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La capilla de San Álvaro

Ítaca

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Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca

debes rogar que el viaje sea largo

(Konstantinos Kavafis)

San Rafael, Realejo, Alfonso XIII, Tendillas, Jesús y María, Judería, Catedral, Cardenal González, Lineros, Carlos Rubio, San Andrés y vuelta a San Rafael en menos de cinco horas. El recorrido y los horarios de la Hermandad Universitaria para su primera salida de la iglesia del Juramento podrían pasar por un desafío o un farol inalcanzable en una ciudad donde el conformismo y el “no se puede” forman parte casi de las reglas y de los estandartes, pero ninguno que conozca a la austera corporación de vísperas tiene la menor duda de que se cumplirá con precisión académica. En menos de cinco horas, la Hermandad Universitaria hará un camino que a otras les llevaría seguramente siete o más, y que se explica con factores propios, desde luego, pero que no lo pone inalcanzable para los demás. La cofradía acude con dos pasos livianos, sí, pero quienes van debajo y quien se encarga de guiarlos sabe que no tiene ninguna tarea fácil a pesar del poco peso. Su singularidad hace que sea necesario actuar con más cuidado y pulso que cuando los kilos tiran de la gravedad hacia abajo. Tampoco sus calles son sencillas, ni el adoquinado de algunas zonas ni la estrechez de Carlos Rubio, donde los brazos de la cruz del Señor casi rozan las paredes, son el escenario ideal para ganar metros. Ser costalero de la Universitaria no es fácil, dice su capataz, por eso merecen más de un aplauso quienes además de llevar esos dos pasos con elegancia son capaces de cumplir con el ritmo que impone la cofradía sin poner las excusas de aquellos a los que gusta imponer plazas y giros.

No hay que temer un exceso de optimismo, porque la cofradía ya demostró el año pasado que sabe andar con rapidez sin perder elegancia y adelantó su llegada al Juramento ante la amenaza de lluvia. Sin música, desde luego, pero ésta no tiene por qué frenar en absoluto el paso ni condicionarlo, sino acompañarlo con la ofrenda musical para los titulares, que no es otra cosa.

Las menos de cinco horas que la Hermandad Universitaria quiere emplear para su estación de penitencia en la Catedral no son sólo un ejemplo del lugar al que hay que ir, que también, sino sobre todo el ejemplo de una nueva forma de estar en la calle, donde lo importante es el dinamismo y no el estatismo, donde el nazareno se alivia porque anda y el costalero tampoco tiene por qué enfriarse debajo del paso ni cansarse más de la cuenta. “Andar es bonito”, me decía no hace mucho un hermano mayor y nunca he tenido que quitarle la razón. El largo camino de la cofradía es más una ventaja que un obstáculo, porque tiene muchos metros que andar y poco tiempo que perder por las calles con unas imágenes a las que basta contemplar un solo segundo para guardar en el corazón muchos días. Otro ejemplo que en Córdoba no hay casa nada que esté de verdad lejos.

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