a los demás con ternura hacia el recto camino para las cosas. Maestro es quien alcanzó la gran dignidad de su oficio y quien enseña, y también en cierto modo el pionero que abrió un camino por el que después pasaron los demás y reconocieron el mérito de lo que hizo.

 

Hoy en la senda del martillo y el costal, allí donde el tiempo cuenta historias de faeneros que ganaban el sustento, en sentido casi más físico que figurado, poniendo su fuerza para mover a las imágenes; justo al comienzo del camino, hoy se ha levantado una cruz, la de alguien que dejó su huella desde los sudores inclementes de la posguerra hasta los años del gran florecimiento.

Es la cruz de quien descansa y es también el lugar señalado donde contar historias de noches del Señor de la Sentencia con túnica blanca, de Miércoles Santo bajo palio malva, de severidad de ruán con el Cristo de la Buena Muerte, de la dulce mirada del Señor del Calvario, del brazo bajando de la cruz en el Campo de la Verdad, de las manos que imploran subiendo la calle de la Feria, allí donde se sembró una escuela de capataces que hoy sigue floreciendo frutos de belleza. No es cruz de dolor. A Rafael Sáez lo recordaremos como tantas tardes de Corpus. De espaldas, mirando, como ahora, a Cristo.

 

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